BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
Xviiª ENTREGA
F1.El cielo español se encapota.
La dimisión de
Adolfo Suárez dejó al descubierto la fragilidad de la democracia ante unos
españoles que creíamos que los panfletos del “Colectivo Almendros” en el
periódico “El Alcázar” eran baladronadas de viejos militares, que el tonitronar de la cúpula episcopal y el
nuncio contra el divorcio no llegaría a mayores, y que lo único que hacía
peligrar la democracia eran el derrumbe de la economía española, los variados terrorismos que nos
asolaban: dos “etas” a falta de una, el Grapo, la extrema derecha, y el BVE; y las injerencias del “amigo americano”.
Todas esas
circunstancias juntas estaban incubando la tormenta perfecta.
F1.1 El
ofrecimiento de Felipe González.
El jueves 29 dimite Suárez, y el mismo viernes
el Rey inicia consultas con los líderes de los partidos políticos representados
en el Congreso. En su turno, Felipe González se ofrece al Rey para intentar
formar un Gobierno en torno al PSOE. Le informa también de que votará en contra
del candidato propuesto por UCD, Leopoldo Calvo Sotelo.
F1.2 El
Rey pone al zorro a guardar las gallinas.
El 3 de febrero
Alfonso Armada es nombrado segundo jefe del Estado Mayor del Ejército.
Juan Carlos I
había pedido con insistencia a Suárez que sacara a Armada de su exilio en
Huesca, donde mandaba la División Maestrazgo que era de segunda división, y lo
trajera a Madrid.
La petición del
Rey, que posiblemente respondía a las
súplicas de quien había sido jefe de su Casa Militar, no fue atendida por
Suárez, quien apoyado por Gutiérrez Mellado dio largas al asunto, dejando el
traslado para el momento de una futura reorganización de la cúpula militar.
Al día siguiente
de la dimisión de Suarez, Armada consiguió lo que quería.
F1.3 La
muerte de Ryan.
El mismo día de la dimisión de Suárez, ETA militar
secuestra al ingeniero-jefe de la Central Nuclear de Lemóniz, José María Ryan.
Así lo
contó la prensa: “La rama militar de ETA ha emplazado al Gobierno español y a la empresa
Iberduero a demoler las instalaciones de la central nuclear de Lemóniz, como
condición a la puesta en libertad del ingeniero-jefe de dichas dependencias,
José María Ryan, secuestrado por esta organización terrorista en la tarde del
jueves. El plazo dado por ETA se inició a las 17.40 horas de ayer, y vence a
los siete días. «Si una vez concluido dicho plazo», indica ETAm en un
comunicado enviado a distintos medios informativos vascos, «se ha hecho caso
omiso a nuestras exigencias, ETA se considera libre de todo compromiso y
actuará en consecuencia». (1)
El 6 de febrero de 1981 fue
encontrado el cadáver de Ryan. ETAm había cumplido su amenaza.
El
Socialista del día 17 de febrero publica un artículo de título: “Con la muerte
del ingeniero Ryan, ETA asesina al pueblo vasco”.
Su muerte trasladó a los mercados
financieros extranjeros, a los prestamistas, la impresión de que el Estado
español era incapaz de proteger sus inversiones. Tal sensación encareció los
créditos futuros y las primas de los seguros
Nota del autor:
Si todos los asesinatos son execrables, lo son más cuando se cometen contra
“civiles”. En esa supuesta guerra que ETAm decía mantener contra el estado
español, los “paisanos”, los trabajadores, debieran quedar al margen. Y José
María Ryan, reunía ambas condiciones, la de “civil” y la de “trabajador”.
Los
“valientes” gudaris una vez más demostraron su cobardía -recuérdese el infame
pacto de Santoña, que he comentado en la correspondiente entrega del blog-.
Y, en mi
opinión, la otra parte, la política, pronto quiso olvidarse del asesinato.
Periódicamente, sobre todo los de un bando, conmemoran a sus mártires, pero no
hay conmemoraciones de la muerte de Ryan.
En lo
referente a la CN Lemóniz, es cierto que su construcción se encontró con un
fuerte rechazo de la población cercana; el incipiente ecologismo de los
españoles, unido a las advertencias de las organizaciones ecologistas, provocó
una marea de rechazo.
Ciertamente
era un disparate situar una central nuclear a quince kilómetros, a vuelo de
pájaro, de Bilbao. La burguesía de Negúri, propietaria de Iberduero y de las
empresas que trabajaban en Lemóniz, amantes como buenos bilbaínos de “lo más
grande”, aprobó un programa de construcción de centrales nucleares en el País
Vasco que resultaba tan disparatado por su enormidad, que el Gobierno de
Francia protestó oficialmente por lo que llamó “nuclearización del Golfo de
Vizcaya”.
F1.4 La
muerte de Arregui.
El 13 de febrero
muere el supuesto etarra José María Arregui después de ser torturado durante
nueve días en la Dirección General de Seguridad.
Era ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa.
El 17 de febrero El País publica un artículo de Juan
María Bandrés, del que copio el comienzo:
“¿Ingenua buena fe o cínica
hipocresía? Esa es la duda que nos plantearíamos, si la experiencia no nos
preservase de la candidez a la que naturalmente tendemos, ante tanta expresión
de sorpresa, tanto gesto de estupor en torno a la tortura y posterior muerte de
José Arregui, militante, seguramente, de ETA Militar. Como si el hecho de la
tortura fuese nuevo; como si no hubiese sido nunca denunciado; como si, al
margen de la credibilidad de los denunciantes, no se hubiese puesto de
manifiesto que objetivamente el sistema legal que contempla el terrorismo
propicia lo que Carlos Santamaría define acertadamente como un «vacío de
jurisdicidad», la cómoda pervivencia de esa despreciable Institución -digo
Institución, con mayúscula- de la tortura”.
