sábado, 6 de mayo de 2017

BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
11ª ENTREGA

A.1 En la democracia republicana. (Continuación)

A 2.13.Las consecuencias de la debacle de las derechas.

Como escribí en la 10ª entrega el resultado de las elecciones del 16 de febrero 1936 fue una “vuelta de tortilla”, pero no una vuelta total, que era lo que Gill-Robles quería: conseguir los trescientos diputados para, mediante la consecución de los tres puntos de acción política que en dicha entrega se relacionan, proclamarse dictador.
La desilusión de sus huestes se relató en esa entrega.
Otra consecuencia, que es digna de un sainete, fue que muchos gobernadores civiles abandonaron su puesto sin esperar a los resultados de la segunda vuelta de las elecciones.

Nota del autor: Los gobernadores civiles eran los jefes de la policía; quizás los que salieron de estampida tuvieran miedo de represalias por parte de algunas personas que hubieran sido maltratadas por policías bajo su mando, durante el bienio negro.   
El presidente del Gobierno, Manuel Portela, dimitió tres días más tarde de haberse celebrado la primera vuelta. El presidente de la República otorga la confianza a Manuel Azaña, a pesar de que era solo el tercer partido por número de diputados - tenía uno menos que Gil Robles- .

El 19 de febrero, el mismo día de la renuncia de Manuel Portela, Azaña presenta a Alcalá-Zamora un Gobierno de coalición de Izquierda Republicana y Unión Republicana, presidido por él. No hubo por tanto vacío de poder.
Este primer gobierno restableció las relaciones con Cataluña, interrumpidas porque durante el bienio negro las derechas mayoritarias anularon el Estatuto. Otra de sus funciones fue la de atender las reclamaciones que sobre los escrutinios electorales se presentaron.

Las provocaciones de la derecha se multiplicaron; el 12 de marzo el Vicepresidente de las Cortes, Jiménez de Asúa, es tiroteado por un falangista, sale ileso pero muere su escolta.
Consciente de las incitaciones a la violencia de la Falange y de las JAP, y de que en el PSOE había corrientes de pensamiento encontradas, que le tenían bloqueado, Azaña hace un discurso el 3 de abril, con el que intenta calmar los ánimos. Y el gobierno que, una vez resueltas las reclamaciones sobre las actas de diputado, Azaña, presenta al Presidente Alcalá-Zamora el 7 de abril de 1936, eso pretende.
Está formado por diputados de los partidos Izquierda Republica, Unión Republicana, el general  Carlos Masquelet Lacaci en el ministerio de la Guerra, y un independiente. Ni rastro de diputados del PSOE, y mucho menos del PC.
Este Gobierno dura solo hasta el 10 de mayo, porque ese día Azaña fue elegido por las Cortes Presidente de la República.

Al ser Presidente de la República, Azaña no podía presidir un Gobierno, por lo que es sustituido como presidente del Gobierno por Augusto Barcia Trelles, del mismo partido que Azaña, manteniéndose en sus puestos el resto de los ministros.
Este gobierno legalmente era interino, por lo que el 13 de mayo cesa en sus funciones.

El mismo día, el Presidente Azaña, encarga a Casares Quiroga la formación de gobierno. En el nuevo gobierno ya no hay militares - al general Masquelet se le promociona a Jefe del Cuarto Militar del Presidente de la República-; todos los diputados son de Izquierda Republicana y de Unión Republicana, salvo uno perteneciente a ERC, y dos independientes. Este gobierno dura hasta el 18 de julio de 1936, sin que el peligro comunista aparezca por ningún lado.

A 2.14.Los motivos del golpe de estado del 36.

Intentando justificar su traición, las derechas han acudido a todo tipo de justificaciones, a cada cual menos plausible.

Tan pronto consiguió la destrucción de la República, a costa de ciento de miles de muertos en la guerra, y de la destrucción del país, ya publicaron un ‘documento’ -el papel lo aguanta todo- de título “Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936”. Pero la falsía del dictamen queda inmediatamente de manifiesto, porque los partidos de derechas habían aceptado hasta el 18 de julio la legalidad de las elecciones, y por tanto la legitimidad de los poderes.

