martes, 4 de julio de 2017

BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
Xviiª ENTREGA

F1.El cielo español se encapota.

La dimisión de Adolfo Suárez dejó al descubierto la fragilidad de la democracia ante unos españoles que creíamos que los panfletos del “Colectivo Almendros” en el periódico “El Alcázar” eran baladronadas de viejos militares, que el tonitronar de la cúpula episcopal y el nuncio contra el divorcio no llegaría a mayores, y que lo único que hacía peligrar la democracia eran el derrumbe de la economía española, los variados terrorismos que nos asolaban: dos “etas” a falta de una, el Grapo, la extrema derecha, y el  BVE; y las injerencias del “amigo americano”.
Todas esas circunstancias juntas estaban incubando la tormenta perfecta.

F1.1 El ofrecimiento de Felipe González.

El  jueves 29 dimite Suárez, y el mismo viernes el Rey inicia consultas con los líderes de los partidos políticos representados en el Congreso. En su turno, Felipe González se ofrece al Rey para intentar formar un Gobierno en torno al PSOE. Le informa también de que votará en contra del candidato propuesto por UCD, Leopoldo Calvo Sotelo.  

F1.2 El Rey pone al zorro a guardar las gallinas.

El 3 de febrero Alfonso Armada es nombrado segundo jefe del Estado Mayor del Ejército.
Juan Carlos I había pedido con insistencia a Suárez que sacara a Armada de su exilio en Huesca, donde mandaba la División Maestrazgo que era de segunda división, y lo trajera a Madrid.
La petición del Rey, que posiblemente respondía a las súplicas de quien había sido jefe de su Casa Militar, no fue atendida por Suárez, quien apoyado por Gutiérrez Mellado dio largas al asunto, dejando el traslado para el momento de una futura reorganización de la cúpula militar.
Al día siguiente de la dimisión de Suarez, Armada consiguió lo que quería.

F1.3 La muerte de Ryan.

El mismo día de la dimisión de Suárez, ETA militar secuestra al ingeniero-jefe de la Central Nuclear de Lemóniz, José María Ryan.

Así lo contó la prensa: “La rama militar de ETA ha emplazado al Gobierno español y a la empresa Iberduero a demoler las instalaciones de la central nuclear de Lemóniz, como condición a la puesta en libertad del ingeniero-jefe de dichas dependencias, José María Ryan, secuestrado por esta organización terrorista en la tarde del jueves. El plazo dado por ETA se inició a las 17.40 horas de ayer, y vence a los siete días. «Si una vez concluido dicho plazo», indica ETAm en un comunicado enviado a distintos medios informativos vascos, «se ha hecho caso omiso a nuestras exigencias, ETA se considera libre de todo compromiso y actuará en consecuencia». (1)

El 6 de febrero de 1981 fue encontrado el cadáver de Ryan. ETAm había cumplido su amenaza.

El Socialista del día 17 de febrero publica un artículo de título: “Con la muerte del ingeniero Ryan, ETA asesina al pueblo vasco”.

Su muerte trasladó a los mercados financieros extranjeros, a los prestamistas, la impresión de que el Estado español era incapaz de proteger sus inversiones. Tal sensación encareció los créditos futuros y las primas de los seguros

Nota del autor: Si todos los asesinatos son execrables, lo son más cuando se cometen contra “civiles”. En esa supuesta guerra que ETAm decía mantener contra el estado español, los “paisanos”, los trabajadores, debieran quedar al margen. Y José María Ryan, reunía ambas condiciones, la de “civil” y la de “trabajador”.
Los “valientes” gudaris una vez más demostraron su cobardía -recuérdese el infame pacto de Santoña, que he comentado en la correspondiente entrega del blog-.

Y, en mi opinión, la otra parte, la política, pronto quiso olvidarse del asesinato. Periódicamente, sobre todo los de un bando, conmemoran a sus mártires, pero no hay conmemoraciones de la muerte de Ryan.

En lo referente a la CN Lemóniz, es cierto que su construcción se encontró con un fuerte rechazo de la población cercana; el incipiente ecologismo de los españoles, unido a las advertencias de las organizaciones ecologistas, provocó una marea de rechazo.

Ciertamente era un disparate situar una central nuclear a quince kilómetros, a vuelo de pájaro, de Bilbao. La burguesía de Negúri, propietaria de Iberduero y de las empresas que trabajaban en Lemóniz, amantes como buenos bilbaínos de “lo más grande”, aprobó un programa de construcción de centrales nucleares en el País Vasco que resultaba tan disparatado por su enormidad, que el Gobierno de Francia protestó oficialmente por lo que llamó “nuclearización del Golfo de Vizcaya”.

F1.4 La muerte de Arregui.

El 13 de febrero muere el supuesto etarra José María Arregui después de ser torturado durante nueve días en la Dirección General de Seguridad.
Era ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa.

El 17 de febrero El País publica un artículo de Juan María Bandrés, del que copio el comienzo:
“¿Ingenua buena fe o cínica hipocresía? Esa es la duda que nos plantearíamos, si la experiencia no nos preservase de la candidez a la que naturalmente tendemos, ante tanta expresión de sorpresa, tanto gesto de estupor en torno a la tortura y posterior muerte de José Arregui, militante, seguramente, de ETA Militar. Como si el hecho de la tortura fuese nuevo; como si no hubiese sido nunca denunciado; como si, al margen de la credibilidad de los denunciantes, no se hubiese puesto de manifiesto que objetivamente el sistema legal que contempla el terrorismo propicia lo que Carlos Santamaría define acertadamente como un «vacío de jurisdicidad», la cómoda pervivencia de esa despreciable Institución -digo Institución, con mayúscula- de la tortura”.

