BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
11ª
ENTREGA
A.1 En la democracia republicana. (Continuación)
A 2.13.Las
consecuencias de la debacle de las derechas.
Como escribí en la 10ª
entrega el resultado de las elecciones del 16 de febrero 1936 fue una “vuelta
de tortilla”, pero no una vuelta total, que era lo que Gill-Robles quería:
conseguir los trescientos diputados para, mediante la consecución de los tres
puntos de acción política que en dicha entrega se relacionan, proclamarse
dictador.
La desilusión de sus
huestes se relató en esa entrega.
Otra consecuencia, que
es digna de un sainete, fue que muchos gobernadores civiles abandonaron su
puesto sin esperar a los resultados de la segunda vuelta de las elecciones.
Nota del autor: Los gobernadores civiles eran los jefes de la
policía; quizás los que salieron de estampida tuvieran miedo de represalias por
parte de algunas personas que hubieran sido maltratadas por policías bajo su
mando, durante el bienio negro.
El presidente del
Gobierno, Manuel Portela, dimitió tres días más tarde de haberse celebrado la
primera vuelta. El presidente de la República otorga la confianza a Manuel
Azaña, a pesar de que era solo el tercer partido por número de diputados -
tenía uno menos que Gil Robles- .
El
19 de febrero, el mismo día de la renuncia de Manuel Portela, Azaña presenta a
Alcalá-Zamora un Gobierno de coalición de Izquierda Republicana y Unión
Republicana, presidido por él. No hubo por tanto vacío de poder.
Este primer gobierno
restableció las relaciones con Cataluña, interrumpidas porque durante el bienio
negro las derechas mayoritarias anularon el Estatuto. Otra de sus funciones fue
la de atender las reclamaciones que sobre los escrutinios electorales se
presentaron.
Las
provocaciones de la derecha se multiplicaron; el 12 de marzo el Vicepresidente
de las Cortes, Jiménez de Asúa, es tiroteado por un falangista, sale ileso pero
muere su escolta.
Consciente
de las incitaciones a la violencia de la Falange y de las JAP, y de que en el
PSOE había corrientes de pensamiento encontradas, que le tenían bloqueado,
Azaña hace un discurso el 3 de abril, con el que intenta calmar los ánimos. Y
el gobierno que, una vez resueltas las reclamaciones sobre las actas de diputado,
Azaña, presenta al Presidente Alcalá-Zamora el 7 de abril de 1936, eso pretende.
Está formado por
diputados de los partidos Izquierda Republica, Unión Republicana, el
general Carlos Masquelet Lacaci en el
ministerio de la Guerra, y un independiente. Ni rastro de diputados del PSOE, y
mucho menos del PC.
Este
Gobierno dura solo hasta el 10 de mayo, porque ese día Azaña fue elegido por
las Cortes Presidente de la República.
Al
ser Presidente de la República, Azaña no podía presidir un Gobierno, por lo que
es sustituido como presidente del Gobierno por Augusto Barcia Trelles, del
mismo partido que Azaña, manteniéndose en sus puestos el resto de los
ministros.
Este
gobierno legalmente era interino, por lo que el 13 de mayo cesa en sus
funciones.
El
mismo día, el Presidente Azaña, encarga a Casares Quiroga la formación de
gobierno. En el nuevo gobierno ya no hay militares - al general Masquelet se le
promociona a Jefe del Cuarto Militar del Presidente de la República-; todos los
diputados son de Izquierda Republicana y de Unión Republicana, salvo uno
perteneciente a ERC, y dos independientes. Este gobierno dura hasta el 18 de
julio de 1936, sin que el peligro comunista aparezca por ningún lado.
A 2.14.Los motivos del
golpe de estado del 36.
Intentando justificar
su traición, las derechas han acudido a todo tipo de justificaciones, a cada
cual menos plausible.
Tan pronto consiguió
la destrucción de la República, a costa de ciento de miles de muertos en la
guerra, y de la destrucción del país, ya publicaron un ‘documento’ -el papel lo
aguanta todo- de título “Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes
actuantes el 18 de julio de 1936”. Pero la falsía del dictamen queda
inmediatamente de manifiesto, porque los partidos de derechas habían aceptado
hasta el 18 de julio la legalidad de las elecciones, y por tanto la legitimidad
de los poderes.