Durante los forrenta motivaban su sublevación en el asesinato de Calvo Sotelo. Pero el asesinato fue ¡el 15 de julio! ¿Hay alguien que haya hecho el servicio militar, que se crea que en 3 días se puede organizar algo como el paso del Estrecho?

Luego toda su propaganda se basó en la amenaza del comunismo, un comunismo que en las elecciones de 1933 sólo obtuvo un diputado, y en las de 1936 el 3,5 % de los votos. Es decir irrelevante.

Pero, hay documentos, y manifestaciones de los responsables del golpe de estado, que son armas de destrucción masiva para su propaganda, porque sí aclaran los motivos por los que iniciaron una guerra civil.
Uno de esos documentos son los “llamados diarios robados” de Azaña. Estos diarios son creíbles por dos razones: los escribió para él, y no para ser publicados; y fueron publicados muchos años después, en 1997, pues habían sido robados del consulado español en Ginebra, y entregados a Franco. Y la siguiente anotación, hecha en 1932, deja al descubierto algunas de las razones de los generales sublevados: “Lerroux llamó a Sanjurjo para preguntarle el estado de opinión del ejército. Sanjurjo presentó un memorial de agravios: la oficialidad está en gran desmayo; las filas están minadas por el comunismo; el último decreto de retiros le parece mal.
Quieren un gobierno republicano y de orden, contra los socialistas” (1).

Otra arma de destrucción masiva es el golpe de estado fallido del 10 de agosto de 1932, clara demostración que ya querían derrocar la república, para que los militares siguieran mandando en España. Era, una vez más, el “caudillismo”; la lacra militar que arruinó España en el siglo XIX, y en gran parte del siglo XX.

Otros documentos refieren como una vez reprimida la huelga revolucionaria de octubre de 1934, Gil Robles que, como ministro de Guerra había favorecido a Franco nombrándole Jefe del Estado Mayor Central y a Mola -a éste mucho más al reponerle en el servicio activo y dándole el mando de las fuerzas destinadas en Marruecos-, al no darle Alcalá-Zamora la confianza para que formase Gobierno, se reunió con Franco y con Mola, para dar un golpe militar. Ambos le dijeron que era prematuro.

Nota del autor: Es muy difícil conocer porque ambos martes demoraron el golpe de estado, ya que “De internis neque eclesia ; pero no parece descabellado suponer que ellos querían dar a España un régimen militar; ser ellos los que mandaran, y que a Gil Robles le consideraron un intruso.

Los poderes fácticos que dieron el golpe del día 18 de julio, y que al no poder derribar al gobierno legítimo de la República, iniciaron la guerra, luchaban  por mantener sus privilegios.
Una cuarteta que circulaba en los tiempos de la 2ª República, explica qué era lo que les asustaba.
Igualdad oigo gritar,
al jorobado Torroba
¿Quiere vernos con joroba?
¿o nos quiere jorobar?

Analicemos quienes eran esos poderes: Ejército, Iglesia Católica, clases pudientes. Todos ellos enemigos de la igualdad.

El Ejército tiene una organización piramidal, se basa en los grados. La igualdad que se implantó en el llamado Ejército Rojo ruso tenía por fuerza que horrorizar a los generales y jefes de entonces. Las noticias de Rusia estaban aún frescas en la memoria de esos militares, porque no habían pasado aún ni quince años de la revolución rusa.  

La Iglesia Católica, tiene una férrea organización jerárquica. La sacralidad de su función les hace intermediarios de Dios, y por ello, hasta el clérigo de más humilde extracción - condición de muchos de ellos en los años 30- se consideraba de una clase muy por encima de la de sus feligreses, pero las leyes de la República le hacían “ciudadano sacerdote”. Aun disminuía más su categoría social, porque desaparecida a finales del siglo XIX la Secretaría de Gracia y Justicia, los fondos para sostén del culto pasó a depender de las Diputaciones y de los Ayuntamientos, y la Constitución de la República prohibía expresamente la entrega de fondos públicos a las congregaciones religiosas y a sus miembros.

Las clases pudientes, luchaban contra la igualdad, porque si somos todos iguales, ¿qué poderes les restan?, ¿para qué les vale el dinero si todos son iguales que ellos? ¿Si, por ejemplo, no existen los “soldados de cuota” y no pueden evitar, mediante su dinero que sus hijos hagan el servicio militar, y les envíen a la luchar a Marruecos?