El Socialista del día 24 de febrero publica un duro artículo de Félix Santos de título: “Hay que reformar la Policía.

 F1.5 La investidura de Calvo Sotelo.

El 17 de febrero, acorde con el protocolo existente para la investidura de un presidente del Gobierno de España, Leopoldo Calvo Sotelo, pronunció en el Congreso un discurso en el que desgranó el programa político que ofrecía a los españoles.

El viernes 20 se celebró la votación sobre si se aceptaba o no dicho programa y, en consecuencia, si se investía a Calvo Sotelo como presidente; le faltaron 7 votos por lo que no fue investido.
Al no conseguir la mayoría  absoluta, cosa que podían haberle dado lo votos de Fraga, siguiendo de nuevo el protocolo, se fijó una nueva sesión para el lunes día 23, en la que le hubiera bastado conseguir la mayoría minoritaria; el golpe de estado de Tejero ese día 23-F, impidió completar la votación .

Nota del autor: Haciendo ucronía cabe preguntarse: si Fraga hubiera concedido sus votos a Calvo Sotelo, ¿se hubiera producido el golpe de Estado del 23-F?
También, y preguntarse esto no es una ucronía, ¿por qué no se los dio? ¿Cuáles fueron las razones para negarle los votos si sabía  que el lunes ya sería investido sin necesidad de ellos?

F1.6  El 23-F

El Cesid venía advirtiendo en sus informes sobre la “preparación por un grupo de coroneles y tenientes coroneles de un golpe duro” (2)
Tales intentonas eran menos desconocidas de lo que parece porque en una publicación, Transnational Security - un think tank antirruso que aún existe-, Brian Crozier - biógrafo de Franco, y agente de la CIA - , había escrito en sucesivos boletines diatribas contra    vicepresidente del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, presentándolo como el hombre que había permitido la infiltración de militares progresistas de la UMD y del Grupo Forja - animado por el jesuita José María Llanos -  en puestos clave de la defensa, denunciando el carácter comunista de las mismas.

En el boletín de febrero de 1981, Brian Crozier describió el análisis de la situación que sus confidentes habían hecho: Reconocían que el Rey sería extremadamente reacio a entregar el poder a los militares, porque ello equivaldría a admitir ‘el fallo de su intrépido experimento en democracia’. Para vencer la resistencia real se pretendía una alternativa inicial de carácter civil: despedir a Suárez, sustituirlo por otro centrista, e incluso ampliar a los socialistas la base de apoyo al Gobierno. Y si ‘ninguna de estas fórmulas resultara práctica, el Rey podría tomar la iniciativa para crear un ‘Gobierno de gestores’ que probablemente necesitaría ser dirigido por alguna personalidad militar. Si las alternativas anteriores fueran probadas y encontradas impracticables, ‘se declararía indispensable la turca’ (alusión al golpe de Estado consumado por las Fuerzas Armadas de Turquía el 13 de setiembre de 1980). 

Nota del autor: Desde luego, pensar que las razones de Juan Carlos I para no entregar el poder a los militares, eran que no quería admitir ‘el fallo de su intrépido experimento en democracia’, es creer en pajaritos preñados. Deseosos de darse la razón a sí mismos, lo que suele ser  muy frecuente en los espías y en los analistas políticos, obviaron el perfil del Rey y de su entorno influyente. No pensaron desde el otro lado del mostrador y, como se vio el día 23, se equivocaron.

Lo que si queda claro es que si hubieran triunfado los conspiradores, el 24-F se hubiera instaurado la 3ª República, esta vez al mando de un militar, porque, como se demostrará más abajo el Rey no se hubiera doblegado. 

Parece ser que la posibilidad de que Calvo Sotelo saliera elegido presidente del Gobierno de España no gustaba a los poderes fácticos económicos - cosa un tanto chocante porque éste dirigió el Grupo Industrial del Banco Urquijo - , ni tampoco al resto de poderes fácticos porque querían un militar al frente del Gobierno, y pusieron en marcha la organización final del golpe de Estado, para lo que los conjurados solo dispusieron de 2 días.

El 23-F, a las 18:22, en plena votación, cuando votaba Manuel Núñez Encabo del PSOE, su NO fue tapado por unas voces destempladas; los diputados se miraban unos a otros preguntándose con la mirada que qué ocurría, y empezaron a incorporarse en sus escaños. En eso irrumpieron en el hemiciclo varios guardiaciviles armados con armas automáticas, al frente de los cuales pistola en mano y megáfono en ristre iba un teniente coronel de la Guardia Civil: Tejero. Éste se subió a la tribuna de oradores, y por el megáfono emitió la frase que quedó para la posteridad: Se sienten ¡coño!

Eran dos valientes

En la foto se ven dos valientes. Uno, un hombre viejo, se dirige hacia  la tribuna de oradores en la que aparece Tejero, su tricornio, y el megáfono. Es Gutiérrez Mellado, que como militar, como superior del guardiacivil va a pedirle que se entregue. El otro, presidente del Gobierno que ha dimitido, va a defender a su amigo, al que zarandea la guardiacivilesca.