Durante los forrenta
motivaban su sublevación en el asesinato de Calvo Sotelo. Pero el asesinato fue
¡el 15 de julio! ¿Hay alguien que haya hecho el servicio militar, que se crea
que en 3 días se puede organizar
algo como el paso del Estrecho?
Luego toda su
propaganda se basó en la amenaza del comunismo, un comunismo que en las
elecciones de 1933 sólo obtuvo un diputado, y en las de 1936 el 3,5 % de los votos.
Es decir irrelevante.
Pero, hay documentos,
y manifestaciones de los responsables del golpe de estado, que son armas de
destrucción masiva para su propaganda, porque sí aclaran los motivos por los
que iniciaron una guerra civil.
Uno
de esos documentos son los “llamados diarios robados” de Azaña. Estos diarios
son creíbles por dos razones: los escribió para él, y no para ser publicados; y
fueron publicados muchos años después, en 1997, pues habían sido robados del
consulado español en Ginebra, y entregados a Franco. Y la siguiente anotación,
hecha en 1932, deja al descubierto algunas de las razones de los generales
sublevados: “Lerroux llamó a Sanjurjo para preguntarle el estado de opinión del
ejército. Sanjurjo presentó un memorial de agravios: la oficialidad está en
gran desmayo; las filas están minadas por el comunismo; el último decreto de
retiros le parece mal.
Quieren un gobierno
republicano y de orden, contra los
socialistas” (1).
Otra arma de destrucción
masiva es el golpe de estado fallido del 10 de agosto de 1932, clara
demostración que ya querían derrocar la república, para que los militares siguieran
mandando en España. Era, una vez más, el “caudillismo”; la lacra militar que
arruinó España en el siglo XIX, y en gran parte del siglo XX.
Otros documentos refieren
como una vez reprimida la huelga revolucionaria de octubre de 1934, Gil Robles
que, como ministro de Guerra había favorecido a Franco nombrándole Jefe del
Estado Mayor Central y a Mola -a éste mucho más al reponerle en el servicio
activo y dándole el mando de las fuerzas destinadas en Marruecos-, al no darle
Alcalá-Zamora la confianza para que formase Gobierno, se reunió con Franco y
con Mola, para dar un golpe militar. Ambos le dijeron que era prematuro.
Nota del autor: Es muy difícil conocer porque ambos martes demoraron el golpe de
estado, ya que “De internis neque eclesia ; pero no parece descabellado suponer
que ellos querían dar a España un régimen militar; ser ellos los que mandaran,
y que a Gil Robles le consideraron un intruso.
Los poderes fácticos que
dieron el golpe del día 18 de julio, y que al no poder derribar al gobierno legítimo
de la República, iniciaron la guerra, luchaban
por mantener sus privilegios.
Una cuarteta que circulaba en
los tiempos de la 2ª República, explica qué era lo que les asustaba.
Igualdad oigo gritar,
al jorobado Torroba
¿Quiere vernos con joroba?
¿o nos quiere jorobar?
Analicemos
quienes eran esos poderes: Ejército, Iglesia Católica, clases pudientes. Todos
ellos enemigos de la igualdad.
El
Ejército tiene una organización piramidal, se basa en los grados. La igualdad
que se implantó en el llamado Ejército Rojo ruso tenía por fuerza que
horrorizar a los generales y jefes de entonces. Las noticias de Rusia estaban aún
frescas en la memoria de esos militares, porque no habían pasado aún ni quince
años de la revolución rusa.
La
Iglesia Católica, tiene una férrea organización jerárquica. La sacralidad de su
función les hace intermediarios de Dios, y por ello, hasta el clérigo de más
humilde extracción - condición de muchos de ellos en los años 30- se
consideraba de una clase muy por encima de la de sus feligreses, pero las leyes
de la República le hacían “ciudadano sacerdote”. Aun disminuía más su categoría
social, porque desaparecida a finales del siglo XIX la Secretaría de Gracia y
Justicia, los fondos para sostén del culto pasó a depender de las Diputaciones
y de los Ayuntamientos, y la Constitución de la República prohibía expresamente
la entrega de fondos públicos a las congregaciones religiosas y a sus miembros.
Las
clases pudientes, luchaban contra la igualdad, porque si somos todos iguales,
¿qué poderes les restan?, ¿para qué les vale el dinero si todos son iguales que
ellos? ¿Si, por ejemplo, no existen los “soldados de cuota” y no pueden evitar,
mediante su dinero que sus hijos hagan el servicio militar, y les envíen a la luchar
a Marruecos?