El Socialista del día 24 de
febrero publica un duro artículo de Félix Santos de título: “Hay que reformar
la Policía.
F1.5 La
investidura de Calvo Sotelo.
El 17 de febrero,
acorde con el protocolo existente para la investidura de un presidente del Gobierno
de España, Leopoldo Calvo Sotelo, pronunció en el Congreso un discurso en el
que desgranó el programa político que ofrecía a los españoles.
El viernes 20 se celebró la votación sobre si se aceptaba
o no dicho programa y, en consecuencia, si se investía a Calvo Sotelo como
presidente; le faltaron 7 votos por
lo que no fue investido.
Al no conseguir la
mayoría absoluta, cosa que podían
haberle dado lo votos de Fraga, siguiendo de nuevo el protocolo, se fijó una
nueva sesión para el lunes día 23, en la que le hubiera bastado conseguir la
mayoría minoritaria; el golpe de estado de Tejero ese día 23-F, impidió
completar la votación .
Nota del
autor: Haciendo ucronía cabe preguntarse: si Fraga hubiera concedido sus
votos a Calvo Sotelo, ¿se hubiera producido el golpe de Estado del 23-F?
También, y
preguntarse esto no es una ucronía, ¿por qué no se los dio? ¿Cuáles fueron las
razones para negarle los votos si sabía
que el lunes ya sería investido sin necesidad de ellos?
F1.6 El 23-F
El Cesid venía
advirtiendo en sus informes sobre la “preparación por un grupo de coroneles y
tenientes coroneles de un golpe duro” (2)
Tales intentonas
eran menos desconocidas de lo que parece porque en una publicación, Transnational Security - un think tank antirruso que aún existe-, Brian Crozier - biógrafo de Franco, y agente de la CIA - , había
escrito en sucesivos boletines diatribas contra vicepresidente
del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, presentándolo como el hombre
que había permitido la infiltración de militares progresistas de la UMD y del
Grupo Forja - animado por el jesuita José María Llanos - en puestos clave de la defensa, denunciando
el carácter comunista de las mismas.
En el boletín de febrero de 1981, Brian Crozier describió
el análisis de la situación que sus confidentes habían hecho: Reconocían que el
Rey sería extremadamente reacio a entregar el poder a los militares, porque
ello equivaldría a admitir ‘el fallo de su intrépido experimento en
democracia’. Para vencer la resistencia real se pretendía una alternativa
inicial de carácter civil: despedir a Suárez, sustituirlo por otro centrista, e
incluso ampliar a los socialistas la base de apoyo al Gobierno. Y si ‘ninguna
de estas fórmulas resultara práctica, el Rey podría tomar la iniciativa para
crear un ‘Gobierno de gestores’ que probablemente necesitaría ser dirigido por
alguna personalidad militar. Si las alternativas anteriores fueran probadas y
encontradas impracticables, ‘se declararía indispensable la turca’ (alusión al
golpe de Estado consumado por las Fuerzas Armadas de Turquía el 13 de setiembre
de 1980).
Nota del autor: Desde
luego, pensar que las razones de Juan Carlos I para no entregar el poder a los
militares, eran que no quería admitir ‘el fallo de su intrépido
experimento en democracia’, es creer en pajaritos preñados. Deseosos de darse
la razón a sí mismos, lo que suele ser
muy frecuente en los espías y en los analistas políticos, obviaron el
perfil del Rey y de su entorno influyente. No pensaron desde el otro lado del
mostrador y, como se vio el día 23, se equivocaron.
Lo que si queda claro es que si hubieran triunfado
los conspiradores, el 24-F se hubiera instaurado la 3ª República, esta vez al
mando de un militar, porque, como se demostrará más abajo el Rey no se hubiera
doblegado.
Parece ser que la posibilidad de que Calvo Sotelo saliera
elegido presidente del Gobierno de España no gustaba a los poderes fácticos
económicos - cosa un tanto chocante porque éste dirigió el Grupo Industrial del
Banco Urquijo - , ni tampoco al resto de poderes fácticos porque querían un
militar al frente del Gobierno, y pusieron en marcha la organización final del
golpe de Estado, para lo que los conjurados solo dispusieron de 2 días.
El 23-F, a las
18:22, en plena votación, cuando votaba Manuel Núñez Encabo del PSOE, su NO fue
tapado por unas voces destempladas; los diputados se miraban unos a otros
preguntándose con la mirada que qué ocurría, y empezaron a incorporarse en sus
escaños. En eso irrumpieron en el hemiciclo varios guardiaciviles armados con
armas automáticas, al frente de los cuales pistola en mano y megáfono en ristre
iba un teniente coronel de la Guardia Civil: Tejero. Éste se subió a la tribuna
de oradores, y por el megáfono emitió la frase que quedó para la posteridad: Se sienten ¡coño!

Eran dos valientes
En la foto se ven
dos valientes. Uno, un hombre viejo, se dirige hacia la tribuna de oradores en la que aparece
Tejero, su tricornio, y el megáfono. Es Gutiérrez Mellado, que como militar,
como superior del guardiacivil va a pedirle que se entregue. El otro,
presidente del Gobierno que ha dimitido, va a defender a su amigo, al que
zarandea la guardiacivilesca.