Ante el barullo armado los guardiaciviles ametrallan el techo del hemiciclo, y Tejero grita: ¡todo el mundo al suelo! Carrillo, y Suarez, que se había vuelto a sentar, se quedan en sentados en sus escaños, y Gutiérrez Mellado de pie.

Luego, sentados ya en sus escaños los diputados, Tejero les dice que deben esperar “la llegada de la autoridad, ¡militar por supuesto!”.

Nota del autor: Esta frase dio lugar a que la prensa durante los días venideros intentara conocer quién era esa “autoridad militar, ¡por supuesto!”, a la que empezaron a llamar “el elefante blanco”.

Tejero ordena a los guardiaciviles que saquen a Suárez, a Carrillo, a González, y a Guerra del hemiciclo, y los pongan en salas separadas entre sí. No se llevaron a Fraga, que empezó a removerse en su asiento, intentando hacerse notar.
Lo escrito en la entrega XVI sobre la reunión de Reventós  con Armada, y el que Fraga no fuese amante de la democracia, puede explicar la orden de Tejero.

La preparación del golpe es descrita así: “Demasiado poco tiempo para mover al conjunto de las Fuerzas Armadas , que, gracias a los nombramientos realizados por Rodríguez Sahagún y Gutiérrez Mellado, tenía bastantes puestos claves controlados por generales leales a la legalidad.
Milans del Bosch se decidió entonces a consumar el golpe bajo la forma de una ‘presión militar’ que fuera suficiente para interrumpir el proceso democrático.
Su primera medida fue cortar toda relación con paisanos. Redujo al máximo todos los plazos, sin duda para evitar que una indiscreción pudiera frustrarla. (…) La sublevación de la División Acorazada Brunete, acuartelada en Madrid fue encomendada a un hombre que solo tenía el rango de comandante, Ricardo Pardo Zancada, aunque, como jefe de la sección de operaciones del Estado Mayor de la unidad, tenía ciertamente más capacidad movilizadora que otros oficiales. (…) Antonio Tejero recibió a su vez la orden de asaltar el Congreso. (3).

La importancia de la Brunete tanto para hacer triunfar el golpe como para hacerlo fracasar, quedó de manifiesto de inmediato. Sus acuartelamientos rodeaban Madrid; disponía en uso de casi 100 carros de combate americanos, los AMX-30, acuartelados en El Goloso, amén de carros ligeros en Retamares, y sobre todo en Vicálvaro, a tres kilómetros del Cementerio de la Almudena, de 70 piezas de artillería.
Tan pronto Tejero asaltó el Congreso empezaron a moverse las unidades involucradas en la conspiración, salvo la artillería motorizada.

Nota del autor: La circunstancia de su retraso es digna de “las guerras de Gila”, no es que los cañones se los hubieran mandado sin agujero, es que la munición para ellos no estaba en Vicálvaro; como es lógico la munición se almacenaba en polvorines alejados de la población, y sus jefes no pidieron, lo primero de todo, que se la municionase.

Armada había llamado inmediatamente al Rey para ofrecerse a ir a La Zarzuela y ponerse a sus órdenes. Pero Sabino Fernández Campos, que tenía conocimiento de que Armada era uno de los conspiradores, aconsejó al monarca que no lo recibiera.
Por eso cuando le informan a Quintana Lacaci de que Armada está alardeando de que va a La Zarzuela para entrevistarse con el Rey, llama a Sabino Fernández y le pregunta si está allí Armada, y Fernández Campos dice otra de las frases inolvidables del 23-F: “ Ni está, ni se le espera”.

F1.6.1  Mi 23-F
En la tarde de ese lunes estaba en mi despacho; hablaba por la línea telefónica de uso exclusivo mío, con una persona que he olvidado quien era. De pronto mi secretaria entró demudada haciéndome gestos imperiosos de que colgara. Terminé la conversación y colgué. Un poco molesto por su intrusión le pregunto que qué era eso tan urgente que requería que hablase conmigo y me dice: han llamado del Consejo - se refería al Consejo General del Poder    Judicial -, diciendo que han asaltado el Congreso. Le pregunto: ¿la ETA? Me responde: No, los militares. Y siguió: quien ha llamado le aconseja que se vaya a su casa.
No recuerdo que hora sería, pero por las ventanas del despacho que daban al Paseo de las Delicias, se veía un cielo crepuscular.

Llamé a mi socio a la fábrica, que estaba y está al suroeste de Madrid. Le comenté lo que estaba pasando. Me dijo que inmediatamente mandaba a su casa al personal, y que él regresaría con precaución a Madrid.

Informé al personal de la oficina de lo que pasaba, lo cual ya sabían por su compañera, y les indique que se marcharan, y que tampoco volvieran al día siguiente.
Fui a buscar mi coche, pensando en cómo podría  ir hasta el Barrio de Salamanca, sin pasar por Neptuno. Decidí ir hasta Doctor Esquerdo, y allí girar por la Avenida de la Ciudad de Barcelona hasta Alfonso XII. Enfilé esta calle, no circulaba ningún coche. Al llegar al cruce con Antonio Maura la curiosidad me pudo, aparque el coche, y aprovechando el desnivel de la calle atisbé la plaza de Neptuno y la del Congreso: mucha gente, y bastantes coches con las luces encendidas; no se veían tanques.

Volví al coche, y conduje Velázquez arriba hasta refugiarme en mi casa.

