sábado, 22 de abril de 2017

BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
9ª ENTREGA
A.1 En la democracia republicana. (Continuación)

A 2.8. La caída de Azaña 
Las generaciones que cuando se proclamó la 2ª República aún no habíamos nacido, tenemos la errónea impresión que los republicanos eran personas de pensamiento izquierdista. Conozco a algunas personas de ideas izquierdistas que llevan en la billetera la enseña republicana porque asocian República con izquierdismo, y están absolutamente equivocados en el silogismo.
Las personas que en el primer tercio del siglo pasado impulsaron el advenimiento de la República eran personas de clase acomodada, e incluso de clase pudiente, por tanto cultivadas; pero no eran de izquierdas. Pertenecían a la burguesía; eran una élite de la sociedad de entonces, muchas de ellas ateneístas.
Para confirmar lo anterior basta con nombrar a tres de los que más batallaron por implantarla: José Ortega y Gasset, Miguel Maura, y Manuel Azaña.
Creían que el mal de España era culpa de la corrupción de los Borbones, y de la de sus cortesanos, y que bastaba con echarlos a ellos del país y traer a la República. No entendieron que el mal de España era el propio pueblo español: personas analfabetas en su gran mayoría; y que tenían “costumbre de obedecer”.
Por eso idealizaron la República, quizás quisieron copiar los valores de la República Francesa, pero solo copiaron el de Libertad, y se olvidaron de los otros dos valores: Igualdad y Fraternidad. Lo cual no debe extrañarnos porque la igualdad con el pueblo, a ellos, que se consideraban una élite, les debía de producir erisipela.
Como figuraba en la 8ª entrega, Alcalá-Zamora, asustado por el ambiente político que había contra Azaña, encargó a Indalecio Prieto la formación del Gobierno, pero no lo hizo por simpatía hacia él, sino porque el PSOE era la minoría mayoritaria en las Cortes.
Al no permitirle sus compañeros del PSOE formar gobierno, el Presidente le pasó el encargo a Marcelino Domingo, cuyo grupo seguía en escaños en el Congreso a ese partido. También Domingo tropezó con el escollo que suponía integrar a los lerrouxistas en el gobierno, tal como deseaba el Presidente, por lo que éste, para no disolver las Cortes y convocar elecciones, renovó su confianza a Azaña.

Como ya escribí en la entrega del viernes pasado, Alcalá-Zamora, en busca de ese centro político que solo existe en la mente de algunos políticos, buscó incorporar al Gobierno a partidos de derechas. Esto cuenta Azaña que les dijo el Presidente de la República:
“Examinemos la situación política: la composición del parlamento no se corresponde fielmente a la del país. Hubo ya una desviación inicial porque las fuerzas de la derecha, cohibidas o asustadas en aquellos primeros momentos no llevaron a las Cortes la representación correspondiente a su realidad numérica en la nación” (1).

Para ensanchar la base electoral de su Gobierno, como como le pedía el Presidente, Azaña incorpora a ERC y, aunque a regañadientes, al Partido Federal, para lo que nombra ministro a Franchy Roca, dirigente de ese partido. Logra así una mayoría confortable en el Congreso, lo que le permite lograr la aprobación de las leyes que estaban pendientes
Sobre ese ministro escribe Azaña la siguiente maldad: “Cuando se levantó el Consejo, Casares me dijo: -Este señor Franchy ni siquiera es tonto”. (2).

La oposición, crecida por la mala gestión que Azaña hizo de Casas Viejas, intentaba impedirle gobernar, utilizando para ello el filibusterismo, y haciendo el jabalí. Así lo escribe Azaña en su diario: “El discurso de Lerroux, como pieza oratoria es muy flojo, y como polémica peor. Ha caído en el nuevo modo de argumentar puesto en uso, como los jabalíes del tipo de Ortega y de Balbontín. Dan por cierto un hecho, y en cuanto se les desmiente tocan retirada. Lerroux ha levantado mucho la voz, acusando, como si lo supiera con certeza, al ministro de la Gobernación, de haber ordenado a los gobernadores civiles que no obedeciesen al nuevo Gobierno, si nos sucedía un ministerio lerrouxista; y al protestar Casares, muy indignado, contra semejante patraña, Lerroux  ha recogido velas, viniendo a decir: ¡Ah! Bueno, bueno, si usted lo niega, será así; pero quizás algún funcionario a sus órdenes…etcétera, etcétera” (3)