Ante el barullo
armado los guardiaciviles ametrallan el techo del hemiciclo, y Tejero grita:
¡todo el mundo al suelo! Carrillo, y Suarez, que se había vuelto a sentar, se
quedan en sentados en sus escaños, y Gutiérrez Mellado de pie.
Luego, sentados ya
en sus escaños los diputados, Tejero les dice que deben esperar “la llegada de la
autoridad, ¡militar por supuesto!”.
Nota del
autor: Esta frase dio lugar a que la prensa durante los días venideros
intentara conocer quién era esa “autoridad militar, ¡por supuesto!”, a la que
empezaron a llamar “el elefante blanco”.
Tejero ordena a los guardiaciviles que saquen a Suárez, a
Carrillo, a González, y a Guerra del hemiciclo, y los pongan en salas separadas
entre sí. No se llevaron a Fraga, que empezó a removerse en su asiento,
intentando hacerse notar.
Lo escrito en la
entrega XVI sobre la reunión de Reventós
con Armada, y el que Fraga no fuese amante de la democracia, puede
explicar la orden de Tejero.
La preparación del golpe es descrita así: “Demasiado poco
tiempo para mover al conjunto de las Fuerzas Armadas , que, gracias a los
nombramientos realizados por Rodríguez Sahagún y Gutiérrez Mellado, tenía
bastantes puestos claves controlados por generales leales a la legalidad.
Milans del Bosch
se decidió entonces a consumar el golpe bajo la forma de una ‘presión militar’
que fuera suficiente para interrumpir el proceso democrático.
Su primera medida
fue cortar toda relación con paisanos.
Redujo al máximo todos los plazos, sin duda para evitar que una indiscreción
pudiera frustrarla. (…) La sublevación de la División Acorazada Brunete,
acuartelada en Madrid fue encomendada a un hombre que solo tenía el rango de
comandante, Ricardo Pardo Zancada, aunque, como jefe de la sección de
operaciones del Estado Mayor de la unidad, tenía ciertamente más capacidad
movilizadora que otros oficiales. (…) Antonio Tejero recibió a su vez la orden
de asaltar el Congreso. (3).
La importancia de
la Brunete tanto para hacer triunfar el golpe como para hacerlo fracasar, quedó
de manifiesto de inmediato. Sus acuartelamientos rodeaban Madrid; disponía en
uso de casi 100 carros de combate americanos, los AMX-30, acuartelados en El
Goloso, amén de carros ligeros en Retamares, y sobre todo en Vicálvaro, a tres
kilómetros del Cementerio de la Almudena, de 70 piezas de artillería.
Tan pronto Tejero
asaltó el Congreso empezaron a moverse las unidades involucradas en la
conspiración, salvo la artillería motorizada.
Nota del
autor: La circunstancia de su retraso es digna de “las guerras de Gila”, no
es que los cañones se los hubieran mandado sin agujero, es que la munición para
ellos no estaba en Vicálvaro; como es lógico la munición se almacenaba en
polvorines alejados de la población, y sus jefes no pidieron, lo primero de
todo, que se la municionase.
Armada había llamado inmediatamente al Rey para ofrecerse
a ir a La Zarzuela y ponerse a sus órdenes. Pero Sabino Fernández Campos, que
tenía conocimiento de que Armada era uno de los conspiradores, aconsejó al
monarca que no lo recibiera.
Por eso cuando le
informan a Quintana Lacaci de que Armada está alardeando de que va a La
Zarzuela para entrevistarse con el Rey, llama a Sabino Fernández y le pregunta
si está allí Armada, y Fernández Campos dice otra de las frases inolvidables
del 23-F: “ Ni está, ni se le espera”.
F1.6.1
Mi 23-F
En
la tarde de ese lunes estaba en mi despacho; hablaba por la línea telefónica de
uso exclusivo mío, con una persona que he olvidado quien era. De pronto mi
secretaria entró demudada haciéndome gestos imperiosos de que colgara. Terminé
la conversación y colgué. Un poco molesto por su intrusión le pregunto que qué
era eso tan urgente que requería que hablase conmigo y me dice: han llamado del
Consejo - se refería al Consejo General del Poder Judicial -, diciendo que han asaltado el
Congreso. Le pregunto: ¿la ETA? Me responde: No, los militares. Y siguió: quien
ha llamado le aconseja que se vaya a su casa.
No
recuerdo que hora sería, pero por las ventanas del despacho que daban al Paseo
de las Delicias, se veía un cielo crepuscular.
Llamé
a mi socio a la fábrica, que estaba y está al suroeste de Madrid. Le comenté lo
que estaba pasando. Me dijo que inmediatamente mandaba a su casa al personal, y
que él regresaría con precaución a Madrid.
Informé
al personal de la oficina de lo que pasaba, lo cual ya sabían por su compañera,
y les indique que se marcharan, y que tampoco volvieran al día siguiente.
Fui
a buscar mi coche, pensando en cómo podría ir hasta el Barrio de Salamanca, sin pasar por
Neptuno. Decidí ir hasta Doctor Esquerdo, y allí girar por la Avenida de la
Ciudad de Barcelona hasta Alfonso XII. Enfilé esta calle, no circulaba ningún
coche. Al llegar al cruce con Antonio Maura la curiosidad me pudo, aparque el
coche, y aprovechando el desnivel de la calle atisbé la plaza de Neptuno y la
del Congreso: mucha gente, y bastantes coches con las luces encendidas; no se
veían tanques.