Todavía en mi juventud era corriente que alguien de las clases pudientes, para justificar una charranada dijese: Aún hay clases.

Nota del autor: Durante cerca de 40 años –más tiempo  en las provincias en las que el golpe de estado tuvo éxito el día 18-, los franquistas han intentado levantar polvareda para ocultar su delito. Conocen bien el dicho “con la grande polvareda, perdimos a don Beltrán”, e intentan, con la continua polvareda que levantan, que los españoles perdamos a don Beltrán, es decir: a la verdad.  

En la 2ª Restauración Borbónica el Grapo convicto, Pio Moa, contó con todo tipo de apoyos para publicar decenas de libros, en los que intentó demostrar que los franquistas no son unos facinerosos. No lo consiguió.

Respecto a uno de los imitadores de Moa, Pedro Fernández Barbadillo y su medio de difusión “Libertad Digital.com”, al que ya me referí en la 9ª entrega, escribiré lo siguiente:
Me enseñó don José Castañeda Chornet, catedrático de Economía en la escuela de ingenieros industriales de Madrid, que cuando una empresa utiliza en su nombre alguna palabra  que no viene al caso, es que miente. Y nos citó como ejemplo AEG Ibérica de Electricidad, S.A., empresa alemana que solo tenía de ibérica la “S.A.”
Bueno, pues del nombre de esa publicación de la Fachoesfera -copio para calificarla el título del libro de Dominique Albertine-  en la que Fernández  insulta,  solo es verdad “.com”.
Pero no desmaye el señor Pedro, otros medios como TV Libertés, ésta perteneciente a la “Fachosphere” porque es francesa, ha sido fundada por una persona tan conocida por la defensa de las libertades como es Martial Bild, antiguo gerifalte del FN, pero del de Le Pen padre, del que se dio baja porque Martine, la hija, es comunista.

B .1 En la guerra.

B 1.1. Primeros meses.

Cuando el presidente del Gobierno, Casares Quiroga, tiene conocimiento de las provincias en las que los sublevados se han hecho fuertes -casi todas las de color azul del mapa de la 10ª entrega-, intenta negociar con la Junta de Defensa Nacional fautora del golpe, para detener la guerra civil. No obtiene respuesta. 

Se decide entonces que el partido con más afiliados, el PSOE, forme gobierno. Lo preside Largo Caballero, que se reserva la cartera de Guerra, y en él hay 6 socialistas, incluyendo a Largo.
Hay una remodelación del Gobierno en noviembre de 1936, para dar entrada a la CNT, que es representada por una ministra, Federica Montseny. Este Gobierno dimite el 16 de mayo de 1937.
Es sustituido por otro, presidido por Negrín. Que vuelve a presidir un segundo Gobierno, que llegó hasta finales de marzo de 1939.

Es pues el PSOE, el partido que llevó el peso de la lucha contra los facciosos.

Los militares que se sublevaron contra la República establecieron desde el 18 de julio de 1936, en aquellos territorios en los que el golpe triunfó, el estado de guerra. Cuando en el transcurso de la guerra fueron ocupando otros territorios, desde el momento en el que las tropas de la República entregaron sus armas declararon el Estado de Guerra en ese nuevo territorio.
Les servía de falsilla su protagonismo en más de un siglo de levantamientos, de asonadas, de proclamas, y de vicalvaradas; de putsch, y de contrarrevoluciones. Dudo mucho que alguno de los militares sublevados tuviera siquiera noticia del libro de Curzio Malaparte Teoría del golpe de estado, ni la inteligencia suficiente para entenderlo.

La publicación del llamado “Bando de guerra”, les autorizaba a aplicar el Código de Justicia Militar, lo que permitió a los facciosos hacer lo que ellos llamaban una “limpia”, es decir la supresión de los que consideraban desafectos, para lo que utilizaron a mansalva los juicios sumarísimos que, como tanto los jueces, como el fiscal y el defensor, eran militares sublevados, casi siempre se resolvían en sentencia de muerte. La cual se cumplía inmediatamente.

Dos ejemplos de su forma de actuar fue la ejecución de los generales Campins y Batet.

