BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
xiiª ENTREGA
B.1 En la belicosa paz.
Los
españoles, durante tres largos años, padecieron bajo los cascos de los caballos
de los “cuatro jinetes del Apocalipsis”: la guerra, el hambre, la peste, la
muerte. Este tercer jinete con las
enfermedades trajo la miseria, y la miseria trajo los piojos; éstos se
enseñorearon de las cabelleras de los civiles y de los combatientes.
Pero los piojos
provocan una grave enfermedad; el tifus exantemático, que en unos cuerpos
debilitados por la hambruna, y en unos tiempos en los que aún no se habían
descubierto los antibióticos, provocaba la muerte. Fue una época en la que en
boca de todos estaba lo del piojo verde.
B.1.1 La larga noche
franquismo.
A partir del 1 de
abril de 1939 los franquistas impusieron a los españoles una rencorosa, sórdida
y vengativa paz (1).
El 31 de marzo de 1939
España se acostó esperando despertar de la larga noche de la guerra. Al
despertarse el 1 de abril de 1939, España se encontró con una noche más larga (2),
los cuarenta años de la noche franquista.
Si los españoles se
habían acostado bajo el “Estado de Guerra”, el día 1 de abril despertaron,
también, bajo el “Estado de Guerra”, el cual los franquistas prorrogaron
durante otros 10 años (3).
Nota del autor: En los estertores del franquismo, cuando Franco aun
firmaba sentencias de muerte, pero ya temblándole la pluma - padecía la
enfermedad de Parkinson- , Luis Eduardo Aute escribió una desesperada canción
en protesta contra los últimos fusilamientos del Régimen. Estas son unas
estrofas de la misma; la segunda la utilice para titular este apartado y el
párrafo que le sigue:
Presiento
que tras la noche
Vendrá una noche más larga.
B.1.2 La rencorosa
paz.
B. 1.2.1 Las leyes.
En dos leyes basaron
los franquistas la persecución de las personas por sus actos y/o por sus ideas: en la “Ley del 1 de marzo de
1941 de represión de la masonería y el comunismo” y en la “Causa General”.
La primera de ellas
era una ley que vulneraba todos los fundamentos de Derecho, porque era
retroactiva.
La
llamada causa general fue un procedimiento inquisitorial instruido por el
“Fiscal Jefe de la Causa General”, y duró desde 1940 hasta 1969, ¡casi treinta años!
Se
fiscalizaban todas las acciones que desde el 14 de abril de 1931 - fecha de la
proclamación de la 2ª República- habían sido realizadas por las Cortes; los
estamentos del Estado - fuerzas armadas, jueces, etcétera-; partidos políticos
de izquierdas; y ciudadanos particulares. Pero también se fiscalizaban las
ideas, y se podía ser castigado por ellas.
También,
a partir del 1 de abril de 1939, se fiscalizaron las conversaciones; los
escritos; las salidas y las entradas de las casas en la noche; las reuniones de
varias personas. Todo aquello que a la Brigada Político-Social le sirviera para
mantener por el terror al Régimen.
Eran
confidentes de la policía los serenos, en las ciudades grandes, y casi todos los
taxistas del país.
B. 1.2.2 Los tribunales.
El
“Estado de Guerra”, les permitió utilizar los tribunales militares para saciar
su rencor. En ellos, tanto los jueces, como el fiscal, y como el abogado
defensor, eran militares. El fiscal ascendía si lograba que el reo fuera
condenado. Por el contrario, el abogado defensor podía ver pospuestos sus
ascensos si el acusado resultaba absuelto, o condenado a un apena leve.
El
juicio del socialista Julián Besteiro, da una idea cabal de lo más arriba
escrito. La transcripción exacta de las palabras del fiscal es la siguiente:
“Usted no tiene las manos manchadas de sangre, pero sus ideas le hacen
merecedor de la pena de muerte”.
Nota
del autor: Como es
sabido, Julián Besteiro, fue uno de los máximos dirigentes del PSOE y de la UGT
-llegó a ser Secretario General de ambos colectivos-. También fue Presidente de
las Cortes.
Permaneció
en Madrid hasta la entrada de las tropas franquistas, que le detuvieron. Un
juez militar incoó un proceso desde el mismo día de su detención.
Sometido a
juicio sumarísimo por un tribunal militar, fue condenado a cadena perpetua por un delito de rebelión militar.