Sería las once cuando me llamaron por teléfono, mi interlocutor me dice que El País había publicado un número especial. Al principio me pareció el clásico macutazo; pero él insistió y me dijo que le había llamado un periodista de ese diario, que ambos conocíamos, para comunicárselo. Le di las gracias, y puesto que a esas horas de la noche todos los quioscos estarían cerrado, estuve sopesando si acercarme a la calle Miguel Yuste para hacerme con un ejemplar - lo cual podía ser arriesgado por la situación -. Entonces caí en la cuenta de que los VIPS vendían prensa, de que permanecían abiertos hasta la madrugada, y de que los Arango eran íntimos amigos de Juan Carlos I, por lo que abrirían sus establecimientos a todo lo que al monarca favoreciese.  

Y al VIPS de Velázquez esquina a López de Hoyos me dirigí furtivamente, abrigado con una trinchera de corte militar. La noche era heladora, y no se veía un alma. Si en aquellos años en las noches de enero y febrero no circulaban viandantes en el barrio de Salamanca, menos había el 23-F, día en el que la mayoría de sus vecinos se habían encerrado en sus casas a rezar rosarios para que el golpe de Estado tuviera éxito.
No había apenas clientes; pague un ejemplar, que aún conservo, en cuya portada estaba escrito a cuatro columnas: “Golpe de Estado. El País con la Constitución”.
Regresé a casa a paso apresurado, tan furtivamente como de ella salí. Y leí a mi familia lo que en el periódico venía.

Teníamos la televisión encendida y nos mostraba escenas de una Valencia desierta; solo había los tanques que había sacado Miláns del Bosch a la calle, en apoyo del Bando en el que proclamaba  el Estado de Guerra.
Ni la Aviación, ni la Armada, estaban del lado de los golpistas. Los aviones estacionados en Manises estaban dispuestos para atacar a los golpistas; y la armada había comunicado al Rey que si fuera necesario cañonearía Valencia.

A la una y catorce minutos, en la madrugada del día 24, apareció en pantalla la imagen del Rey en uniforme de Capitán General del Ejército, que en un breve discurso dirigido a los españoles dio por fracasado el golpe de Estado.
Entonces nos acostamos.

Nota del autor: He observado hasta aquí escrupulosamente el orden cronológico de los eventos, sin embargo algo que conocí en 1983, e íntimamente ligado al 23-F me aconseja incluirlo en esta entrega. 
En mayo de 1983, recibí la llamada telefónica de una persona desconocida que me ofreció que le hiciera el proyecto y el suministro de una instalación eléctrica de mucha importancia. Cuando le pregunte que para que se la iba a utilizar me contestó que no quería decirlo por teléfono, y me pidió que le pasara a visitar y me facilitaría todos los datos. Me dio su nombre, una dirección del Paseo del Prado, y una hora.
La dirección correspondía al edificio de los antiguos sindicatos verticales - el actual ministerio de Sanidad - .
En la reunión que mantuvimos me explicó porque me llamó: conocía que había diseñado y suministrado el centro de transformación, y otros equipos eléctricos, para el edificio del PSOE de Ferraz 70. Como consecuencia de ello cuando el presidente de las Cortes, Gregorio Peces Barba, le pidió que iniciara los estudios para asegurar un suministro eléctrico seguro al edificio del Congreso, pensó en mi empresa para que le diera solución.
Entramos ya en la parte técnica, y le hice un esbozo de la resolución del problema, que pasaba porque el Congreso estuviera alimentado eléctricamente desde la dos compañías eléctricas accesibles en el centro de Madrid, Unión Fenosa e Hidroeléctrica Española - el 23 F solo estaba alimentado por una de ellas- .
Le pareció bien, y me indicó que tendría que ponerme en contacto con el equipo de mantenimiento eléctrico del Congreso. Para ello, en ese mismo momento les telefoneó y concerté con ellos una cita. Allí mismo me expidió una acreditación para que entrara y saliera en el Congreso cuantas veces necesitara.
Cuando me entrevisté con el equipo de mantenimiento, personas jóvenes y competentes, me comentaron el terror que tuvieron la tarde y parte de la noche del 23-F. De repente se encontraron encañonados por los subfusiles de los guardias civiles, que les dijeron que tenían orden de Tejero de que “si se iba la luz” disparasen a matar, y que lo mismo harían los guardias del hemiciclo.
Ellos eran conscientes de las carencias del centro de transformación: era casi de la época de Isabel 2ª; estaba alimentado desde una sola compañía, y el cable desde el Congreso a la subestación tenía muchos años; la subestación que les alimentaba estaba a su vez conectada en cascada a dos subestaciones de mayor tensión, por lo que la probabilidad de un “0 de tensión” era posible, y había ocurrido con demasiada frecuencia. De ahí su terror a que les asesinaran “si se iba la luz”.
Si así hubiera sido y los guardias del hemiciclo hubieran disparado a oscuras sobre los diputados, y hubieran alcanzado a Landelino Lavilla, entonces Presidente del Congreso, y por tanto la segunda autoridad después del Rey, se hubiera producido un magnicidio, que no se sabe a dónde hubiera conducido a España.