Todavía
en mi juventud era corriente que alguien de las clases pudientes, para
justificar una charranada dijese: Aún hay clases.
Nota del autor: Durante cerca de 40 años –más
tiempo en las provincias en las que el
golpe de estado tuvo éxito el día 18-, los franquistas han intentado levantar
polvareda para ocultar su delito. Conocen bien el dicho “con la grande
polvareda, perdimos a don Beltrán”, e intentan, con la continua polvareda que
levantan, que los españoles perdamos a don Beltrán, es decir: a la verdad.
En
la 2ª Restauración Borbónica el Grapo convicto, Pio Moa, contó con todo tipo de
apoyos para publicar decenas de libros, en los que intentó demostrar que los
franquistas no son unos facinerosos. No lo consiguió.
Respecto a uno de los imitadores
de Moa, Pedro
Fernández Barbadillo y su medio de difusión “Libertad Digital.com”, al que ya me referí en la
9ª entrega, escribiré lo siguiente:
Me enseñó
don José Castañeda Chornet, catedrático de Economía en la escuela de ingenieros
industriales de Madrid, que cuando una empresa utiliza en su nombre alguna
palabra que no viene al caso, es que
miente. Y nos citó como ejemplo AEG Ibérica de Electricidad, S.A., empresa
alemana que solo tenía de ibérica la “S.A.”
Bueno, pues
del nombre de esa publicación de la Fachoesfera -copio para calificarla el
título del libro de Dominique Albertine- en la que Fernández insulta,
solo es verdad “.com”.
Pero no
desmaye el señor Pedro, otros medios como TV Libertés, ésta perteneciente a la
“Fachosphere” porque es francesa, ha sido fundada por una persona tan conocida
por la defensa de las libertades como es Martial Bild, antiguo gerifalte del
FN, pero del de Le Pen padre, del que se dio baja porque Martine, la hija, es
comunista.
B .1 En la guerra.
B 1.1. Primeros meses.
Cuando el presidente
del Gobierno, Casares Quiroga, tiene conocimiento de las provincias en las que
los sublevados se han hecho fuertes -casi todas las de color azul del mapa de
la 10ª entrega-, intenta negociar con la Junta de Defensa Nacional fautora del
golpe, para detener la guerra civil. No obtiene respuesta.
Se
decide entonces que el partido con más afiliados, el PSOE, forme gobierno. Lo
preside Largo Caballero, que se reserva la cartera de Guerra, y en él hay 6 socialistas,
incluyendo a Largo.
Hay
una remodelación del Gobierno en noviembre de 1936, para dar entrada a la CNT, que
es representada por una ministra, Federica Montseny. Este Gobierno dimite el 16
de mayo de 1937.
Es
sustituido por otro, presidido por Negrín. Que vuelve a presidir un segundo Gobierno,
que llegó hasta finales de marzo de 1939.
Es
pues el PSOE, el partido que llevó el peso de la lucha contra los facciosos.
Los militares que se sublevaron contra la
República establecieron desde el 18 de julio de 1936, en aquellos territorios
en los que el golpe triunfó, el estado de guerra. Cuando en el transcurso de la
guerra fueron ocupando otros territorios, desde el momento en el que las tropas
de la República entregaron sus armas declararon el Estado de Guerra en ese
nuevo territorio.
Les servía de falsilla su protagonismo en más de un siglo de
levantamientos, de asonadas, de proclamas, y de vicalvaradas; de putsch, y de contrarrevoluciones. Dudo mucho que
alguno de los militares sublevados tuviera siquiera noticia del libro de Curzio
Malaparte Teoría del golpe de estado,
ni la inteligencia suficiente para entenderlo.
La publicación del llamado “Bando de guerra”,
les autorizaba a aplicar el Código de Justicia Militar, lo que permitió a los
facciosos hacer lo que ellos llamaban una “limpia”, es decir la supresión de
los que consideraban desafectos, para lo que utilizaron a mansalva los juicios
sumarísimos que, como tanto los jueces, como el fiscal y el defensor, eran
militares sublevados, casi siempre se resolvían en sentencia de muerte. La cual
se cumplía inmediatamente.
Dos ejemplos de su forma de actuar fue la ejecución de los generales
Campins y Batet.