Era un
hombre moderado, como reconoció el fiscal.
Si se acude
a Wikipedia, esa página que los revisionistas partidarios del franquismo,
tergiversan, o edulcoran, se lee que el fiscal militar, antiguo alumno suyo en
la Universidad, le dijo lo siguiente: “Pero solicito la pena de muerte (…) por
el crimen de haber promovido un socialismo aceptable mediante la moderación”.
¿Por qué
eluden los manipuladores de la página arriba citada lo de citar explícitamente
las “ideas”? Porque condenar por las ideas tiene una calificación: genocidio.
Esta es la
acepción que aparece en el DRAE: Exterminio o eliminación sistemática de un
grupo humano por razones de raza etnia, religión, política, o nacionalidad.
Eran las
ideas políticas socialistas, lo que los franquistas querían erradicar. Para
ello cometieron genocidio sobre muchos socialistas, delito que, como los de
lesa humanidad, no prescribe. Y esa es la causa de que se opongan en las Cortes,
en las Diputaciones, y en los Ayuntamientos, a la Ley de Memoria Histórica.
Esas heridas que según el PP se abrirían son las suyas, no las de los
familiares de los asesinados. Se les abren las carnes por el miedo a que se
sepa que algunos de ellos son reos del delito de genocidio, o lo han sido
algunos de sus ascendientes.
B. 1.2.3 Las penas.
Cualquiera
que fueran los cargos que al reo se le imputasen, había un delito del que
siempre se le acusaba: Rebelión militar. Este cargo, de confirmarse, tenía la
pena de prisión mayor, es decir: 30 años y un día en la cárcel.
Nota
del autor: Cuando
escuchaba a alguien lo de “rebelión militar” siempre me indignaba por el
cinismo de quienes se sublevaron e iniciaron el 18 de julio una guerra. Supongo
que también se indignarán quienes no son franquistas y que aún razonan, dado el
contradiós que supone que algo que es
obvio: los sublevados fueron ellos, acuse de sublevarse al que sufrió la
sublevación.
Pero, al
escribir la “Radiografía del PSOE”, me obligué a intentar ser lo más ecuánime
posible al tratar las cuestiones que le concernían. Por ello, en el asunto de
la rebelión me puse del “otro lado del mostrador”, intenté pensar como un
franquista. Y llegué a la conclusión de que tienen razón. Fueron los demócratas
los que con las armas de sus votos se sublevaron contra quienes “tienen la
costumbre de mandar”; y no lo podían
tolerar.
Para
comprender su mentalidad he recurrido a la intrahistoria, esa sección de la
Historia que nos permite conocer la “vida tradicional, que sirve de fondo
permanente a la historia cambiante y visible”. Y la herramienta que he
utilizado para conocer la intrahistoria de principios del siglo XX, espacio
temporal en el que los franquistas y los demócratas dirimieron sus diferencias,
fue “el lenguaje”.
El lenguaje,
si se sabe interpretar, nos da toda la información sobre la intrahistoria de la
época en que era usado. Es como esos pictogramas que han sustituido al código
de barras, y que leídos por un teléfono móvil que disponga de la aplicación
adecuada, pueden dar desde la trazabilidad de un producto - tipo, precio,
composición, fabricante, etcétera- hasta el catálogo completo de una exposición
de pintura, incluyendo las biografías de los pintores.
He elegido la letra de dos canciones que dan
cumplida información sobre el contexto sociológico de aquellos tiempos.
Una es de una isa, la composición musical canaria.
La letra dice así:
Nos íbamos a
casar al final de la jornada
Pero el
patrón me pidió
¡Ay! me
pidió
Su derecho
de pernada
El patrón se
la llevaba
El patrón se
la llevó
Él se fue
para la tumba
Y en la cárcel
quedé yo
La, trágica
letra, contrasta, brutalmente, con el alegre ritmo de isa.
La otra es
de la zarzuela “La Rosa del azafrán”; son dos estrofas del dúo entre el ama y
el mayoral de la casa:
Reírse
quiere el ama
Del rústico
gañán.
Ambas letras
son todo un tratado de sociología. Los que “tenían costumbre de obedecer”
osaron sublevarse democráticamente contra amos y patrones.
B. 1.2.4 La
persecución del PSOE.