Miguel Campins era el 18 de julio el gobernador militar de Granada. Había sido Subdirector de la Academia Militar de Zaragoza, de la que Franco fue  director, y tenía con éste una gran amistad. Campins, el día 18 de julio, al no tener conocimiento preciso del alcance de la sublevación, se mantuvo leal a la República.
 El sádico Queipo de Llano, que desde ese fatídico día había hecho “limpia” en Sevilla, dejando las calles repletas de muertos,  le llamó telefónicamente instándole a que publicara el “Bando de guerra”, pero Campins demoró la proclama hasta el día 20. Esas horas de demora le costaron la vida. Queipo ordenó su arresto y traslado a Sevilla. Allí fue juzgado sumariamente, y condenado a muerte. La sentencia se cumplió el 16 de agosto.
Franco había llamado a Queipo pidiendo el indulto de su amigo, pero éste, que competía con Franco por el puesto de Generalísimo -hasta el 30 de setiembre no fue Franco oficialmente Generalísimo- se negó a indultarlo.
Para tildar de sádico a Queipo me he basado en cómo escenificó la ejecución de Campins: contra las murallas del barrio sevillano de La Macarena; el general Campins de paisano; a las seis y media de la mañana, poco antes de la entrada de los obreros a las fábricas; deteniendo los tranvías que llevaban a esos pobreros a su paso por el lugar del fusilamiento, para que quedaran aterrorizados pensando que si eso hacían a un general qué no les podía pasar a ellos.
Queipo era un consumado terrorista.  

Domingo Batet era, el día 18, General Jefe de la VI División Orgánica, acantonada en Burgos. Era conocedor de las conspiraciones de algunos de sus compañeros. Dos días antes se había entrevistado con su subordinado Mola, y éste le dio su palabra de honor de que no era uno de los conjurados. Batet le creyó. Confiado en la palabra de Mola, Batet no se unió a los sublevados, por lo que dos de sus subordinados inmediatos le arrestaron. Fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo, y condenado a muerte. Fue fusilado el 18 de febrero de 1937.
Queipo de Llano de pidió a Franco que le indultara, pero éste se negó, devolviéndole el desaire a Queipo, y dejando claro quien mandaba porque Franco, como he escrito más arriba ya era Generalísimo desde 1936.

Compárese la carencia de humanidad de esos martes, a los que, según su propia expresión “no les temblaba la pluma” al firmar sentencias de muerte, con la ética de Azaña, que indultó a Sanjurjo de la pena de muerte, y que en su diario confiesa la angustia que le produce tener entre sus manos la vida de una persona, aunque sea un traidor -,léase la 7ª entrega.

Este “terror caqui” se complementó con el “terror azul-azulete” de Falange. En este terror las antiguas JAP de Herrera Oria, que habían cambiado de camisa, fueron un vector de barbarie.

Las banderas de Falange desde el mismo día 18, en aquellos lugares en los que se impuso la sublevación, empezaron a dar “el paseo” a políticos desafectos, a maestros, a sindicalistas, a rector de Universidad - fusilaron a Alas, rector de la de Oviedo, e hijo de “Clarín”; se puede escribir sin mentir que fue asesinado en venganza por “La Regenta”-, y a cuantos estuvieran en las listas que llevaban meses confeccionando. Bastaba una denuncia anónima para ser “paseado”.
Y esos “paseos” terminaban en descampado con un tiro en la nuca, y el cuerpo del asesinado tirado en una cuneta.
Ministro de Aznar hay, cuyo padre fue jefe de una Bandera de la Falange que llenó las cunetas de su concejo con decenas de “paseados”.

Sin embargo el Gobierno de la República no proclamó dicha situación desde el primer momento de la agresión franquista, sino que hasta el mes de marzo de 2039 - más de 32 meses  después de la misma - no publicó el Decreto de Estado de Guerra; tardó treinta y dos meses.
Sobre ese error escribe  Juan Benet lo siguiente: “Jamás una consolidada democracia puso en duda la perentoria necesidad de un mando único, con poder bastante para poder moverlas (se refiere a sus fuerzas militares) a su discreción y responsable de sus actos ante la magistratura. Jamás una densa democracia entrevió peligro alguno en tal delegación, en tanto el apoderado fuera uno de los suyos, tan convencido como cualquier otro de la legítima urgencia de enfrentarse al enemigo externo para defender la propia casa” (2). 