Nota del autor: El filibusterismo es una forma de entorpecer la labor de un Gobierno acosándole a preguntas. Azaña señala que un diputado llegó a presentar más de 500 preguntas al Gobierno sobre un proyecto de ley.
En nuestros días, una diputada del PP, asturiana, presentó al Gobierno Zapatero unas 800 preguntas. Esta persona es descendiente del sastre que prestando dinero a los vástagos de la decadente aristocracia ovetense hizo una inmensa fortuna; se considera que la fortuna de sus herederos, ella es uno de ellos,  es la mayor de Asturias.
Se sobreentiende en el texto de Azaña que Casares era el ministro de la Gobernación.
Hacer el jabalí es tratar de menoscabar la confianza en el Gobierno, es una versión ‘light’  del “calumnia que algo queda” de los falangistas. Lo importante de lo escrito por Azaña es que “Ortega” es Eduardo Ortega y Gasset, hermano de José Ortega y Gasset, el que en su discurso ante las Cortes Constituyentes en 1931 dijo: “Tres cosas que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí.”, y el que más tarde dijo:”¡No es eso! ¡No es eso!” Claro que también escribió: yo soy yo, y mi circunstancia, y posiblemente tuviera un discurso distinto para cada circunstancia.
Sin embargo, inasequible al desaliento, Ramírez, el que otrora firmaba Pedro J. Ramírez, escribe una diatriba contra las alcaldesas Carmena y Colau, el 20 junio de 2015, en ese panfletillo que publica, acusándolas de “hacer el jabalí”, lo cual es una contradicción es sus términos, puesto que ellas son el gobierno local, y por tanto, ¿contra qué gobierno hacen el jabalí? Este ‘conspiranoico’ sujeto, cuya ignorancia unida a su facundia le hace incurrir en frecuentes ‘arquitrabes’, no quiere darse cuenta de que ya solo es un kleenex desechado por los poderes económicos; ya no les útil puesto que ya gobiernan, e incluso tienen en el Gobierno Rajoy un ministro: Guindos.

Para Azaña la conjunción republicano-socialista, cuyo Gobierno presidía, era un medio pero no un fin. Nada más alejado de la ideología de Acción Republicana, el partido que Azaña fundó en 1925, que la ideología del partido que fundó en el siglo XIX don Pablo Iglesias. Lo cual aclara lo que consigna en su Diario: “La protesta contra los socialistas aumenta, y es aprovechada por toda la oposición antirrepublicana. La protesta no nace de la legislación social; vine de abajo arriba, y surge del conflicto cotidiano entre propietarios y braceros” (4).
Vuelve a Azaña, pocos días después, a retomar el tema, sobre el que escribe:” Nos reunimos los de Acción Republicana para examinar la bases que han presentado los radical-socialistas, como programa de un Gobierno de coalición. Lo que tienen de intencionado, va contra los socialistas lo demás, o es francamente absurdo, o no tiene valor ni interés alguno. (…) Como la presión antisocialista viene de los campos donde la lucha entre braceros y propietarios es más violenta, el efecto se nota en los diputados por las provincias manchegas, andaluzas y extremeñas” (5).

Nota del autor: Parece que Azaña, cuando escribe lo anterior, quiere poner sus reflexiones sobre el particular por escrito, para luego llevar a sus correligionarios una decisión que tenía tomada hace tiempo: un gobierno solo de republicanos, presidido por él. Y la protesta de los pequeños propietarios agrícolas, que eran parte muy importante de sus votantes, era un argumento de peso para convencer a sus huestes de abandonar a los socialistas.

