Alfredo Sancho Cavo
Existe un largo tiempo de relaciones entre el PP y el HSBC. Parafraseando la película
Casablanca: ¿cuándo fue el comienzo de esa buena amistad?
Parece ser que fue cuando el SHBC organizó la visita de José María Aznar, entonces en la
oposición, al corazón de Londres: a la City, la sede del poder financiero, es decir del
PODER. Desconozco quien corrió con los gastos producidos ‐ avión, hoteles, cocteles y
ágapes, etcétera ‐.
Tiempo después, cuando el partido que estaba en la oposición era el PSOE, y Rodrigo Rato
Figaredo era el poderoso vicepresidente del Gobierno de España, las empresas de la
familia de Rato Aguas de Fuensanta y otras‐ pasaban por problemas económicos.
Un diputado cuyo nombre no he retenido, pero que me parece que pertenecía al partido
citado en el párrafo anterior, se levantó en su escaño y dirigió a Rato la siguiente andanada: “su familia ha recibido un crédito en condiciones preferentes del SHBC”. Parece
que a don Rodrigo le persiguen las “preferentes”.
Pero, ¡ah! El señor Rato Figaredo, replicó muy terne: “me querellaré contra quien diga
eso”. Y el diputado cuyo nombre desconozco se arrugó.
Es lástima que puedan llegar al Congreso personas como el diputado citado anteriormente,
que desconozcan los principios más elementales de la batalla política: su error fue plantear
una cuestión sin tener pruebas, lo que convirtió en derrota lo que él pensaba que iba a ser
una gran victoria.
Si no se hubiera encogido habría podido emplear lo que más adelante se supo: que quizás
no hubo créditos preferentes, pero que, qué casualidad, el máximo responsable del HSBC
en España fue rápidamente exiliado a otro país. Desconozco si a Suiza para instaurar en el
HSCB de Ginebra la trama delictiva que ha denunciado Falciani en su larga y famosa “lista”.
Ahora en La Moraleja y en la calle Génova la conversación de moda es: ¡Ay, hijo (vale hija
también), si no estás en la lista Falciani no eres nadie! Nota del apuntador: hay que
decirlo con voz gangosa. ¿Y ahora nos viene Montoro diciendo que va a investigar si los españoles que figuran en la
lista Falciani han delinquido? Como le diría un castizo, hablando por la comisura de la boca
en la que no tiene el pitillo, y arrastrando las palabras: ¡no me cuente milongas, menistro!
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