Y prosigue dicho escritor: “Pero, ah, la República española sería solamente democrática por nacimiento pero no por educación, tal vez por falta de tiempo para gestar una confianza generalizada; y recelosa de sus apoderados jamás se atrevería a entregar su ejército a un Escipión, por temor mimético a su más descarado enemigo (aquel que ella misma se cuidó de ensalzar)” (3).

Pero las cosas complejas no tienen explicaciones sencillas, por lo que es necesario resaltar que siendo buenos los oficiales militares republicanos, tanto los profesionales como los adventicios, mandaban sobre un pueblo en armas, al que era necesario instruir para que fuese un ejército.
A la anterior dificultad se unía que la Marina, arma mucho más técnica, estaba casi toda en manos de los sublevados,  mientras los marinos leales solo contaban con barcos pequeños y algunos submarinos. Eso permitió a los sublevados dominar por ejemplo el Cantábrico, mar en el que el crucero “Almirante Cervera” se permitía el lujo de bombardear las ciudades costeras, sin miedo a las baterías en ellas emplazadas, dado su corto alcance.

Siendo cierto lo anterior, lo que inclinó la balanza a favor de Franco, lo que derrotó a la República, fue la intervención de tropas extranjeras aliadas de los sublevados, y la falta de ayuda de los países  democráticos, decretada por  el “Comité de no intervención”.

Los facciosos contaron con la colaboración del cuerpo expedicionario italiano, que eran tropas bregadas que acababan de culminar la conquista de Abisinia en abril de 1936.
A los italianos, la tropa leal a la Republica les llamaba “fachetas”, utilizando la onomatopeya de la palabra italiana. Así figura en una de las múltiples versiones de la canción ¡Ay Carmela!:

Luchamos contra los moros,
¡Rumba la rumba, la, la!
Mercenarios, y fachetas.
¡Rumba la rumba, la, la!

Y les llamaban así porque su canción militar, impregnada del machismo del tenorio italiano, empezaba con las siguientes estrofas:

Facetta nera,
bella abissina,
aspetta e spera,
che già l´ora
si avvicina.

La intervención directa alemana se circunscribió a la Legión Cóndor. Esta unidad no solo disponía de los más modernos aviones de la aviación alemana: cazas Stuka, bombarderos Heinkel  y Junker, sino que traía consigo nuevas técnicas de ataque, como los bombardeos en picado de los Stukas. 
Unidos a los Savoia italianos, otorgaron una cobertura aérea total a las tropas de Franco.
Si alguien tuviera duda de lo anterior que indique que ciudad en manos de los facciosos fue bombardeada por la aviación leal.

Y el Portugal de Salazar también colaboró con los sublevados, facilitándoles gasolina, uniformes, y toda clase de pertrechos.

Mientras, la República solo tuvo como ayuda directa a las “Brigadas Internacionales”, tropa sin experiencia militar alguna. Y la ayuda rusa, que la propaganda franquista se encargó de henchir, fue en forma de consejeros militares, y de venta de armas por las que cobró, pero no de tropas.

Pero quien derrotó a la Republica fue el “Comité de No Intervención”.

Nota del autor: El Comité de No Intervención, fue un acuerdo,  pilotado por Inglaterra, al que se adhirió Francia, para aislar la guerra española, y que no afectase al equilibrio geopolítico del resto de Europa.
Francia se sentía rodeada por potencias hostiles: al sur la Italia mussoliniana, que afectaba a su bajo vientre,  al este la poderosa Alemania nazi, y solo podía contar, en caso de que estallara una guerra continental, con Inglaterra.
Por su lado el gobierno inglés era opuesto a la República, influenciado por personas como el corresponsal del “Times” en  Madrid, De Caux, del que Azaña escribe en su diario: El señor De Caux es católico fanático, y ha mandado al Times informaciones que podía haber firmado un jesuita” (4); o como el cónsul inglés en Barcelona que mandó un informe en el que alertaba con la posibilidad de que España cayera en “el caos de alguna forma de bolchevismo”.
Únase a lo anterior que en el gobierno conservador de Londres imperaba la doctrina del apaciguamiento; tratar de  apaciguar a Hitler a todo trance, y ya tenemos las circunstancias que por sí solas no hubieran provocado la catástrofe, pero que en conjunción la provocaron.