Treinta años después del 23-F el Congreso hizo públicas la actas - hasta entonces secretas -  que a los tres días de salir investido Calvo Sotelo, y por mandato de Landelino Lavilla, levantaron y firmaron, cuatro diputados: José Bono del PSOE, Soledad Becerril de UCD, Víctor Manuel Carrascal Felgueroso secretario 1º del Congreso, y Leopoldo Torres Boursault del PSOE y vicepresidente 1º del Congreso. En ellas se lee lo siguiente: Modesto Fraile y José Bono, había advertido a Tejero del riesgo de que se fuera la luz; la respuesta de éste fue dar la siguiente orden: “Si hubiera un apagón de luz en la puerta donde estén ustedes, al recibir un roce en el cuerpo, abran fuego".

F1.7  El Rey

Cuando en 1975 Juan Carlos I fue proclamado rey de España, el 68,9 % de la actual población española o no había nacido aún, o tenía menos de 10 años. Por ello desconocen los poderes que el monarca había heredado de Franco; si a la cuestión etaria se une que hay colectivos interesados en que se sigan desconociendo, es difícil que ese 68,9 % entienda nunca lo que ocurrió el 23-F o, lo que es peor, que acepte las intoxicaciones que esos interesados difunden.
Para aseverar lo anterior basta con poner 23-F en el buscador de Google, y de los diez links que aparecen en la primera página, tres - el 30 % - son pura intoxicación. Los comento a continuación:

  •       Eco Republicano: Incluye una farragosa denuncia del coronel Martínez Inglés al fiscal, en la que sin prueba alguna, hace el juicio de valor de que Juan Carlos I intentó un golpe de Estado “blando” con la ayuda de Armada y Milans del Bosch, para evitar un golpe a la turca. Pero hay dos preguntas cruciales que destruyen ese juicio de valor: ¿Quién iba a dar el golpe a la turca, la Sexta Flota? ¿Para qué quería el monarca volver a tener el poder absoluto que heredó el 20 de noviembre de 1975, si lo cedió desde el momento que aceptó que se llevara a las Cortes - aún eran las Cortes franquistas – la Ley de Reforma Política. Y, ¿quién subvenciona a Eco Republicano?, porque si sabe quién los subvenciona se conocerá porque publican la historieta de Martínez Inglés. Eso más o menos es lo que dice Armada, en una entrevista que concedió en 1995, dice: “El golpe lo desencadena gente que financia a Tejero” (4). Esa gente no se encontró ni ha sido juzgada por el 23-F; permanecen  impunes.Es más explícito Armada en la citada entrevista cuando dice: “Toda la defensa la basaron en que el Rey era el inductor y yo me quedé con todo. El Rey no era el inductor. Eso quiero que quede claro” (5).

No entiendo que Martínez Inglés, que escribe en su denuncia que se ha pasado años investigando, no haya tenido en cuenta el importante testimonio de Armada, hecho 22 años antes que su escrito.

  •      El Diario: Una semana después de la denuncia de Martínez Inglés - qué casualidad -, el digital del conspiranoíco PJ Ramírez  hace una serie de insinuaciones sin decir nada. Por ejemplo, ¿qué demuestra esto? : “Juan Carlos I esperó a las 2:30 de la madrugada para enviar un télex a uno de los principales artífices del golpe exigiéndole que Tejero depusiera su actitud.La comunicación figura en la información sobre el golpe que custodia el Congreso y que todavía está registrada como ‘documentación reservada’.El entonces ministro de Defensa, Albert Oliart, explicó en una sesión parlamentaria a puerta cerrada las conclusiones sobre el golpe, cuyas transcripciones permanecen secretas” (6)
 No dice nada, ni siquiera insinúa algo válido, pero siembra sospechas: “esperó”; “documentación        reservada”; “a puerta cerrada”; "permanecen secretas”.

Ese artículo es nada entre dos platos; pero ese deshecho de tienta periodístico que es el conspiranoico  es un maestro en urdir una teoría conspiratoria capaz de encandilar a esas gentes que    prefieren una explicación fantasiosa de las cosas antes que la verdad.
 Y así, con la complicidad de personas como la Vicepresidenta para todo - es bueno conocer la              verdad, decía -, o como Esperanza Aguirre, que según ha escrito el exdirector de ABC, José Antonio Zarzalejos, le presionó para que apoyará en el periódico la falsedad de que la autoría de los atentados del 11-M era del PSOE, esas mentiras llevaron a la desestabilización del Gobierno Zapatero, y a los españoles al enfrentamiento físico.

  • Infolibre. Sin venir a cuento, porque no coincidía con ningún aniversario, en plena canícula, el 23 de agosto de 2013, Jaime Olmo publica un artículo de título: “El inexplicado retraso en emitir el mensaje del Rey”.En él, su autor, como los autores de los artículos anteriores  vuelve a recurrir  a palabras que siembran sospechas: “amplias zonas de sombra”; “aspectos falsamente explicados”, etcétera.

No sé si se trató de una serpiente de verano, o de que el autor no sabía de qué escribir. Por su edad conoce perfectamente lo que era la España de 1981; en una persona joven, acostumbrada a pensar que siempre han existido Internet, los teléfonos móviles, y la mensajería de whatsapp, lo entendería, pero en él no. Solo quiero recordarle que en ese año una conferencia desde Madrid a Navalcarnero tenía demoras de más de tres horas, y que los teléfonos eran de marcador de disco.

Pero no todos son amigos de intoxicar. A ese 68,9 % de españoles que no habían nacido el 23-F les aconsejo leer dos artículos de El Confidencial publicados el 20 y 21 de febrero de 2011, y cuyos títulos respectivos son, respectivamente: “El 23-F y la postura del Rey”, y “Los huevos revueltos de doña Sofía”. En ellos explican suficiente a Infolibre lo que preguntaba dos años después.