Desde
el mismo día 18 de julio, en aquellos lugares en los que la sublevación se hizo
fuerte empezaron los fusilamientos de socialistas.
Una
de las primeras víctimas del “terror caqui” fue el gobernador civil de Ávila, Manuel Ciges
Aparicio, que había sido antes gobernador civil de Baleares cuando Franco
fungía de gobernador militar. Evidentemente el de la voz atiplada no debió congeniar
con él, porque lo fusiló el 4 de agosto
de 1936.
Y
una vez muerto le sometió a una muerte más vil, la de su desaparición de la Historia.
Hacía lo mismo que el régimen comunista, al que tanto criticó: destruir sus
libros; destruir los retratos en los que figuraba, por ejemplo los de
gobernador; destruir todo aquello que demostrara que había existido.
Nota
del autor: La Historia
es como un cesto de cerezas porque, como esa fruta, al investigar la historia
de una vida se enredan con ella otras historias. Por ello me voy a detener a
escribir sobre el periodista y novelista Ciges Aparicio, porque su historia se
enreda con la historia de Asturias y, aunque de forma muy colateral, con mi
propia historia.
En el año
1906 Ciges fue encargado por el periódico “Vida Nueva” de informar sobre la
huelga que había en las minas de Mieres. Era la que se llamó “La Huelgona”, por
esa tendencia al aumentativo que tenemos los asturianos.
Ciges se
instaló en Mieres varios meses, lo que le dio tiempo a escribir la novela “Los
vencedores”
Las minas en
huelga eran propiedad de la familia Guilhou, dueños a su vez de la siderúrgica
“Fábrica de Mieres”, que fundó su padre, el francés Numa Guilhou. Ciges, al
contar la verdad en sus reportajes sobre la poderosa familia se granjeó su odio,
y tuvo que escapar de Mieres porque su vida peligraba.
Esa huelga
forma parte de la historia de Asturias, porque para reprimirla se utilizó el Ejército,
y uno de los oficiales destinado a la represión fue Franco. Nueve años más
tarde, éste fue trasladado a Oviedo, donde le conocían como “el comandantín”.
Allí se casó.
Y forma
parte de mi vida, porque la casa donde nací está en la calle Numa Guilhou.
Según
ocupaban nuevas poblaciones los franquistas enjuiciaban a cuanto socialista
conocían, o era denunciado. El juicio, bajo el “Estado de Guerra”, solía acabar
en una sentencia de muerte.
Pero
no les bastaba para saciar su rencor asesinar a los socialistas que
permanecieron en España, sino que a aquellos que se exiliaron en Francia los
persiguieron con la ayuda inestimable de la Gestapo, que los detenía y los
entregaba a la policía franquista.
Los
entregados por la Gestapo fueron muchos, pero dos casos son especialmente
significativos porque su único delito fue escribir, fue ser periodista.
El
primero de ellos es Francisco Cruz Salido, redactor jefe de El Socialista. Los militares lo odiaban
porque, como ya comenté en la 7ª
entrega, publicó un artículo en dicho periódico en el que no quedaba muy bien
parada la virilidad de los capitanes. Fue fusilado por ello.
No
tenía las manos manchadas de sangre, pero fue igual, el odio le condenó.
El
segundo Julián Zugazagoitia, fue director de El Socialista, y en los últimos meses de la guerra, fue el ministro
de Gobernación que firmó los salvoconductos de gerifaltes del fascismo como Sánchez Mazas - Cercas escribió sobre él
la novela Soldados de Salamina-, como Fernández Cuesta; o, simplemente, de
personas fascistas como el escritor Wenceslao Fernández Flórez. Esos
salvoconductos les permitieron pasarse al bando sublevado sin riesgo para su
vida.
Fue
fusilado por permitir la publicación del artículo de Cruz Salido.
No
tenía las manos manchadas de sangre, pero fue igual, también el odio le
condenó.
Otro
político entregado por la Gestapo a los franquistas fue el President de la
Generalitat, Lluis Companys. Fue fusilado en Montjuic, en circunstancias hoy
conocidas.
También
intentaron traer a España a Largo Caballero que estaba exiliado en París. Le
salvó, que dos días antes de que los nazis entraran en esa ciudad, se trasladó
a Albi, ciudad que estaba en la parte
francesa bajo el gobierno de Vichy, donde vivía su compañero en el PSOE,
Rodolfo Llopis-. Así y todo, los franquistas no cejaron, y pidieron su
extradición. Fue juzgado y denegada la extradición.