Miguel Campins era el 18 de julio el gobernador
militar de Granada. Había sido Subdirector de la Academia Militar de Zaragoza,
de la que Franco fue director, y tenía
con éste una gran amistad. Campins, el día 18 de julio, al no tener
conocimiento preciso del alcance de la sublevación, se mantuvo leal a la
República.
El
sádico Queipo de Llano, que desde ese fatídico día había hecho “limpia” en
Sevilla, dejando las calles repletas de muertos, le llamó telefónicamente instándole a que
publicara el “Bando de guerra”, pero Campins demoró la proclama hasta el día
20. Esas horas de demora le costaron la vida. Queipo ordenó su arresto y
traslado a Sevilla. Allí fue juzgado sumariamente, y condenado a muerte. La
sentencia se cumplió el 16 de agosto.
Franco había llamado a Queipo pidiendo el
indulto de su amigo, pero éste, que competía con Franco por el puesto de
Generalísimo -hasta el 30 de setiembre no fue Franco oficialmente Generalísimo-
se negó a indultarlo.
Para tildar de sádico a Queipo me he basado
en cómo escenificó la ejecución de Campins: contra las murallas del barrio
sevillano de La Macarena; el general Campins de paisano; a las seis y media de
la mañana, poco antes de la entrada de los obreros a las fábricas; deteniendo
los tranvías que llevaban a esos pobreros a su paso por el lugar del
fusilamiento, para que quedaran aterrorizados pensando que si eso hacían a un
general qué no les podía pasar a ellos.
Queipo era un consumado terrorista.
Domingo Batet era, el día 18, General Jefe de
la VI División Orgánica, acantonada en Burgos. Era conocedor de las
conspiraciones de algunos de sus compañeros. Dos días antes se había
entrevistado con su subordinado Mola, y éste le dio su palabra de honor de que
no era uno de los conjurados. Batet le creyó. Confiado en la palabra de Mola,
Batet no se unió a los sublevados, por lo que dos de sus subordinados
inmediatos le arrestaron. Fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo, y
condenado a muerte. Fue fusilado el 18 de febrero de 1937.
Queipo de Llano de pidió a Franco que le
indultara, pero éste se negó, devolviéndole el desaire a Queipo, y dejando
claro quien mandaba porque Franco, como he escrito más arriba ya era
Generalísimo desde 1936.
Compárese
la carencia de humanidad de esos martes, a los que, según su propia expresión
“no les temblaba la pluma” al firmar sentencias de muerte, con la ética de
Azaña, que indultó a Sanjurjo de la pena de muerte, y que en su diario confiesa
la angustia que le produce tener entre sus manos la vida de una persona, aunque
sea un traidor -,léase la 7ª entrega.
Este “terror caqui” se complementó con el
“terror azul-azulete” de Falange. En este terror las antiguas JAP de Herrera
Oria, que habían cambiado de camisa, fueron un vector de barbarie.
Las banderas de Falange desde el mismo día
18, en aquellos lugares en los que se impuso la sublevación, empezaron a dar
“el paseo” a políticos desafectos, a maestros, a sindicalistas, a rector de
Universidad - fusilaron a Alas, rector de la de Oviedo, e hijo de “Clarín”; se
puede escribir sin mentir que fue asesinado en venganza por “La Regenta”-, y a
cuantos estuvieran en las listas que llevaban meses confeccionando. Bastaba una
denuncia anónima para ser “paseado”.
Y esos “paseos” terminaban en descampado con
un tiro en la nuca, y el cuerpo del asesinado tirado en una cuneta.
Ministro de Aznar hay, cuyo padre fue jefe de
una Bandera de la Falange que llenó las cunetas de su concejo con decenas de
“paseados”.
Sin embargo el Gobierno de la República no proclamó dicha situación
desde el primer momento de la agresión franquista, sino que hasta el mes de marzo
de 2039 - más de 32 meses después de la
misma - no publicó el Decreto de Estado de Guerra; tardó treinta y dos meses.
Sobre ese error escribe Juan
Benet lo siguiente: “Jamás una consolidada democracia puso en duda la
perentoria necesidad de un mando único, con poder bastante para poder moverlas
(se refiere a sus fuerzas militares) a su discreción y responsable de sus actos
ante la magistratura. Jamás una densa democracia entrevió peligro alguno en tal
delegación, en tanto el apoderado fuera uno de los suyos, tan convencido como
cualquier otro de la legítima urgencia de enfrentarse al enemigo externo para
defender la propia casa” (2).