Sin embargo, en menos de un mes los radical-socialistas, o algunos de los fundadores de ese partido como Marcelino Domingo, cambiaron de idea. Al menos eso es lo que escribe Azaña en su Diario: “Marcelino Domingo pronuncia un discurso en un teatro de Madrid, replicando lo que dijo Gordón la semana anterior. (…) Domingo, que más de una vez, en conversaciones particulares, me ha dicho que <<ya era bastante de socialismo>>, se lanza sin reservas en su discurso a la unión con los socialistas”. (6).

Nota del autor: Marcelino Domingo Sanjuán fundó, con Álvaro de Albornoz, el Partido republicano radical-socialista en 1929, y Gordón era uno de los dirigentes de ese partido.

Las leyes pendientes se iban aprobando en la Cámara, y Azaña empieza a darse cuenta de que si el gobierno dimite habrá nuevas elecciones, y los partidos que lo componen se presentaran cada uno por su cuenta, con lo que la victoria de las derechas sería segura. Empieza entonces a echar sus cuentas, y escribe en su Diario lo siguiente:
“Quisiera cerrar las Cortes antes de setiembre y convocar elecciones parciales para primeros de octubre. Hay cerca de treinta vacantes. De ellas, yendo juntos los partidos que están en el Gobierno podríamos ganar doce o catorce  puestos, los demás serían para los radicales y las derechas. Mientras estemos en el Gobierno, la coalición electoral puede realizarse sin dificultad, y en muchas provincias, en las que hay una sola vacante, ganaríamos las mayorías, pero en cuanto el Gobierno se deshaga y los socialistas salgan del poder, será dificilísimo que se pongan de acuerdo con los republicanos para las elecciones. (…) Lo que puede esperarse en unas elecciones parciales, mientras subsista este Gobierno, que puede imponer cohesión y disciplina a los partidos que lo forman, no serían probables una elecciones generales, presididas por otro ministerio, porque en cuanto éste se descomponga cada partido querrá ir por su lado”.(7) .

Nota del autor: Azaña comete un lapsus en esta anotación, pues deja al descubierto que no considera a los socialistas como republicanos de ahí la distinción que hace en la frase ‘y los socialistas salgan del poder será dificilísimo que se pongan de acuerdo con los republicanos para las elecciones’.
Azaña, tiene base para dudar que los socialistas sean republicanos, porque la realidad mostrada por aquellos en 1925 era de connivencia con la monarquía. Era entonces, Julián Besteiro, presidente del PSOE, y Secretario General de la UGT, y en un error político grave, propone al partido colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera, lo que equivale a sostener a Alfonso XIII.
Indalecio Prieto se opone y se exilia; al poco tiempo, Largo Caballero, que había creído en la palabra de Primo de que tan pronto saneara la economía dejaría el poder, se cae del burro al ver que éste se aferra al sillón, y se une a Indalecio Prieto en su lucha por lograr el establecimiento de la República.
    
El miedo de Azaña al desastre se acentúa, según lo demuestra la anotación que pocos días después hace en los Cuadernos Robados. “¿Quién nos sustituirá? ¡El lerrouxismo! ¡Adiós República, si cae en tales manos! (8).
Su inquina hacia El Presidente aflora de nuevo, y escribe en su Diario: “Fernando ha estado  ayer en La Granja y don Niceto le habló mal de Pascua, a quien odia porque Pascua y otros diputados socialistas, médicos, se opusieron a la elección de don Niceto alegando que está loco. Y don Niceto lo sabe” (9).

Nota del autor: Pascua es un diputado socialista al que Azaña ofrece ser embajador.

Los socialistas se dan cuenta de que Azaña intenta “hacerles la cama” y le niegan su apoyo, con lo que el Gobierno cae.

El 12 de setiembre de 1933, Azaña resigna.

A 2.9. La destrucción de la República  
El Presidente ve la ocasión de cambiar la legislación poco tiempo atrás votada, especialmente la que regula las relaciones entre la iglesia católica y el Estado, cuya aprobación fue para él, clerical convencido, un trágala.
Para ello disuelve las Cortes y convoca elecciones generales para el 19 de noviembre, en las que las mujeres, por primera vez en España, tienen el derecho de ejercicio del voto.