Volviendo al Rey, lo que resulta más chocante es que los militares, algunos de los cuales fueron sus compañeros en la Academia General de Zaragoza, desconocieran su carácter. No se trataba de “un intrépido experimento en democracia”, sino de traer la Democracia.
El Rey además de sus ideas tenía presente lo que le pasó a su cuñado Constantino, cuya alianza con los militares le costó el trono. ¿Cómo pudieron errar tanto en sus suposiciones los conspiradores? Quizás porque no se pusieron al otro lado del mostrador; no analizaron los sucesivos acontecimientos desde el inicio de su reinado: defenestración de Arias Navarro; elección de Suárez, y no del franquista Silva Muñoz, ni del tecnócrata López Bravo;  legalización de PC, etcétera.


F1.8  La Reina.

Cuando más arriba escribí lo del “entorno influyente” me refería a doña Sofía. La circunstancia de Juan Carlos I - en el sentido orteguiano del “yo, soy yo, y mi circunstancia”- era la Reina.

Muy ligada a su hermano Constantino, lo que la hacía poco entusiasta de los militares, a los que culpaba de que su hermano hubiera perdido el trono, era la madre que defendía los derechos dinásticos de su hijo Felipe; todavía estaba en total sintonía con su esposo al que llamaba Juanito, y era su consejera de almohada. Eso tampoco lo tuvieron en cuenta los conspiradores.

F1.9 El amigo americano.

Nota del autor: Para comprender la postura de los EE. UU. cuando el golpe de Estado del 23-F, es necesario tener en cuenta la paranoia anticomunista que aquejaba en 1978 a los estadounidenses consecuencia de lo que les había ocurrido en los tres años anteriores: 
  1.   La desbandada de las tropas estadounidenses de Saigón el 30 de abril de 1975, dando lugar a la derrota total de las Fuerzas Armadas estadounidenses ese país, y culminando el fracaso de la simplista teoría de “las fichas de un dominó” de los hermanos Dulles, que sirvió de cortada para que los EE UU tomaran el relevo de Francia, cuyas tropas habían sido derrotadas por el general Giap en la guerra colonialista de Vietnam.
  2. La caída, el 17 de julio de 1979, del sátrapa Somoza, del que un Secretario de Estado estadounidense  llegó a decir: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.  El triunfo del “sandinismo” frente a Somoza, llevó un régimen izquierdista a Nicaragua, un país muy cercano al Canal de Panamá (solo le separa la pequeña Costa Rica), y por tanto muy sensible a los intereses de USA.
  3.  La intervención de la URSS en la República Democrática de Afganistán, en diciembre de 1979,  en apoyo del gobierno del Partido Popular Democrático de Afganistán, que estaba siendo atacado por los talibán, los fanáticos educados en las “madrasas” pakistaníes - de ahí el nombre talibán que significa estudiantes-, armados, pagados,  y enviados a Afganistán por USA dentro del marco de la “Operación Ciclón”. La presencia de la URSS en la zona ató las manos del gobierno estadounidense para invadir Irán. 
  4.   El fracaso del intento de rescatar a los americanos de la sitiada embajada de USA en Irán. El 24 de abril de 1980 se inició la operación “Garra de Águila”, que incluía el empleo de 6 aviones Hércules C-130 y 8 helicópteros pesados Sikorsky modelo RH-53 D.  El lugar de aterrizaje previsto era el desierto iraní de Tabas. Los helicópteros fueron llegando  separados y con retraso, pero de los 8 solo llegaron al punto de encuentro 6, ya que dos de ellos tuvieron que ser abandonados por averías. Los 6 restantes sufrieron una tormenta de arena que los averiaron. Las tropas estadounidenses tuvieron que abandonarlos, y ni siquiera pudieron destruirlos porque no contaban con gasolina para ello, ya que los depósitos de goma lanzados por los aviones resultaron inútiles.
  5. La presencia de la URSS en la zona, como se escribe más arriba, ató las manos del gobierno estadounidense para invadir Irán, obligándole a realizar a la desesperada la “Operación Águila”.  

Sobre el triunfo del sandinismo contaré algunas de mis vivencias relacionadas con personas sandinistas. En esos años mantenía tenía una relación frecuente con dos hermanas nicaragüenses que estudiaban Ciencias Políticas en la Universidad de Madrid. Aunque abominaban de la tiranía de Tachito Somoza, no hablaban para nada de una posible revolución.
De pronto, ocurrió un terremoto que asoló Managua, y a esa catástrofe natural se unió otra política: el mundo entero envió auxilios a los nicaragüenses, pero los Somozas y sus guardias de corps se apoderaron de todo, sin que nada de esa ayuda llegara al pueblo.
Estalló la revolución que tomo el nombre de Sandino -  el héroe de la independencia frente a USA, y al cual asesinó, por orden de los estadounidenses, Anastasio Somoza García- , y mis amigas se fueron a su país para incorporarse a ella.
Cuatro o cinco años  después vino a España una de ellas, Jeanette. Según me contó hacia escala en Madrid camino de Bulgaria, a donde iba para comprar tractores búlgaros.
Nicaragua había pasado a la órbita soviética.