Y prosigue dicho escritor: “Pero, ah, la República española sería
solamente democrática por nacimiento pero no por educación, tal vez por falta
de tiempo para gestar una confianza generalizada; y recelosa de sus apoderados
jamás se atrevería a entregar su ejército a un Escipión, por temor mimético a
su más descarado enemigo (aquel que ella misma se cuidó de ensalzar)” (3).
Pero las cosas complejas no tienen
explicaciones sencillas, por lo que es
necesario resaltar que siendo buenos los oficiales militares republicanos,
tanto los profesionales como los adventicios, mandaban sobre un pueblo en armas,
al que era necesario instruir para que fuese un ejército.
A la anterior dificultad se unía que la
Marina, arma mucho más técnica, estaba casi toda en manos de los
sublevados, mientras los marinos leales
solo contaban con barcos pequeños y algunos submarinos. Eso permitió a los
sublevados dominar por ejemplo el Cantábrico, mar en el que el crucero
“Almirante Cervera” se permitía el lujo de bombardear las ciudades costeras,
sin miedo a las baterías en ellas emplazadas, dado su corto alcance.
Siendo cierto lo anterior, lo que inclinó la
balanza a favor de Franco, lo que derrotó a la República, fue la intervención de tropas extranjeras
aliadas de los sublevados, y la falta de ayuda de los países democráticos, decretada por el “Comité de no intervención”.
Los facciosos contaron con la colaboración
del cuerpo expedicionario italiano, que eran tropas bregadas que acababan de culminar
la conquista de Abisinia en abril de 1936.
A los italianos, la tropa leal a la Republica
les llamaba “fachetas”, utilizando la onomatopeya de la palabra italiana. Así
figura en una de las múltiples versiones de la canción ¡Ay Carmela!:
Luchamos contra los
moros,
¡Rumba la rumba, la, la!
Mercenarios, y fachetas.
¡Rumba la rumba, la, la!
Y les llamaban así porque su canción militar,
impregnada del machismo del tenorio italiano, empezaba con las siguientes
estrofas:
Facetta nera,
bella abissina,
aspetta e spera,
che già l´ora
si avvicina.
La intervención directa alemana se circunscribió a la
Legión Cóndor. Esta unidad no solo disponía de los más modernos aviones de la
aviación alemana: cazas Stuka, bombarderos Heinkel y Junker, sino que traía consigo nuevas
técnicas de ataque, como los bombardeos en picado de los Stukas.
Unidos a los Savoia italianos, otorgaron una cobertura
aérea total a las tropas de Franco.
Si alguien tuviera duda de lo anterior que indique que
ciudad en manos de los facciosos fue bombardeada por la aviación leal.
Y el Portugal de Salazar también colaboró con los
sublevados, facilitándoles gasolina, uniformes, y toda clase de pertrechos.
Mientras, la República solo tuvo como ayuda
directa a las “Brigadas Internacionales”, tropa sin experiencia militar alguna.
Y la ayuda rusa, que la propaganda franquista se encargó de henchir, fue en
forma de consejeros militares, y de venta de armas por las que cobró, pero no de
tropas.
Pero quien derrotó a la Republica fue el “Comité de No Intervención”.
Nota
del autor: El
Comité de No Intervención, fue un acuerdo,
pilotado por Inglaterra, al que se adhirió Francia, para aislar la
guerra española, y que no afectase al equilibrio geopolítico del resto de
Europa.
Francia se sentía rodeada por
potencias hostiles: al sur la Italia mussoliniana, que afectaba a su bajo
vientre, al este la poderosa Alemania
nazi, y solo podía contar, en caso de que estallara una guerra continental, con
Inglaterra.
Por su lado el gobierno inglés era opuesto a
la República, influenciado por personas como el corresponsal del “Times”
en Madrid, De Caux, del que Azaña
escribe en su diario: “El
señor De Caux es católico fanático, y ha mandado al Times informaciones que
podía haber firmado un jesuita” (4); o como el cónsul inglés en Barcelona que
mandó un informe en el que alertaba con la posibilidad de que España cayera en
“el caos de alguna forma de bolchevismo”.
Únase a lo anterior que en el
gobierno conservador de Londres imperaba la doctrina del apaciguamiento; tratar
de apaciguar a Hitler a todo trance, y
ya tenemos las circunstancias que por sí solas no hubieran provocado la
catástrofe, pero que en conjunción la provocaron.
