BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
9ª
ENTREGA
A.1 En la democracia republicana. (Continuación)
A 2.8. La caída de
Azaña
Las generaciones que cuando
se proclamó la 2ª República aún no habíamos nacido, tenemos la errónea
impresión que los republicanos eran personas de pensamiento izquierdista.
Conozco a algunas personas de ideas izquierdistas que llevan en la billetera la
enseña republicana porque asocian República con izquierdismo, y están
absolutamente equivocados en el silogismo.
Las
personas que en el primer tercio del siglo pasado impulsaron el advenimiento de
la República eran personas de clase acomodada, e incluso de clase pudiente, por
tanto cultivadas; pero no eran de izquierdas. Pertenecían a la burguesía; eran
una élite de la sociedad de entonces, muchas de ellas ateneístas.
Para confirmar lo
anterior basta con nombrar a tres de los que más batallaron por implantarla:
José Ortega y Gasset, Miguel Maura, y Manuel Azaña.
Creían
que el mal de España era culpa de la corrupción de los Borbones, y de la de sus
cortesanos, y que bastaba con echarlos a ellos del país y traer a la República.
No entendieron que el mal de España era el propio pueblo español: personas analfabetas
en su gran mayoría; y que tenían “costumbre de obedecer”.
Por eso idealizaron la
República, quizás quisieron copiar los valores de la República Francesa, pero
solo copiaron el de Libertad, y se
olvidaron de los otros dos valores: Igualdad
y Fraternidad. Lo cual no debe
extrañarnos porque la igualdad con el pueblo, a ellos, que se consideraban una
élite, les debía de producir erisipela.
Como figuraba en la 8ª entrega, Alcalá-Zamora,
asustado por el ambiente político que había contra Azaña, encargó a Indalecio
Prieto la formación del Gobierno, pero no lo hizo por simpatía hacia él, sino
porque el PSOE era la minoría mayoritaria en las Cortes.
Al no permitirle sus compañeros del PSOE formar
gobierno, el Presidente le pasó el encargo a Marcelino Domingo, cuyo grupo
seguía en escaños en el Congreso a ese partido. También Domingo tropezó con el
escollo que suponía integrar a los lerrouxistas en el gobierno, tal como
deseaba el Presidente, por lo que éste, para no disolver las Cortes y convocar
elecciones, renovó su confianza a Azaña.
Como
ya escribí en la entrega del viernes pasado, Alcalá-Zamora, en busca de ese
centro político que solo existe en la mente de algunos políticos, buscó
incorporar al Gobierno a partidos de derechas. Esto cuenta Azaña que les dijo
el Presidente de la República:
“Examinemos
la situación política: la composición del parlamento no se corresponde
fielmente a la del país. Hubo ya una desviación inicial porque las fuerzas de
la derecha, cohibidas o asustadas en aquellos primeros momentos no llevaron a
las Cortes la representación correspondiente a su realidad numérica en la
nación” (1).
Para
ensanchar la base electoral de su Gobierno, como como le pedía el Presidente,
Azaña incorpora a ERC y, aunque a regañadientes, al Partido Federal, para lo
que nombra ministro a Franchy Roca, dirigente de ese partido. Logra así una
mayoría confortable en el Congreso, lo que le permite lograr la aprobación de
las leyes que estaban pendientes
Sobre ese
ministro escribe Azaña la siguiente maldad: “Cuando se levantó el Consejo,
Casares me dijo: -Este señor Franchy ni siquiera es tonto”. (2).
La oposición, crecida
por la mala gestión que Azaña hizo de Casas Viejas, intentaba impedirle
gobernar, utilizando para ello el filibusterismo, y haciendo el jabalí. Así lo
escribe Azaña en su diario: “El discurso de Lerroux, como pieza oratoria es muy
flojo, y como polémica peor. Ha caído en el nuevo modo de argumentar puesto en
uso, como los jabalíes del tipo de Ortega y de Balbontín. Dan por cierto un
hecho, y en cuanto se les desmiente tocan retirada. Lerroux ha levantado mucho
la voz, acusando, como si lo supiera con certeza, al ministro de la
Gobernación, de haber ordenado a los gobernadores civiles que no obedeciesen al
nuevo Gobierno, si nos sucedía un ministerio lerrouxista; y al protestar
Casares, muy indignado, contra semejante patraña, Lerroux ha recogido velas, viniendo a decir: ¡Ah!
Bueno, bueno, si usted lo niega, será así; pero quizás algún funcionario a sus
órdenes…etcétera, etcétera” (3)
Nota del autor: El filibusterismo es una forma de entorpecer la
labor de un Gobierno acosándole a preguntas. Azaña señala que un diputado llegó a
presentar más de 500 preguntas al Gobierno sobre un proyecto de ley.
En nuestros días, una diputada del PP, asturiana,
presentó al Gobierno Zapatero unas 800 preguntas. Esta persona es descendiente
del sastre que prestando dinero a los vástagos de la decadente aristocracia ovetense
hizo una inmensa fortuna; se considera que la fortuna de sus herederos, ella es
uno de ellos, es la mayor de Asturias.