El preámbulo del decreto de  convocatoria da la razón a los médicos que diagnosticaron la insania mental del Presidente, porque contiene la siguiente frase: “Buscar orientación y armonía definitiva, acudiendo a la consulta directa de la voluntad popular”

Las elecciones se celebraron a doble vuelta, con listas abiertas, condiciones electorales bastante modernas, y que otros países europeos - Francia, por ejemplo- están aplicando todavía- : por ejemplo, que en la segunda vuelta solo participaban aquellos que hubiesen alcanzado, al menos el 8% de los votos.

Las derechas, que en las elecciones de 1931 se presentaron desunidas, en éstas lo hicieron coaligadas con el nombre de Unión de Derechas y Agrarios, pero era la Confederación de Derechas Autónomas, la CEDA, adherida a la coalición, la que manejaba el cotarro.

En el PSOE había distintas opiniones; mientras Indalecio Prieto, era partidario de una coalición con los partidos republicanos de izquierdas, como en 1931, Largo Caballero se oponía. Se impuso la opinión de éste, y el PSOE consiguió 59 escaños, y perdió 56. 
Lástima que Largo no haya vivido lo suficiente para poder haber leído lo que escribió un socialista alemán, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando después de la guerra hubo gobiernos del PSD: “Gobernar es saber elegir, entre una mierda y una mierda mayor”.
Lo malo es que algunos políticos cuando actúan, sólo tienen en cuenta los intereses de su partido, olvidando que sus decisiones afectan a millones de conciudadanos para bien o para mal.
El juego político es como ese juego de billar, el snooker, en el que intervienen varias bolas de distintos colores, a las que el jugador golpea con una bola blanca para introducirlas por tragantes situados en las esquinas y en los laterales de la mesa; cada bola introducida tiene, según su color, asignado un valor en puntos. Los buenos jugadores no solo tienen en cuenta la posición en el tapete de la bola que van a introducir sino también la del resto de las bolas, para tener en cuenta en qué posición quedarán si hay un retruque. Por eso, los buenos políticos cuando actúan para favorecer a su partido tienen en cuenta cómo afectará esa actuación a las otras bolas, que son los electores.

La ganadora de las elecciones fue la CEDA, que obtuvo 115 escaños. La presidía Gil Robles, un clerical de la ACNP, pero el que movía los hilos era Herrera Oria, que puso en las calles a las fanáticas Juventudes de Acción Popular -su partido-; a las JAP.

Nota del autor: Tengo en mi biblioteca un infumable libro que publicó Gil Robles en 1968, cuyo título es ‘No fue posible la Paz’, pero debería haber sido: ‘No fue posible la Paz… porque queríamos la guerra’.
Y en efecto, una declaración de guerra fue el Manifiesto que la “Coalición Antimarxista” - así se intitulaba la CEDA en Madrid - publicó en El Debate el 1 de noviembre: “Los gobiernos republicanos impusieron su concepción materialista y anticatólica de la vida y de la sociedad” y su “antiespañolismo” por lo que los candidatos de la coalición antimarxista defenderán resueltamente y a todo trance la necesidad de una inmediata derogación, por la vía que en cada caso proceda, de los preceptos, tanto constitucionales como legales, inspirados en designios laicos y socializantes (…). Trabajarán sin descanso para lograr la cancelación de todas las disposiciones confiscadoras de la propiedad y persecutorias de la persona, de las asociaciones y de las creencias religiosas”.

Nota del autor: Obsérvese que ya aparecen en el manifiesto palabras como “antiespañolismo”, descalificativo aplicado con profusión por el franquismo, y “antimarxismo”, que luego en el franquismo se cambió por “anticomunismo”.
Herrera Oria aspiraba a que España fuera una teocracia, un nuevo Vaticano, y en el manifiesto citado, en el que se advierte su pluma, lo deja entrever.
Lo de la insania mental  de Alcalá-Zamora es patente al considerar donde queda, después del Manifiesto de la CEDA, la “armonía definitiva’ del preámbulo del decreto de convocatoria. Y eso que era solo un programa, y aún no se habían celebrado elecciones.