Para comprender lo que representaba en los años 70 el istmo de Panamá para el “imperio”, basta con recordar que la prensa estadounidense que defendía a la Secretaría de Estado le denominaba “el patio trasero de Estados Unidos”. La zona del Canal era estadounidense - aún no había sido devuelta a Panamá- , y en ella funcionaba la “Escuela de las Américas”, a la que llegaban becados los milicos de los países que luego participaron en el genocidio de la “Operación Condor”, a ensayar técnicas de tortura y desapariciones.

Todos estos desastres eran conocidos de los ciudadanos americanos porque tienen una prensa libre. La gente estaba desmoralizada al ver que no eran tan poderosos ni militar ni técnicamente como creían, y el complejo industrial-militar y los políticos cayeron en una paranoia. Hasta el extremo que el Pentágono acusó a la prensa de ser la causante de la derrota estadounidense.
Era ese tipo de paranoia que tan bien encarna el personaje del sheriff  de la película “Primera página” de Wilder.

Si a los anteriores desastres unimos que la situación económica de USA era en 1977 semejante a la de la Gran Depresión, con un déficit brutal consecuencia de los gastos de la Guerra de Vietnam, y con la stagflation producida por la subida del petróleo, no es de extrañar su extremada vigilancia sobre los asuntos españoles, pues nuestro país era, y es, geopolíticamente hablando, un eslabón importante del “imperio” por sus bases militares en nuestro territorio, lo que en el caso de una hipotética guerra le permitirían mantenerla alejada de su país.

Más asuntos inquietaban a la Secretaría de Estado norteamericana, y uno de ellos, quizás al que daban más importancia, era la fortaleza de los partidos comunistas en el Sur de Europa: en Portugal, después de la revolución de los claveles, el Partido Comunista era muy fuerte; en España, al haber sido legalizado el Partido Comunista - cosa que los americanos no perdonaron nunca a Suárez- , parecía tener un músculo que luego desmintieron las primeras elecciones legislativas; en Francia el Partido Comunista era fuerte y dominaba los sindicatos; y en Italia el PCI era poderosísimo, aunque no podía gobernar por el veto de la Democracia . Y en eso, el 3 de febrero de 1981, “Il Pópolo”, órgano de la Democracia Cristiana, da cuenta de lo tratado en el comité del partido del 31 de enero en el que se levantaba el veto. Lo que dio lugar a la colaboración entre ambos partidos conocida como el “compromiso histórico”, una forma de actuar que suponía que la DC, el PCI, y el PSI actuarían  de acuerdo para conseguir leyes que fortalecieran la democracia.
La posibilidad de un Mediterráneo comunista, cerrado por Yugoeslavia que se definía como país no alineado, producía erisipela en el Capitolio y en el Pentágono.

Una vez explicadas las razones de sus injerencias en nuestra Transición, es el momento de escribir sobre ellas.

Ya escribí, en otras entregas que Europa estaba en régimen de libertad vigilada; a unos países, los que se dieron  en llamar occidentales - en una calificación de puro marketing político, para que los ciudadanos nos imagináramos a los rusos como hordas de Gengis Kan- nos  vigilaba USA; y a los orientales les vigilaba la URSS.

Una muestra de esa vigilancia es lo que sigue: “Dos meses antes del golpe de Estado del 23-F, el propio embajador de los Estados Unidos en Madrid, Terence Todman, sugirió a las más altas instancias españolas la neutralización del CESID, imputándole actividades contrarias a los intereses de su país. A esta iniciativa se opusieron tanto Gutiérrez Mellado, como el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún”. (7)

Nota del autor: Más transparente no pudo ser Todman; la traducción al lenguaje coloquial de su lenguaje diplomático es esta: “los intereses de mi país son que en España gobierne un militar; y el CESID nos impide conspirar para ello”.

Referente al embajador Todman he acudido a la noticia de su nombramiento: “La Casa Blanca nombró ayer a Terence Todman, un diplomático profesional de raza negra y 52 años de edad, nuevo embajador de Estados Unidos en España”. (8).
Para quien firma la noticia en El País lo importante es que es negro.

Nunca había estado al frente de  una embajada de “primera”, pues había ejercido en países pequeños como Guinea y Costa Rica, y su desconocimiento de España hizo que tuviera ínfulas colonialistas.

Ya he contado más arriba su peregrina idea de que cerráramos nuestros servicios de inteligencia, para que los espías de la embajada de la calle Serrano  campasen a sus anchas por España.

Alberto Oliart dijo esto: “Y, sobre todo, teníamos que deshacer la desconfianza de Washington, cuyo embajador, mister Todman, me dio más de un dolor de cabeza, al crear el equívoco de que apoyaba a los golpistas; tuve que llamarle la atención de forma enérgica un par de veces”.(9).

Era tan torpe Todman, que  cuando en el gobierno que presidía Calvo-Sotelo Oliart fue nombrado ministro de Defensa se saltaba lo que marca el protocolo, que es que los embajadores traten con el Jefe del Estado y/o con el presidente del Gobierno, y acudía con frecuencia a importunar a Oliart con sus exigencias.

Este recuerdo de Oliart es de 1995, casi 15 años después del 23-F, y la memoria ha debido de traicionarle, porque el 23-F él era ministro de Sanidad, y no creo que Todman hablara entonces con él. Posiblemente los enfrentamientos con Todman los habrá oído en algún Consejo de Ministros de labios de Suárez, que sí los tuvo y fuertes. También es probable que dado el tiempo transcurrido, haya querido echar agua al vino al hablar de equívoco, pues quedó claro el 23-F que USA  apoyaba a los golpistas; la frase del Secretario de Estado,  Alexander Haig, al dar la noticia del golpe de Estado en España es histórica: “Es un problema interno de los españoles” . Luego fue un problema para él que no hubiera triunfado el golpe, porque al año siguiente fue cesado.