Volví
al coche, y conduje Velázquez arriba hasta refugiarme en mi casa.
Sería
las once cuando me llamaron por teléfono, mi interlocutor me dice que El País
había publicado un número especial. Al principio me pareció el clásico
macutazo; pero él insistió y me dijo que le había llamado un periodista de ese
diario, que ambos conocíamos, para comunicárselo. Le di las gracias, y puesto
que a esas horas de la noche todos los quioscos estarían cerrado, estuve
sopesando si acercarme a la calle Miguel Yuste para hacerme con un ejemplar -
lo cual podía ser arriesgado por la situación -. Entonces caí en la cuenta de que
los VIPS vendían prensa, de que permanecían abiertos hasta la madrugada, y de
que los Arango eran íntimos amigos de Juan Carlos I, por lo que abrirían sus
establecimientos a todo lo que al monarca favoreciese.
Y
al VIPS de Velázquez esquina a López de Hoyos me dirigí furtivamente, abrigado
con una trinchera de corte militar. La noche era heladora, y no se veía un
alma. Si en aquellos años en las noches de enero y febrero no circulaban
viandantes en el barrio de Salamanca, menos había el 23-F, día en el que la
mayoría de sus vecinos se habían encerrado en sus casas a rezar rosarios para
que el golpe de Estado tuviera éxito.
No
había apenas clientes; pague un ejemplar, que aún conservo, en cuya portada
estaba escrito a cuatro columnas: “Golpe de Estado. El País con la
Constitución”.
Regresé
a casa a paso apresurado, tan furtivamente como de ella salí. Y leí a mi
familia lo que en el periódico venía.
Teníamos la televisión encendida y nos mostraba
escenas de una Valencia desierta; solo había los tanques que había sacado
Miláns del Bosch a la calle, en apoyo del Bando en el que proclamaba el Estado de Guerra.
Ni
la Aviación, ni la Armada, estaban del lado de los golpistas. Los aviones
estacionados en Manises estaban dispuestos para atacar a los golpistas; y la
armada había comunicado al Rey que si fuera necesario cañonearía Valencia.
A la una y catorce minutos, en la
madrugada del día 24, apareció en pantalla la imagen del Rey en uniforme de
Capitán General del Ejército, que en un breve discurso dirigido a los españoles
dio por fracasado el golpe de Estado.
Entonces
nos acostamos.
Nota del
autor: He observado hasta aquí escrupulosamente el orden cronológico de los
eventos, sin embargo algo que conocí en 1983, e íntimamente ligado al 23-F me
aconseja incluirlo en esta entrega.
En mayo de 1983, recibí la llamada telefónica de
una persona desconocida que me ofreció que le hiciera el proyecto y el
suministro de una instalación eléctrica de mucha importancia. Cuando le
pregunte que para que se la iba a utilizar me contestó que no quería decirlo
por teléfono, y me pidió que le pasara a visitar y me facilitaría todos los
datos. Me dio su nombre, una dirección del Paseo del Prado, y una hora.
La dirección correspondía al edificio de los
antiguos sindicatos verticales - el actual ministerio de Sanidad - .
En la
reunión que mantuvimos me explicó porque me llamó: conocía que había diseñado y
suministrado el centro de transformación, y otros equipos eléctricos, para el
edificio del PSOE de Ferraz 70. Como consecuencia de ello cuando el presidente
de las Cortes, Gregorio Peces Barba, le pidió que iniciara los estudios para
asegurar un suministro eléctrico seguro al edificio del Congreso, pensó en mi
empresa para que le diera solución.
Entramos ya en la parte técnica, y le hice un
esbozo de la resolución del problema, que pasaba porque el Congreso estuviera
alimentado eléctricamente desde la dos compañías eléctricas accesibles en el
centro de Madrid, Unión Fenosa e Hidroeléctrica Española - el 23 F solo estaba
alimentado por una de ellas- .
Le pareció
bien, y me indicó que tendría que ponerme en contacto con el equipo de
mantenimiento eléctrico del Congreso. Para ello, en ese mismo momento les
telefoneó y concerté con ellos una cita. Allí mismo me expidió una acreditación
para que entrara y saliera en el Congreso cuantas veces necesitara.
Cuando me entrevisté con el equipo de
mantenimiento, personas jóvenes y competentes, me comentaron el terror que
tuvieron la tarde y parte de la noche del 23-F. De repente se encontraron
encañonados por los subfusiles de los guardias civiles, que les dijeron que tenían
orden de Tejero de que “si se iba la luz” disparasen a matar, y que lo mismo
harían los guardias del hemiciclo.
Ellos eran conscientes de las carencias del
centro de transformación: era casi de la época de Isabel 2ª; estaba alimentado
desde una sola compañía, y el cable desde el Congreso a la subestación tenía
muchos años; la subestación que les alimentaba estaba a su vez conectada en
cascada a dos subestaciones de mayor tensión, por lo que la probabilidad de un
“0 de tensión” era posible, y había ocurrido con demasiada frecuencia. De ahí
su terror a que les asesinaran “si se iba la luz”.
Si así hubiera sido y los guardias del hemiciclo
hubieran disparado a oscuras sobre los diputados, y hubieran alcanzado a
Landelino Lavilla, entonces Presidente del Congreso, y por tanto la segunda
autoridad después del Rey, se hubiera producido un magnicidio, que no se sabe a
dónde hubiera conducido a España.