 Pero hubo algo que le dio la puntilla a la República; algo que erosionó su credibilidad, y fue la sucesión en los dos años del bienio negro de hasta 10 gobiernos. Fue una exacerbación del parlamentarismo, que aprovechó luego la propaganda caudillista del franquismo –el “uno que mande”-, sin aclararnos, por descontado, que el 18 de julio muchos de esos parlamentarios se hicieron franquistas. 
La identificación entre República y caos, impregnó tanto el sentir de las gentes, que cuando llegué a Madrid a estudiar, si en nuestros juegos de adolescentes alborotábamos, siempre aparecía alguna persona que nos reprendía gritando: Esto parece una república. 

El historiador Santos Juliá escribe: “Desde setiembre de 1933 a diciembre de 1935 se sucedieron siete crisis totales, y se turnaron cinco presidentes, algunos de los cuales hicieron varias crisis parciales (…) Azaña fue mucho más parco: al frente de gobiernos constitucionales, sin turnar con nadie, se mantuvo cerca de 21 meses.(10). 

A 2.10. La huelga revolucionaria de octubre de 1934
Como ya he escrito en anteriores entregas, la situación económica en España se deterioraba. A las consecuencias del fin de la 1ª Guerra Mundial, se unían los estragos de la Gran Depresión americana de 1929. Los mineros del carbón no tenían trabajo, y en las cuencas asturianas apareció el hambre.
En esas circunstancias la UGT, y otros sindicatos, convocan una huelga general, que toma carácter revolucionario. La convocatoria es secundada con fuerza en Asturias por las circunstancias descritas en el párrafo anterior; en las dos semanas que van del 5 al 19 de octubre, los mineros se hacen con el poder en la zona central de Asturias.

Es interesante leer lo que se escribe aún en sitios como Wikipedia sobre aquellos sucesos: “Los mineros disponían de armas y dinamita y la revolución estaba muy bien organizada. Se ataca a los puestos de la Guardia Civil, las iglesias, los ayuntamientos etcétera, estando casi toda Asturias en manos de los mineros, incluidas las fábricas de armas de Trubia y La Vega. Hubo actos de pillaje y violencia no achacables  a la organización revolucionaria”
.        
Nota del autor: Éste es de los escritos más ponderados la enciclopedía citada. Los muchos revisionistas de derechas tiran mano del mes de la huelga, octubre, para hacer una analogía con la Revolución de Octubre rusa, para, sustituyendo rusa por asturiana, hacerlas comparables.
Aun siendo más cercano a la verdad hay en el párrafo que he transcrito falsedades como “casi toda Asturias” cuando solo era el centro de la provincia, que aun siendo el que tenía la mayor población es, con mucho, el de menor superficie.
Otra falsedad es: “disponían de armas y dinamita”, porque las únicas armas de las que podrían disponer serían escopetas de caza, y no muchas, porque las escopetas no estaban económicamente a su alcance. Pero no cuenta que en Gijón y en Oviedo había tropas del Ejército, que disponían de armas, y que permanecieron acuarteladas sin oponerse a los mineros.
Utiliza de forma subliminal lo de “incluidas las fábricas de armas de Trubia y La Vega”, como si las hubieran ocupado para conseguir cañones y mosquetones, cuando en las huelgas revolucionarias lo usual es que los obreros ocupen las empresas. En Gijón los sublevados se apoderaron de los astilleros, y no por eso pretendían  fabricar destructores. Ni al ocupar Fábrica de Mieres, Duro-Felguera, y Moreda querían fabricar hierro y acero.

