sábado, 13 de junio de 2015


ALFREDO



¡Oh!
¡Oh, qué alivio!, eso ha sido lo que salió de mi boca al leer en el teletexto de TV- PP que, ¡por fin!, “esa señora” había sido defenestrada.
¡Oh, qué alivio!, eso fue lo que sentí cuando mi cerebro relacionó la noticia con la consecuencia: los pajarracos siniestros, las gaviotas ladronas y carroñeras, ya no se enseñorearán del cielo de Madrid, desde ahora habrá en esos cielos más ruiseñores que pajarracos.
¡Oh, qué alivio!, esta vez no hubo tamayazo, y las personas decentes, las personas de bien       - como le gusta decir al señor Quiensoy- han ganado, hemos ganado.
Esa ave carroñera que el PP eligió como emblema, es la representación simbólica de lo que realmente son algunas personas que dirigen ese partido. La gaviota mata pollos de otras aves, le roba del pico a los frailecillos los pececillos que traen para sus crías.
“Esa señora” hacia algo similar: restringía las becas de comedor para los niños, no abría los comedores escolares en verano para que los niños que pasan hambre tuvieran al menos una comida diaria, pero le daba subvenciones – los pececillos del frailecillo -  de 500.000 € al año a la ultramontana Hazte Oír, organización que según una investigación realizada por el Obispo de Getafe se ha aliado con un colectivo de origen mejicano llamado el Yunque, considerada como una secta muy peligrosa.
“Esa señora” de la foto, que al enterarse que había perdido Madrid se convirtió en la viviente representación de la letra del tango: “sola, fané, descangallada”, ya no podrá seguir vertiendo su maldad sobre los más humildes.
“Esa señora” se ha convertido en un desecho de tienta político.


Foto de Gorka Lecarcegi

Pero, volviendo a la letra del tango: muchos votantes  al PP  en la segunda vuelta del tamayazo podrían aplicarse lo de: “esa fue la dulce metedura donde yo perdí el honor” porque en la dulce metedura de la papeleta en la urna perdieron el honor, al apoyar al violador y castigar electoralmente al violado.
¿Qué me dice usted? ¿Qué no se acuerda de aquello? ¿No recuerda a dos sujetos, un hombre llamado Tamayo, y una mujer apellidada Sáez, ambos representantes del PSOE, que se escondieron en un hotel pagado por un constructor, para no dar la cara en la sesión de investidura de Simancas? Con razón dijo Gemma Nierga que los votantes teníamos memoria de pez.



Esos votantes quizás prefieran no acordarse, pero en esa votación, en esa “metedura”, perdieron su honor. Deben recordar que fueron sus votos los que desencadenaron la entrega de la Sanidad Pública – cuyos activos eran consecuencia de lo pagos de generaciones de españoles- a empresas para las que la Salud es un negocio como otro cualquiera, por ejemplo la comida rápida. Y lo que más me entristece es que esas personas son en su mayoría de mi edad, es decir: los que más necesidad tenemos de una Sanidad Pública, gratuita, y de calidad.

De todas formas le ha venido bien perder la alcaldía, porque si hubiera ganado se habría vestido de modistilla y hubiera ido a "San Antonio por ser un santo casamentero", como dice un coro de la zarzuela Luisa Fernanda, y hubiera consumado lo que dice el tango: "chueca, vestida de pebeta, desnuda y coqueteando en su denudez, parecía un gallo desplumao mostrando al compadriao su cuello picotao".



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