Casi
al final de la guerra los nazis invadieron la zona del gobierno de Vichy, y la
Gestapo lo detuvo. Lo llevaron a Berlín donde le interrogaron. Por ultimo lo
encerraron en uno de los siniestros Lager,
el de Sachsenhausen . Lo liberaron las
tropas de la URSS en su avance hacia Berlín.
La
lista de afiliados al PSOE fusilados por los franquistas es muy larga. Más
larga aún es la de afiliados presos en las terribles prisiones del Régimen, en
cada una de cuyas celdas se amontonaban hasta 12 personas, que dormían en el suelo,
muertos de frio, mal comidos, llenos de miseria, y oyendo el ruido de los
cerrojos que anunciaban las sacas de los presos que serían inmediatamente fusilados
contra los muros de la cárcel.
Eso
era lo peor de todo, la angustia de saberse condenado a muerte, sin conocer al
sonar los cerrojos de tu celda si eres tú uno de los que vienen a buscar.
Entre
asesinados y presos el PSOE quedó diezmado.
Pero
el rencor y el odio permanecían aún en los franquistas. Una prueba de ello es
el asesinato de 19 socialistas de la cuenca minera asturiana el 13 de abril de
1948.
La
escenificación de cómo les dieron muerte demuestra que lo escrito al comienzo
de este párrafo no es una insidia; volcaron sobre ellos todo su odio. Las
llamadas Brigadillas - una especie de somatén- los fue a buscar casa por casa,
y los llevó andando hasta una sima del Concejo de Laviana conocida como Pozo Funeres. Cuando llegaron al
mismo siguieron torturándoles de palabra y obra, fueron arrojando uno a uno al
hondón, y cuando ya los habían tirado a todos, sacaron bombas de mano y los
bombardearon para asegurase de que los habían matado.
Pudieron
asesinarlos impunemente porque aun regía el “Estado de Guerra”, que no fue
derogado hasta el año siguiente.
Otra prueba de ese
odio es el viaje a Méjico, por los mismos años, de un grupo de pistoleros falangistas,
para atentar contra los líderes socialistas que se habían exiliado. Interceptados
al llegar a ese país, alegaron que habían viajado a Méjico ¡para propagar las
doctrinas del Movimiento! Y no mentían, porque era doctrina del Movimiento eliminar
a los demócratas.
B.1.3 La
intrahistoria.
El 1 de abril de 1939,
en la España que empezaba a amanecer, las personas de bien, descubrieron que su
Patria había devenido en un país de personas corruptas y soeces. “Un país
diezmado y quimérico, en el que ni germinarían las ideas nuevas y modernas ni
volverían a cultivarse los antiguos jardines”. (4)
La intrahistoria de
España desde 1939 a 1954 nos da la imagen de un país absolutamente corrompido.
La palabra dominante era: “estraperlo”, ese vocablo que se aplicó para definir
la venta de productos racionados por el Régimen, y que habían sido obtenidos
por métodos fraudulentos.
Todo estaba racionado:
el pan; el aceite; las patatas; las legumbres; el jabón; el café; el tabaco; la
gasolina -los vehículos utilizaban un artefacto llamado gasógeno que quemaba coque
o carbón vegetal, en un recipiente cerrado, es decir en atmosfera pobre de
oxígeno, lo que producía monóxido de carbono, que era lo que se enviaba a los
cilindros del motor- ; el hierro; el cobre; el carbón; la penicilina, la
terramicina; y hasta las medias de nilón.
Las empresas tenían
asignados cupos de materias primas, por ejemplo hierro, para sus fabricados.
Los precios de los cupos estaban regulados por la Comisaría de Abastecimientos
y Transportes, la CAT, y eran dos o tres
veces menores que los que se obtenían si el material se vendía de estraperlo.
Por ello algunos fabricantes redondeaban sus ganancias desviando parte de los
cupos al estraperlo.
Los
campesinos tenían que entregar parte de sus cosechas a la CAT, a precios
regulados, lo cual evitaban ocultando parte de las mismas. Por eso, hacia las
comarcas agrícolas cercanas a las ciudades, se desplazaban diariamente cientos
de personas para adquirir los productos ocultados; eran los estraperlistas.