Treinta años
después del 23-F el Congreso hizo públicas la actas - hasta entonces secretas
- que a los tres días de salir investido
Calvo Sotelo, y por mandato de Landelino Lavilla, levantaron y firmaron, cuatro
diputados: José Bono del PSOE, Soledad Becerril de UCD, Víctor Manuel Carrascal
Felgueroso secretario 1º del Congreso, y Leopoldo Torres Boursault del PSOE y
vicepresidente 1º del Congreso. En ellas se lee lo siguiente: Modesto Fraile y
José Bono, había advertido a Tejero del riesgo de que se fuera la luz; la
respuesta de éste fue dar la siguiente orden: “Si hubiera un apagón de luz en la puerta donde estén
ustedes, al recibir un roce en el cuerpo, abran fuego".
F1.7 El Rey
Cuando en 1975
Juan Carlos I fue proclamado rey de España, el 68,9 % de la actual población
española o no había nacido aún, o tenía menos de 10 años. Por ello desconocen
los poderes que el monarca había heredado de Franco; si a la cuestión etaria se
une que hay colectivos interesados en que se sigan desconociendo, es difícil
que ese 68,9 % entienda nunca lo que ocurrió el 23-F o, lo que es peor, que
acepte las intoxicaciones que esos interesados difunden.
Para aseverar lo
anterior basta con poner 23-F en el buscador de Google, y de los diez links que
aparecen en la primera página, tres - el 30 % - son pura intoxicación. Los
comento a continuación:
- Eco Republicano: Incluye una farragosa denuncia del coronel Martínez Inglés al fiscal, en la que sin prueba alguna, hace el juicio de valor de que Juan Carlos I intentó un golpe de Estado “blando” con la ayuda de Armada y Milans del Bosch, para evitar un golpe a la turca. Pero hay dos preguntas cruciales que destruyen ese juicio de valor: ¿Quién iba a dar el golpe a la turca, la Sexta Flota? ¿Para qué quería el monarca volver a tener el poder absoluto que heredó el 20 de noviembre de 1975, si lo cedió desde el momento que aceptó que se llevara a las Cortes - aún eran las Cortes franquistas – la Ley de Reforma Política. Y, ¿quién subvenciona a Eco Republicano?, porque si sabe quién los subvenciona se conocerá porque publican la historieta de Martínez Inglés. Eso más o menos es lo que dice Armada, en una entrevista que concedió en 1995, dice: “El golpe lo desencadena gente que financia a Tejero” (4). Esa gente no se encontró ni ha sido juzgada por el 23-F; permanecen impunes.Es más explícito Armada en la citada entrevista cuando dice: “Toda la defensa la basaron en que el Rey era el inductor y yo me quedé con todo. El Rey no era el inductor. Eso quiero que quede claro” (5).
No
entiendo que Martínez Inglés, que escribe en su denuncia que se ha pasado años
investigando, no haya tenido en cuenta el importante testimonio de Armada,
hecho 22 años antes que su escrito.
- El Diario: Una semana después de la denuncia de Martínez Inglés - qué casualidad -, el digital del conspiranoíco PJ Ramírez hace una serie de insinuaciones sin decir nada. Por ejemplo, ¿qué demuestra esto? : “Juan Carlos I esperó a las 2:30 de la madrugada para enviar un télex a uno de los principales artífices del golpe exigiéndole que Tejero depusiera su actitud.La comunicación figura en la información sobre el golpe que custodia el Congreso y que todavía está registrada como ‘documentación reservada’.El entonces ministro de Defensa, Albert Oliart, explicó en una sesión parlamentaria a puerta cerrada las conclusiones sobre el golpe, cuyas transcripciones permanecen secretas” (6)
Ese
artículo es nada entre dos platos; pero ese deshecho de tienta periodístico que
es el conspiranoico es un maestro en
urdir una teoría conspiratoria capaz de encandilar a esas gentes que prefieren
una explicación fantasiosa de las cosas antes que la verdad.
Y así, con
la complicidad de personas como la Vicepresidenta para todo - es bueno conocer
la verdad, decía -, o como Esperanza Aguirre, que según ha escrito el
exdirector de ABC, José Antonio
Zarzalejos, le presionó para que apoyará en el periódico la falsedad de que la
autoría de los atentados del 11-M era del PSOE, esas mentiras llevaron a la
desestabilización del Gobierno Zapatero, y a los españoles al enfrentamiento
físico.
- Infolibre. Sin venir a cuento, porque no coincidía con ningún aniversario, en plena canícula, el 23 de agosto de 2013, Jaime Olmo publica un artículo de título: “El inexplicado retraso en emitir el mensaje del Rey”.En él, su autor, como los autores de los artículos anteriores vuelve a recurrir a palabras que siembran sospechas: “amplias zonas de sombra”; “aspectos falsamente explicados”, etcétera.
No sé si
se trató de una serpiente de verano, o de que el autor no sabía de qué
escribir. Por su edad conoce perfectamente lo que era la España de 1981; en una
persona joven, acostumbrada a pensar que siempre han existido Internet, los
teléfonos móviles, y la mensajería de whatsapp, lo entendería, pero en él no.
Solo quiero recordarle que en ese año una conferencia desde Madrid a
Navalcarnero tenía demoras de más de tres horas, y que los teléfonos eran de
marcador de disco.
Pero no todos son
amigos de intoxicar. A ese 68,9 % de españoles que no habían nacido el 23-F les
aconsejo leer dos artículos de El
Confidencial publicados el 20 y 21 de febrero de 2011, y cuyos títulos
respectivos son, respectivamente: “El 23-F y la postura del Rey”, y “Los huevos
revueltos de doña Sofía”. En ellos explican suficiente a Infolibre lo que
preguntaba dos años después.