Se sobreentiende en el texto de Azaña que Casares
era el ministro de la Gobernación.
Hacer el
jabalí es tratar de menoscabar la confianza en el Gobierno, es una versión
‘light’ del “calumnia que algo queda” de
los falangistas. Lo importante de lo escrito por Azaña es que “Ortega” es
Eduardo Ortega y Gasset, hermano de José Ortega y Gasset, el que en su discurso
ante las Cortes Constituyentes en 1931 dijo: “Tres cosas que no podemos venir a
hacer aquí: ni
el payaso, ni el tenor, ni el jabalí.”, y el que
más tarde dijo:”¡No es eso! ¡No es eso!” Claro que también escribió: yo soy yo,
y mi circunstancia, y posiblemente tuviera un discurso distinto para cada
circunstancia.
Sin embargo,
inasequible al desaliento, Ramírez, el que otrora firmaba Pedro J. Ramírez,
escribe una diatriba contra las alcaldesas Carmena y Colau, el 20 junio de 2015, en ese panfletillo que publica, acusándolas
de “hacer el jabalí”, lo cual es una contradicción es sus términos, puesto que
ellas son el gobierno local, y por tanto, ¿contra qué gobierno hacen el jabalí?
Este ‘conspiranoico’ sujeto, cuya ignorancia unida a su facundia le hace
incurrir en frecuentes ‘arquitrabes’, no quiere darse cuenta de que ya solo es un
kleenex desechado por los poderes económicos; ya no les útil puesto que ya
gobiernan, e incluso tienen en el Gobierno Rajoy un ministro: Guindos.
Para
Azaña la conjunción republicano-socialista, cuyo Gobierno presidía, era un
medio pero no un fin. Nada más alejado de la ideología de Acción Republicana,
el partido que Azaña fundó en 1925, que la ideología del partido que fundó en
el siglo XIX don Pablo Iglesias. Lo cual aclara lo que consigna en su Diario:
“La protesta contra los socialistas aumenta, y es aprovechada por toda la
oposición antirrepublicana. La protesta no nace de la legislación social; vine
de abajo arriba, y surge del conflicto cotidiano entre propietarios y braceros”
(4).
Vuelve
a Azaña, pocos días después, a retomar el tema, sobre el que escribe:” Nos
reunimos los de Acción Republicana para examinar la bases que han presentado
los radical-socialistas, como programa de un Gobierno de coalición. Lo que
tienen de intencionado, va contra los socialistas lo demás, o es francamente
absurdo, o no tiene valor ni interés alguno. (…) Como la presión antisocialista
viene de los campos donde la lucha entre braceros y propietarios es más
violenta, el efecto se nota en los diputados por las provincias manchegas,
andaluzas y extremeñas” (5).
Nota del autor: Parece que Azaña, cuando escribe lo anterior, quiere
poner sus reflexiones sobre el particular por escrito, para luego llevar a sus
correligionarios una decisión que tenía tomada hace tiempo: un gobierno solo de
republicanos, presidido por él. Y la protesta de los pequeños propietarios
agrícolas, que eran parte muy importante de sus votantes, era un argumento de
peso para convencer a sus huestes de abandonar a los socialistas.
Sin embargo,
en menos de un mes los radical-socialistas, o algunos de los fundadores de ese
partido como Marcelino Domingo, cambiaron de idea. Al menos eso es lo que
escribe Azaña en su Diario: “Marcelino Domingo pronuncia un discurso en un
teatro de Madrid, replicando lo que dijo Gordón la semana anterior. (…)
Domingo, que más de una vez, en conversaciones particulares, me ha dicho que
<<ya era bastante de socialismo>>, se lanza sin reservas en su
discurso a la unión con los socialistas”. (6).
Nota del autor: Marcelino Domingo Sanjuán fundó, con Álvaro de
Albornoz, el Partido republicano radical-socialista en 1929, y Gordón era uno
de los dirigentes de ese partido.
Las
leyes pendientes se iban aprobando en la Cámara, y Azaña empieza a darse cuenta
de que si el gobierno dimite habrá nuevas elecciones, y los partidos que lo
componen se presentaran cada uno por su cuenta, con lo que la victoria de las
derechas sería segura. Empieza entonces a echar sus cuentas, y escribe en su
Diario lo siguiente:
“Quisiera
cerrar las Cortes antes de setiembre y convocar elecciones parciales para
primeros de octubre. Hay cerca de treinta vacantes. De ellas, yendo juntos los partidos que están en el
Gobierno podríamos ganar doce o catorce
puestos, los demás serían para los radicales y las derechas. Mientras
estemos en el Gobierno, la coalición electoral puede realizarse sin dificultad,
y en muchas provincias, en las que hay una sola vacante, ganaríamos las
mayorías, pero en cuanto el Gobierno se deshaga y los socialistas salgan del
poder, será dificilísimo que se pongan de acuerdo con los republicanos para las
elecciones. (…) Lo que puede esperarse en unas elecciones parciales, mientras
subsista este Gobierno, que puede imponer cohesión y disciplina a los partidos
que lo forman, no serían probables una elecciones generales, presididas por
otro ministerio, porque en cuanto éste se descomponga cada partido querrá ir
por su lado”.(7) .