El Gobierno de la CEDA llama a Franco, que cuando la huelga general de 1917 ya había sido  destinado a Asturias para reprimir a los huelguistas de esa región. 
Éste pide traer de África a los Regulares, es decir los moros, a los que emplea contra los que eran compatriotas suyos, que tenían aun en las retinas las imágenes de barbarie que los moros habían cometido con los españoles hacía menos de diez años, y que habían leído las descripciones que los periódicos españoles habían hecho de esa barbarie.
La represión de Franco fue feroz, y produjo bastantes más muertes que las que produjeron los mineros. A los dirigentes obreros que no mataron los encarcelaron en espera de juicio. Como el Gobierno consideró que la sublevación era una guerra, los juicios fueron sumarísimos.
Largo Caballero fue detenido en Madrid el 14 de octubre, y encarcelado, bajo la acusación de ser el cabecilla de la huelga revolucionaria. Era diputado a Cortes, por lo que el fiscal envió un suplicatorio al Parlamento para poder juzgarlo. Las Cortes, en manos de las derechas, se apresuraron a levantar la inmunidad de Largo, que menos de un mes más tarde, el 10 de noviembre pasa a ser imputado por  un tribunal militar acusado de rebelión militar.
Se ocupa de su defensa el que durante muchos años fue considerado el mejor abogado penalista español, Luis Jiménez de Asúa. Éste presenta un recurso al Tribunal Supremo para que Largo sea juzgado por un tribunal civil. Después de denegaciones y nuevos recursos lo consigue.
El 25 de noviembre de 1935 comienza el juicio oral. La sentencia se publica el 30 de noviembre, y Largo Caballero resulta absuelto de todos los cargos.

 Nota del autor: En esta época del revisionismo histórico, que inició el terrorista convicto e ideólogo del Grapo, Pio Moa, dos imitadores del mismo aparecen en el buscador Google si se teclea Largo Caballero. Y sus artículos están situados en la parte alta de la página; uno el 2º; otro el 5º, inmediatamente detrás de UGT; y todavía hay otro, Generalísimo Franco.com, que ocupa el 10 º lugar.
Como el primer libelo se colgó hace más de un año, y el segundo hace cuatro, y teniendo en cuenta la falta de interés de ambos escritos, su permanencia en la primera página del buscador es señal inequívoca de que lo consiguen haciendo entradas continuas mediante el uso de un robot, porque desde luego si fuera por su contenido estarían situados en la página 100 como mínimo.

Uno de estos pseudohistoriadores es Pedro Fernández Barbadillo. Este partidario del insulto, excreta, en algo llamado “Libertad Digital”, lo siguiente: “La vida de Francisco Largo Caballero resume el sino del PSOE: una persona sin ideales ni cultura que se consagra a la conquista del poder”
¡No!,  si se refiere Fernández a los ideales de “mitad monje, mitad soldado” o de “hacer guardia sobre los luceros”, no son los ideales de Largo. Sus ideales fueron los de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”
También me sorprende que alguien que me parece que idolatra al que dijo: “cuando oigo hablar de cultura, saco la pistola”, se ocupe de ella, hable de la cultura de los demás.
Largo era un hombre suficientemente culto para su época, en la que los ascendientes de Fernández, y otros hombres de la Iglesia Católica,  no querían que los humildes supieran leer. Hombre inteligente y tenaz, Largo Caballero consiguió una cultura superior a los señoritingos de su época.
Largo Caballero logró que la UGT tuviera en  128.000 afiliados en el año 1914, mil veces más que lectores tuvo el artículo de Barbadillo.

El otro pertenece a la estirpe del “calumnia que algo queda”, tan usada por los miembros de Falange. El cebo que emplea para que se lea su escrito es: “La guerra empezó porque un alucinado socialista quería el poder”. Y lo escribe en algo muy largo, que no sé si es un libro o un blog, que titula “Verdades que ofenden”, del que no encontré quien lo firma. Posiblemente sea un libelo colectivo.
Pero tengo tanto respeto por la libertad de expresión que sus mentiras no me han ofendido.

Sí he sentido vergüenza ajena, pero de la UGT, en la que trabajan las  personas suficientes para poder hacer que los libelos queden arrinconados a las últimas páginas de la entrada “Francisco Largo Caballero”

 Continuará en la próxima entrega.

Alfredo Sancho Cavo
                                                                                      

BIBLIOGRAFÍA:
(1)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.13/06/1933
(2)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.01/07/1933
(3)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.15/06/1933
(4)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.27/06/1933
(5)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.28/06/1933
(6)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.30/07/1933
(7)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.08/08/1933
(8)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.15/08/1933
(9)     Manuel Azaña. Los cuadernos robados.21/08/1933
(10) Santos Juliá. Introducción a “Los cuadernos borrados”. Página XXV  
  





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