Volviendo al Rey,
lo que resulta más chocante es que los militares, algunos de los cuales fueron
sus compañeros en la Academia General de Zaragoza, desconocieran su carácter. No
se trataba de “un intrépido experimento en democracia”, sino de traer la
Democracia.
El Rey además de
sus ideas tenía presente lo que le pasó a su cuñado Constantino, cuya alianza
con los militares le costó el trono. ¿Cómo pudieron errar tanto en sus
suposiciones los conspiradores? Quizás porque no se pusieron al otro lado del
mostrador; no analizaron los sucesivos acontecimientos desde el inicio de su
reinado: defenestración de Arias Navarro; elección de Suárez, y no del
franquista Silva Muñoz, ni del tecnócrata López Bravo; legalización de PC, etcétera.
F1.8 La Reina.
Cuando más arriba escribí lo del “entorno influyente” me
refería a doña Sofía. La circunstancia de Juan Carlos I - en el sentido
orteguiano del “yo, soy yo, y mi circunstancia”- era la Reina.
Muy ligada a su
hermano Constantino, lo que la hacía poco entusiasta de los militares, a los
que culpaba de que su hermano hubiera
perdido el trono, era la madre que defendía los derechos dinásticos de su hijo
Felipe; todavía estaba en total sintonía con su esposo al que llamaba Juanito,
y era
su consejera de almohada. Eso tampoco lo tuvieron en cuenta los
conspiradores.
F1.9 El amigo americano.
Nota del
autor: Para comprender la postura de los EE. UU. cuando
el golpe de Estado del 23-F, es necesario tener en cuenta la paranoia
anticomunista que aquejaba en 1978 a los estadounidenses
consecuencia de lo que les había ocurrido en los tres años anteriores:
- La desbandada de las tropas estadounidenses de Saigón el 30 de abril de 1975, dando lugar a la derrota total de las Fuerzas Armadas estadounidenses ese país, y culminando el fracaso de la simplista teoría de “las fichas de un dominó” de los hermanos Dulles, que sirvió de cortada para que los EE UU tomaran el relevo de Francia, cuyas tropas habían sido derrotadas por el general Giap en la guerra colonialista de Vietnam.
- La caída, el 17 de julio de 1979, del sátrapa Somoza, del que un Secretario de Estado estadounidense llegó a decir: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. El triunfo del “sandinismo” frente a Somoza, llevó un régimen izquierdista a Nicaragua, un país muy cercano al Canal de Panamá (solo le separa la pequeña Costa Rica), y por tanto muy sensible a los intereses de USA.
- La intervención de la URSS en la República Democrática de Afganistán, en diciembre de 1979, en apoyo del gobierno del Partido Popular Democrático de Afganistán, que estaba siendo atacado por los talibán, los fanáticos educados en las “madrasas” pakistaníes - de ahí el nombre talibán que significa estudiantes-, armados, pagados, y enviados a Afganistán por USA dentro del marco de la “Operación Ciclón”. La presencia de la URSS en la zona ató las manos del gobierno estadounidense para invadir Irán.
- El fracaso del intento de rescatar a los americanos de la sitiada embajada de USA en Irán. El 24 de abril de 1980 se inició la operación “Garra de Águila”, que incluía el empleo de 6 aviones Hércules C-130 y 8 helicópteros pesados Sikorsky modelo RH-53 D. El lugar de aterrizaje previsto era el desierto iraní de Tabas. Los helicópteros fueron llegando separados y con retraso, pero de los 8 solo llegaron al punto de encuentro 6, ya que dos de ellos tuvieron que ser abandonados por averías. Los 6 restantes sufrieron una tormenta de arena que los averiaron. Las tropas estadounidenses tuvieron que abandonarlos, y ni siquiera pudieron destruirlos porque no contaban con gasolina para ello, ya que los depósitos de goma lanzados por los aviones resultaron inútiles.
- La presencia de la URSS en la zona, como se escribe más arriba, ató las manos del gobierno estadounidense para invadir Irán, obligándole a realizar a la desesperada la “Operación Águila”.
Sobre
el triunfo del sandinismo contaré algunas de mis vivencias relacionadas con
personas sandinistas. En esos años mantenía tenía una relación frecuente con
dos hermanas nicaragüenses que estudiaban Ciencias Políticas en la Universidad
de Madrid. Aunque abominaban de la tiranía de Tachito Somoza, no hablaban para
nada de una posible revolución.
De pronto, ocurrió un terremoto que asoló
Managua, y a esa catástrofe natural se unió otra política: el mundo entero
envió auxilios a los nicaragüenses, pero los Somozas y sus guardias de corps se
apoderaron de todo, sin que nada de esa ayuda llegara al pueblo.
Estalló la revolución que tomo el nombre
de Sandino - el héroe de la
independencia frente a USA, y al cual asesinó, por orden de los estadounidenses,
Anastasio Somoza García- , y mis amigas se fueron a su país para incorporarse a
ella.
Cuatro o cinco años después vino a España una de ellas, Jeanette.
Según me contó hacia escala en Madrid camino de Bulgaria, a donde iba para
comprar tractores búlgaros.
Nicaragua
había pasado a la órbita soviética.