En el desarrollo de la guerra uno de los
hitos fue la ruptura del llamado “Cinturón de Hierro de Bilbao”. Consistía éste
en una serie de fortificaciones y blocados, construidos en los montes que
rodean “el bocho”. La dirección de los trabajos se encomendó al ingeniero
Goicochea.
Desde un principio los espías fascistas
intentaron hacerse con los planos del cinturón, y por ello a finales del año
1936 dos oficiales de las tropas vascas, cogidos in flagranti, fueron
fusilados.
Más éxito tuvo el traidor Goicochea, el cual,
dádiva mediante, entregó los planos a los sublevados.
El cinturón, bajo las bombas de los Heinkel y
los Savoia - las pavas-, duró lo que un azucarillo en un café.
Nota del autor: Para los que
no lo conozcan he de decir que “Talgo” es el acrónimo de “Tren articulado
ligero Goicochea-Oriol.
Los Oriol eran una familia del
Tradicionalismo, que apoyó a Franco, y al nacional-catolicismo. Uno de sus
miembros femeninos fue el apoyo en España del Marcial Maciel, el fundador de
los Legionarios de Cristo, el amigo del Papa polaco. Según palabras de ella
misma, le apoyó porque “los jesuitas se habían vuelto comunistas”. Maciel no
era comunista, solo era un degenerado: pederasta, drogadicto, e hipócrita,
porque so capa de santidad había tenido varios hijos con distintas mujeres, pero no era comunista.
Un
notable ministro de Aznar es miembro de esa secta, y también lo es un familiar de Ana Botella.
Otro de las causas de la derrota de la
República era que los responsables políticos
tenían diferentes objetivos. Así de dieron casos, sobre todo en la
España rural, de territorios en los que desde el primer día se abortó el golpe
fascista, y allí, los mandos republicanos de esa zona consideraron que lo primordial
era el reparto de tierras, y que ellos ya habían ganado la guerra. Era pues una
“guerra de hambre”, que en cuanto estaba saciada disminuía, si no anulaba, el
impulso bélico. Lo mismo pasó en algunos otros territorios reconquistados por
los republicanos.
Ken Loach expone muy bien en su película “Tierra y Libertad” el dilema
al que se enfrentó la República: ganar la guerra o repartir la tierra.
El objetivo del Ejército vasco era exclusivamente defender Vizcaya y
Guipúzcoa -Álava estuvo desde el primer momento al lado de los sublevados-, y
cuando vieron que la entrada en Bilbao de los franquistas era inevitable, no
siguieron luchando y el 24 de agosto de 1937 se rindieron a las tropas italianas
en Santoña.
Nota
del autor: El
vergonzante Pacto de Santoña fue auspiciado por el clero vasco, e impulsado por
el cardenal Pacelli - luego Pio XII- que consiguió que el Conde Ciano -el yerno
de Mussolini, al que años más tarde ordenó fusilar su suegro- ordenase a las tropas
italianas respetar a los “valientes gudaris”.
Se
conoció el pacto por un telegrama del Vaticano dirigido al Lehendakari Aguirre,
que fue interceptado, y entregado al presidente del Consejo de Ministros, Largo
Caballero. El Gobierno decidió no hacerlo público.
Se llegó al 31 de marzo de 1939, sin que la esperanza de Juan Negrín de
que empezara una guerra europea que despertase a las potencias democráticas tuviera
cumplimiento.
ASÍ MURIÓ LA SEGUNDA
REPÚBLICA.
Nota
del autor: Juan
Negrín, uno de los políticos españoles más inteligente, intuyó que era
imposible apaciguar a Hitler, y que pronto empezaría una guerra en Europa, por
lo que Francia e Inglaterra se pondrían del lado de la Republica, para derrotar
a Franco, el protegido de Alemania.
Su error fue no acertar en el cuándo.
No cayó en que Hitler no empezaría sus guerras de expansión hasta que los franquistas
gobernasen en España. No quería abrir un nuevo frente.
El
1 de abril de 1939 Franco empieza a gobernar España. El 1 de setiembre de 1939
Hitler invade Polonia. Solo mediaron 5 meses.
Continuará
en la próxima entrega.
Alfredo Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Manuel Azaña. Los cuadernos robados. 22/07/1932
(2) Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(3) Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(4) Manuel Azaña. Los cuadernos robados. 05/06/1933
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