 F 1.10 Las FAS, la sociedad y el 23-F.

En 1995, por tanto veinte años después del inicio de la Transición, Edward Malefakis publicó el artículo del título. En él nos hace notar: “el 23 de febrero habían pasado cinco años y tres meses desde  el comienzo de la transición a la democracia en España, exactamente el mismo lapso de tiempo que había separado la rebelión militar del 18 de julio de 1936 de la proclamación de la 2ª República, el 14 de abril de 1931”. (10)

Es una observación que ni escuche, ni leí, a ningún comentarista político. Tampoco yo, tan dispuesto a relacionar noticias para convertirlas en información, me di cuenta de esa coincidencia.

Nos recuerda, Malefakis, la constante intervención del ejército durante el periodo republicano, que ya conté en anteriores entregas - golpe del 10 de agosto; intervención en la derrota, y represión posterior, de la huelga insurreccional de octubre del 34, sublevación militar del 18 de julio- , y la compara con el papel del ejército entre 1975 y 1981, asignándole “un papel político secundario. No adoptó una posición clara en cuestiones de importancia tan trascendental como la Ley de Reforma Política; fue excepcional que algunos de sus jefes dimitiera de su puesto en el gobierno protestando por una decisión política”. (11)

No tiene presente Malefakis que ese ejército era a la muerte de Franco muy poderoso políticamente, y no se alteraba demasiado salvo para someter a juicios militares a periodistas, intelectuales, y objetores de conciencia.

Se sabía heredero de  Franco. A este respecto es muy esclarecedor lo siguiente:
“Siempre estuvo claro que cuando muriera Franco buena parte de su poder revertiría a los militares porque de ellos lo había recibido un 12 de septiembre de 1936 en el aeródromo de San Fernando, cerca de Salamanca.
Franco dio algunas respuestas contundentes a las demandas de continuidad imploradas por sus fieles. Así, el 27 de mayo de 1962, ante los excombatientes capaces de concentrarse a la intemperie en el cerro de Garabitas de la madrileña Casa de Campo. Allí aclaro sus garantías al prometer: “todo quedará atado y bien atado bajo la guardia fiel de nuestro Ejército”. (12)

Continua Melefakis argumentando en favor del esquema de artículo que había pergeñado: “Pero el único plan conocido para actuar con carácter nacional, la llamada Operación Galaxia de noviembre de 1978, fue descubierto con tanta facilidad, y parecía tan ridículo que la mayoría de los analistas no se lo tomó en serio”. (13)

Al considerar que la citada conspiración fue descubierta con facilidad, no sé si dio cuenta que en el mismo artículo había hablado del golpe del 10 de agosto, que sí fue ridículo y que era tan conocido que la guardia de asalto estaba esperando en la calle Conde de Xiquena el paso de los conjurados para ametrallarlos.

Más adelante escribe Malefakis: “Cuando finalmente se intentó un golpe de Estado, se vino abajo casi inmediatamente, a pesar de haber empezado con la acción de mayor éxito en la larga historia española de insurrecciones militares”. (14)
A pesar de que cuando publicó este artículo habían pasado ya veinte años del 23-F, Malefakis no da ninguna razón de por qué el golpe se vino abajo, porque lo que único cierto es que no se vino abajo espontáneamente.

Continúa Malefakis: “Con la purga de unos 5.000 oficiales demócratas y la incorporación de más de 10.000 alféreces provisionales durante la guerra civil y después de acabada la misma, además de los casi 40 años de adoctrinamiento ideológico a que fue sometido el cuerpo de oficiales era más homogéneamente antidemócratas, en 1975 que en 1931.(15)

Y remata su escrito: “También fue importante la brillantez con que el Rey, Adolfo Suárez, y otros líderes políticos llevaron a cabo la transición democrática. A diferencia de la República, no hubo repentinos ‘grandes saltos adelante’, no se sobrecargó la agenda política en un intento de resolver de una sola vez todos los problemas heredados del desgraciado pasado de España. Se siguió un proceso gradual ‘Desde la ley a la ley pasando por la ley’. (16)

Continuará en la próxima entrega.

Alfredo Sancho Cavo
                                                                                           

BIBLIOGRAFÍA:
(1)     EL PAÍS.  ETA condiciona la libertad de un secuestrado a la demolición de Lemóniz.
(2)     Joaquín Prieto. Golpe de Estado.
(3)     Joaquín Prieto. Golpe de Estado.
(4)     José Luis Barbería. Entrevista con Alfonso Armada.
(5)     José Luis Barbería. Entrevista con Alfonso Armada.
(6)     Gonzalo Cortizo. El Diario. 22/02/2017.
(7)     Joaquín Prieto. Golpe de Estado.
(8)     Juan González Yuste. La casa Blanca nombrá a Terence Todman embajador en Madrid.
(9)     Nativel Preciado. Entrevista a Alberto Oliart.
(10) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(11) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y
(12) Miguel Ángel Aguilar. Ruido de sables.
(13) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(14) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(15) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.
(16) Edward Malefakis. Las FAS, la sociedad y el 23-F.