Para comprender lo
que representaba en los años 70 el istmo de Panamá para el “imperio”, basta con
recordar que la prensa estadounidense que defendía a la Secretaría de Estado le
denominaba “el patio trasero de Estados Unidos”. La zona del Canal era
estadounidense - aún no había sido devuelta a Panamá- , y en ella funcionaba la
“Escuela de las Américas”, a la que llegaban becados los milicos de los países
que luego participaron en el genocidio de la “Operación Condor”, a ensayar
técnicas de tortura y desapariciones.
Todos estos desastres eran conocidos de los ciudadanos
americanos porque tienen una prensa libre. La gente estaba desmoralizada al ver
que no eran tan poderosos ni militar ni técnicamente como creían, y el complejo
industrial-militar y los políticos cayeron en una paranoia. Hasta el extremo
que el Pentágono acusó a la prensa de ser la causante de la derrota
estadounidense.
Era ese tipo de paranoia que tan bien encarna el
personaje del sheriff de la película
“Primera página” de Wilder.
Si a los anteriores desastres unimos que la situación
económica de USA era en 1977 semejante a la de la Gran Depresión, con un
déficit brutal consecuencia de los gastos de la Guerra de Vietnam, y con la stagflation producida por la subida del
petróleo, no es de extrañar su extremada vigilancia sobre los asuntos
españoles, pues nuestro país era, y es, geopolíticamente hablando, un eslabón
importante del “imperio” por sus bases militares en nuestro territorio, lo que
en el caso de una hipotética guerra le permitirían mantenerla alejada de su
país.
Más asuntos
inquietaban a la Secretaría de Estado norteamericana, y uno de ellos, quizás al
que daban más importancia, era la fortaleza de los partidos comunistas en el
Sur de Europa: en Portugal, después de la revolución de los claveles, el
Partido Comunista era muy fuerte; en España, al haber sido legalizado el
Partido Comunista - cosa que los americanos no perdonaron nunca a Suárez- ,
parecía tener un músculo que luego desmintieron las primeras elecciones
legislativas; en Francia el Partido Comunista era fuerte y dominaba los
sindicatos; y en Italia el PCI era poderosísimo, aunque no podía gobernar por
el veto de la Democracia . Y en eso, el 3 de febrero de 1981, “Il Pópolo”,
órgano de la Democracia Cristiana, da cuenta de lo tratado en el comité del
partido del 31 de enero en el que se levantaba el veto. Lo que dio lugar a la
colaboración entre ambos partidos conocida como el “compromiso histórico”, una
forma de actuar que suponía que la DC, el PCI, y el PSI actuarían de acuerdo para conseguir leyes que
fortalecieran la democracia.
La posibilidad de un Mediterráneo comunista, cerrado por
Yugoeslavia que se definía como país no alineado, producía erisipela en el
Capitolio y en el Pentágono.
Una vez explicadas
las razones de sus injerencias en nuestra Transición, es el momento de escribir
sobre ellas.
Ya escribí, en otras entregas que Europa estaba en
régimen de libertad vigilada; a unos países, los que se dieron en llamar occidentales - en una calificación
de puro marketing político, para que los ciudadanos nos imagináramos a los
rusos como hordas de Gengis Kan- nos
vigilaba USA; y a los orientales les vigilaba la URSS.
Una muestra de esa vigilancia es lo que sigue:
“Dos meses antes del golpe de Estado del 23-F, el propio embajador de los
Estados Unidos en Madrid, Terence Todman, sugirió a las más altas instancias
españolas la neutralización del CESID, imputándole actividades contrarias a los
intereses de su país. A esta iniciativa se opusieron tanto Gutiérrez Mellado,
como el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún”. (7)
Nota del
autor: Más transparente no pudo ser Todman; la
traducción al lenguaje coloquial de su lenguaje diplomático es esta: “los
intereses de mi país son que en España gobierne un militar; y el CESID nos
impide conspirar para ello”.
Referente al embajador Todman he acudido a
la noticia de su nombramiento: “La Casa Blanca nombró ayer a Terence Todman, un
diplomático profesional de raza negra y 52 años de edad, nuevo embajador de
Estados Unidos en España”. (8).
Para
quien firma la noticia en El País lo importante es que es negro.
Nunca
había estado al frente de una embajada
de “primera”, pues había ejercido en países pequeños como Guinea y Costa Rica,
y su desconocimiento de España hizo que tuviera ínfulas colonialistas.
Ya
he contado más arriba su peregrina idea de que cerráramos nuestros servicios de
inteligencia, para que los espías de la embajada de la calle Serrano campasen a sus anchas por España.
Alberto
Oliart dijo esto: “Y, sobre todo, teníamos que deshacer la desconfianza de
Washington, cuyo embajador, mister Todman, me dio más de un dolor de cabeza, al
crear el equívoco de que apoyaba a los golpistas; tuve que llamarle la atención
de forma enérgica un par de veces”.(9).
Era
tan torpe Todman, que cuando en el
gobierno que presidía Calvo-Sotelo Oliart fue nombrado ministro de Defensa se
saltaba lo que marca el protocolo, que es que los embajadores traten con el
Jefe del Estado y/o con el presidente del Gobierno, y acudía con frecuencia a
importunar a Oliart con sus exigencias.