Naturalmente tenían que pagar al agricultor un precio superior al que le
hubiera pagado la CAT, pero al estraperlista le compensaba porque en la ciudad
le pagarían varias veces más por el producto.
Y al regreso del estraperlista
a Madrid o a Barcelona, a cualquier ciudad grande, bien fuera en autobús - se
les llamaba la línea- bien fuera en tren, cuando éstos estaban cerca la
estación era de ver el tirar sacos por las ventanillas para que los recogieran
los cómplices que esperaban, y evitar la confiscación de la mercancía por los
“fiscaleros”, nombre que se daba a los agentes de la CAT.
Pero
el pequeño estraperlista era corrupto para sobrevivir; otra cosa eran los
grandes estraperlistas, estos estaban corruptos hasta la médula, y se valían de
su puesto dentro del Movimiento, o de sus relaciones con jerarcas de él.
Entre ambos una
población inerme a los que los anteriores desplumaban.
Era los tiempos del
realquilado con derecho a cocina.
B.1.4 SURESNES.
Entre
el 11 y el 13 de octubre de 1974 se celebró el XXVI Congreso del PSOE en
Suresnes, población cercana a Paris. En él presentó su candidatura a Secretario
General un joven del PSOE del Interior, que utilizaba el alias de Isidoro para burlar a la policía
franquista.
El temor a ser
descubierto por la policía no era infundado, el 7 de Junio de 1975 la Brigada Político-Social
retiró el pasaporte a Felipe Gonzáles y
a Enrique Múgica.
Competía con Rodolfo
Llopis, que representaba al “PSOE de la guerra civil y del exilio” (5).
Fue Luis Yañez, que
era Secretario de Relaciones Exteriores, el que llevó la negociación con el
PSOE del exterior para la celebración del Congreso. Llegó a Suresnes acompañado
de Felipe González (Isidoro) y de Alfonso Guerra.
En
la votación Felipe González obtuvo 3.252 votos representados. El PSOE de 1974
no tenía en total ni 6.000 afiliados; como ya escribí, había sido diezmado por
los franquistas.
Los que votaron a Isidoro, fueron los afiliados de
Andalucía, Asturias, Madrid y País Vasco, los cual es lógico porque en las tres
últimas tanto el PSOE como la UGT tuvieron una gran implantación
En frente un Rodolfo
Llopis, que había hibernado el partido.
Las disputas entre los
socialistas del exterior y de los del interior empiezan en 1972. Los del
interior logran que se celebre un congreso en Toulouse, y del cual sale una
ejecutiva colegiada. Llopis, que no había querido asistir, organiza otro
congreso en esa misma ciudad - era la sede del PSOE- y se proclama como “el
PSOE verdadero”. Felipe González dice que lo mismo.
Nota del autor: ¿No recuerda lo anterior a las actuales disputas?,
¿a la creación de la gestora? Felipe González no dudó en dividir al partido
para curarle de su afección de catalepsia; ni en cortar algunas ramas secas si
con ello galvanizaba al PSOE. Parece que
tenía más miedo a la inoperancia, al ensimismamiento en el que estaba sumido el
partido (6).
Y ese es el error de los componentes de la gestora,
miran hacia un tiempo ido: el de las cuatro legislaturas con mayoría absoluta;
dormitan sobre
laureles cuyas hojas ya están secas.
La comparación entre los 128.000 afiliados que
tenía el PSOE en 1914 y los que tenía cuando
Suresnes, da idea de la magnitud del desmoche conseguido por los franquistas.
Y, en otro orden de cosas, la comparación del
número de militantes actuales, algo más de 170.000, con el número de afiliados
en 1914, o la comparación con los 815.000 afiliados actuales del PSD -el
partido socialista alemán- , es un síntoma de que el “esqueleto” del PSOE
actual, a pesar de sus 6 legislaturas gobernando, es el de un club político, y
no el de un partido volcado a los votantes. Su actual “osamenta” no soportaría el
peso de los diez millones de votos que necesita para tener mayoría absoluta.
Continuará en la próxima
entrega.
Alfredo
Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(2) Luis Eduardo
Aute. Al alba.
(3)
Alberto Reig Tapia. La Cruzada de 1936
(4) Juan Benet. Herrumbrosas lanzas.
(5) Felipe
González. Informe Semanal.
(6) D.R.A.E. Recogimiento en la intimidad de uno mismo,
desentendido del mundo exterior.
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