En el desarrollo de la guerra uno de los hitos fue la ruptura del llamado “Cinturón de Hierro de Bilbao”. Consistía éste en una serie de fortificaciones y blocados, construidos en los montes que rodean “el bocho”. La dirección de los trabajos se encomendó al ingeniero Goicochea.
Desde un principio los espías fascistas intentaron hacerse con los planos del cinturón, y por ello a finales del año 1936 dos oficiales de las tropas vascas, cogidos in flagranti, fueron fusilados.
Más éxito tuvo el traidor Goicochea, el cual, dádiva mediante, entregó los planos a los sublevados.
El cinturón, bajo las bombas de los Heinkel y los Savoia - las pavas-, duró lo que un azucarillo en un café.

Nota del autor: Para los que no lo conozcan he de decir que “Talgo” es el acrónimo de “Tren articulado ligero Goicochea-Oriol.
Los Oriol eran una familia del Tradicionalismo, que apoyó a Franco, y al nacional-catolicismo. Uno de sus miembros femeninos fue el apoyo en España del Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, el amigo del Papa polaco. Según palabras de ella misma, le apoyó porque “los jesuitas se habían vuelto comunistas”. Maciel no era comunista, solo era un degenerado: pederasta, drogadicto, e hipócrita, porque so capa de santidad había tenido varios hijos con distintas mujeres, pero no era comunista. 
Un notable ministro de Aznar es miembro de esa secta, y también lo  es un familiar de Ana Botella.  

Otro de las causas de la derrota de la República era que los responsables políticos tenían diferentes objetivos. Así de dieron casos, sobre todo en la España rural, de territorios en los que desde el primer día se abortó el golpe fascista, y allí, los mandos republicanos de esa zona consideraron que lo primordial era el reparto de tierras, y que ellos ya habían ganado la guerra. Era pues una “guerra de hambre”, que en cuanto estaba saciada disminuía, si no anulaba, el impulso bélico. Lo mismo pasó en algunos otros territorios reconquistados por los republicanos.
Ken Loach expone muy bien en su película “Tierra y Libertad” el dilema al que se enfrentó la República: ganar la guerra o repartir la tierra.

El objetivo del Ejército vasco era exclusivamente defender Vizcaya y Guipúzcoa -Álava estuvo desde el primer momento al lado de los sublevados-, y cuando vieron que la entrada en Bilbao de los franquistas era inevitable, no siguieron luchando y el 24 de agosto de 1937 se rindieron a las tropas italianas en Santoña.

Nota del autor: El vergonzante Pacto de Santoña fue auspiciado por el clero vasco, e impulsado por el cardenal Pacelli - luego Pio XII- que consiguió que el Conde Ciano -el yerno de Mussolini, al que años más tarde ordenó fusilar su suegro- ordenase a las tropas italianas respetar a los “valientes gudaris”.
Se conoció el pacto por un telegrama del Vaticano dirigido al Lehendakari Aguirre, que fue interceptado, y entregado al presidente del Consejo de Ministros, Largo Caballero. El Gobierno decidió no hacerlo público.  
Se llegó al 31 de marzo de 1939, sin que la esperanza de Juan Negrín de que empezara una guerra europea que despertase a las potencias democráticas tuviera cumplimiento.

ASÍ MURIÓ LA SEGUNDA REPÚBLICA.

Nota del autor: Juan Negrín, uno de los políticos españoles más inteligente, intuyó que era imposible apaciguar a Hitler, y que pronto empezaría una guerra en Europa, por lo que Francia e Inglaterra se pondrían del lado de la Republica, para derrotar a Franco, el protegido de Alemania.
Su error fue no acertar en el cuándo. No cayó en que Hitler no empezaría sus guerras de expansión hasta que los franquistas gobernasen en España. No quería abrir un nuevo frente.
El 1 de abril de 1939 Franco empieza a gobernar España. El 1 de setiembre de 1939 Hitler invade Polonia.  Solo mediaron 5 meses.

Continuará en la próxima entrega.

Alfredo Sancho Cavo
                                                                              

BIBLIOGRAFÍA:
(1)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados. 22/07/1932
(2)     Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(3)     Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(4)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados. 05/06/1933



   

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