Este
recuerdo de Oliart es de 1995, casi 15 años después del 23-F, y la memoria ha
debido de traicionarle, porque el 23-F él era ministro de Sanidad, y no creo
que Todman hablara entonces con él. Posiblemente los enfrentamientos con Todman
los habrá oído en algún Consejo de Ministros de labios de Suárez, que sí los
tuvo y fuertes. También es probable que dado el tiempo transcurrido, haya
querido echar agua al vino al hablar de equívoco, pues quedó claro el 23-F que
USA apoyaba a los golpistas; la frase del
Secretario de Estado, Alexander Haig, al
dar la noticia del golpe de Estado en España es histórica: “Es un problema interno de los españoles” . Luego fue un problema
para él que no hubiera triunfado el golpe, porque al año siguiente fue cesado.
F 1.10 Las FAS, la sociedad y el 23-F.
En 1995, por tanto
veinte años después del inicio de la Transición, Edward Malefakis publicó el
artículo del título. En él nos hace notar: “el 23 de febrero habían pasado
cinco años y tres meses desde el
comienzo de la transición a la democracia en España, exactamente el mismo lapso
de tiempo que había separado la rebelión militar del 18 de julio de 1936 de la
proclamación de la 2ª República, el 14 de abril de 1931”. (10)
Es una observación
que ni escuche, ni leí, a ningún comentarista político. Tampoco yo, tan
dispuesto a relacionar noticias para convertirlas en información, me di cuenta
de esa coincidencia.
Nos recuerda,
Malefakis, la constante intervención del ejército durante el periodo
republicano, que ya conté en anteriores entregas - golpe del 10 de agosto;
intervención en la derrota, y represión posterior, de la huelga insurreccional
de octubre del 34, sublevación militar del 18 de julio- , y la compara con el
papel del ejército entre 1975 y 1981, asignándole “un papel político
secundario. No adoptó una posición clara en cuestiones de importancia tan
trascendental como la Ley de Reforma Política; fue excepcional que algunos de
sus jefes dimitiera de su puesto en el gobierno protestando por una decisión
política”. (11)
No tiene presente Malefakis que ese ejército era a la
muerte de Franco muy poderoso políticamente, y no se alteraba demasiado salvo
para someter a juicios militares a periodistas, intelectuales, y objetores de
conciencia.
Se sabía heredero
de Franco. A este respecto es muy
esclarecedor lo siguiente:
“Siempre estuvo
claro que cuando muriera Franco buena parte de su poder revertiría a los
militares porque de ellos lo había recibido un 12 de septiembre de 1936 en el
aeródromo de San Fernando, cerca de Salamanca.
Franco dio algunas
respuestas contundentes a las demandas de continuidad imploradas por sus
fieles. Así, el 27 de mayo de 1962, ante los excombatientes capaces de
concentrarse a la intemperie en el cerro de Garabitas de la madrileña Casa de
Campo. Allí aclaro sus garantías al prometer: “todo quedará atado y bien atado
bajo la guardia fiel de nuestro Ejército”. (12)
Continua Melefakis
argumentando en favor del esquema de artículo que había pergeñado: “Pero el
único plan conocido para actuar con carácter nacional, la llamada Operación
Galaxia de noviembre de 1978, fue descubierto con tanta facilidad, y parecía
tan ridículo que la mayoría de los analistas no se lo tomó en serio”. (13)
Al considerar que
la citada conspiración fue descubierta con facilidad, no sé si dio cuenta que
en el mismo artículo había hablado del golpe del 10 de agosto, que sí fue
ridículo y que era tan conocido que la guardia de asalto estaba esperando en
la calle Conde de Xiquena el paso de los conjurados para ametrallarlos.
Más adelante
escribe Malefakis: “Cuando finalmente se intentó un golpe de Estado, se vino
abajo casi inmediatamente, a pesar de haber empezado con la acción de mayor
éxito en la larga historia española de insurrecciones militares”. (14)
A pesar de que
cuando publicó este artículo habían pasado ya veinte años del 23-F, Malefakis no
da ninguna razón de por qué el golpe se vino abajo, porque lo que único cierto
es que no se vino abajo espontáneamente.
Continúa
Malefakis: “Con la purga de unos 5.000 oficiales demócratas y la incorporación
de más de 10.000 alféreces provisionales durante la guerra civil y después de
acabada la misma, además de los casi 40 años de adoctrinamiento ideológico a
que fue sometido el cuerpo de oficiales era más homogéneamente antidemócratas,
en 1975 que en 1931.(15)
Y remata su
escrito: “También fue importante la brillantez con que el Rey, Adolfo Suárez, y
otros líderes políticos llevaron a cabo la transición democrática. A diferencia
de la República, no hubo repentinos ‘grandes saltos adelante’, no se sobrecargó
la agenda política en un intento de resolver de una sola vez todos los
problemas heredados del desgraciado pasado de España. Se siguió un proceso
gradual ‘Desde la ley a la ley pasando por la ley’. (16)
Continuará en la próxima entrega.
Alfredo
Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1)
EL PAÍS. ETA condiciona la libertad de un
secuestrado a la demolición de Lemóniz.
(2)
Joaquín
Prieto. Golpe de Estado.
(3)
Joaquín
Prieto. Golpe de Estado.
(4)
José Luis
Barbería. Entrevista con Alfonso Armada.
(5)
José Luis
Barbería. Entrevista con Alfonso Armada.
(6)
Gonzalo
Cortizo. El Diario. 22/02/2017.
(7)
Joaquín
Prieto. Golpe de Estado.
(8)
Juan González
Yuste. La casa Blanca nombrá a Terence Todman embajador en Madrid.
(9)
Nativel
Preciado. Entrevista a Alberto Oliart.
(10)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(11)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y
(12)
Miguel Ángel
Aguilar. Ruido de sables.
(13)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(14)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(15)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(16)
Edward
Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.