Nota
del autor: Azaña comete
un lapsus en esta anotación, pues deja al descubierto que no considera a los
socialistas como republicanos de ahí la distinción que hace en la frase ‘y los
socialistas salgan del poder será dificilísimo que se pongan de acuerdo con los
republicanos para las elecciones’.
Azaña, tiene
base para dudar que los socialistas sean republicanos, porque la realidad
mostrada por aquellos en 1925 era de connivencia con la monarquía. Era entonces,
Julián Besteiro, presidente del PSOE, y Secretario General de la UGT, y en un error
político grave, propone al partido colaborar con la Dictadura de Primo de
Rivera, lo que equivale a sostener a Alfonso XIII.
Indalecio
Prieto se opone y se exilia; al poco tiempo, Largo Caballero, que había creído
en la palabra de Primo de que tan pronto saneara la economía dejaría el poder,
se cae del burro al ver que éste se aferra al sillón, y se une a Indalecio
Prieto en su lucha por lograr el establecimiento de la República.
El
miedo de Azaña al desastre se acentúa, según lo demuestra la anotación que
pocos días después hace en los Cuadernos Robados. “¿Quién nos sustituirá? ¡El
lerrouxismo! ¡Adiós República, si cae en tales manos! (8).
Su
inquina hacia El Presidente aflora de nuevo, y escribe en su Diario: “Fernando ha
estado ayer en La Granja y don Niceto le
habló mal de Pascua, a quien odia porque Pascua y otros diputados socialistas,
médicos, se opusieron a la elección de don Niceto alegando que está loco. Y don
Niceto lo sabe” (9).
Nota del autor: Pascua es un diputado socialista al que Azaña
ofrece ser embajador.
Los socialistas se dan cuenta de que Azaña intenta
“hacerles la cama” y le niegan su apoyo, con lo que el Gobierno cae.
El 12 de setiembre de 1933, Azaña resigna.
A 2.9. La destrucción
de la República
El Presidente ve la ocasión de cambiar la
legislación poco tiempo atrás votada, especialmente la que regula las
relaciones entre la iglesia católica y el Estado, cuya aprobación fue para él,
clerical convencido, un trágala.
Para ello disuelve las Cortes y convoca elecciones
generales para el 19 de noviembre, en las que las mujeres, por primera vez en
España, tienen el derecho de ejercicio del voto.
El
preámbulo del decreto de convocatoria da
la razón a los médicos que diagnosticaron la insania mental del Presidente,
porque contiene la siguiente frase: “Buscar orientación y armonía definitiva,
acudiendo a la consulta directa de la voluntad popular”
Las
elecciones se celebraron a doble vuelta, con listas abiertas, condiciones
electorales bastante modernas, y que otros países europeos - Francia, por
ejemplo- están aplicando todavía- : por ejemplo, que en la segunda vuelta solo
participaban aquellos que hubiesen alcanzado, al menos el 8% de los votos.
Las derechas, que en las elecciones de 1931 se
presentaron desunidas, en éstas lo hicieron coaligadas con el nombre de Unión
de Derechas y Agrarios, pero era la Confederación de Derechas Autónomas, la
CEDA, adherida a la coalición, la que manejaba el cotarro.
En el PSOE había distintas opiniones; mientras
Indalecio Prieto, era partidario de una coalición con los partidos republicanos
de izquierdas, como en 1931, Largo Caballero se oponía. Se impuso la opinión de
éste, y el PSOE consiguió 59 escaños, y perdió 56.
Lástima que Largo no haya vivido lo suficiente para
poder haber leído lo que escribió un socialista alemán, de cuyo nombre no
quiero acordarme, cuando después de la guerra hubo gobiernos del PSD: “Gobernar
es saber elegir, entre una mierda y una mierda mayor”.
Lo malo es que algunos políticos cuando actúan,
sólo tienen en cuenta los intereses de su partido, olvidando que sus decisiones
afectan a millones de conciudadanos para bien o para mal.
El juego político es como ese juego de billar, el
snooker, en el que intervienen varias bolas de distintos colores, a las que el
jugador golpea con una bola blanca para introducirlas por tragantes situados en
las esquinas y en los laterales de la mesa; cada bola introducida tiene, según
su color, asignado un valor en puntos. Los buenos jugadores no solo tienen en
cuenta la posición en el tapete de la bola que van a introducir sino también la
del resto de las bolas, para tener en cuenta en qué posición quedarán si hay un
retruque. Por eso, los buenos políticos cuando actúan para favorecer a su
partido tienen en cuenta cómo afectará esa actuación a las otras bolas, que son los
electores.
La ganadora de las elecciones fue la CEDA, que
obtuvo 115 escaños. La presidía Gil Robles, un clerical de la ACNP, pero el que
movía los hilos era Herrera Oria, que puso en las calles a las fanáticas Juventudes
de Acción Popular -su partido-; a las JAP.
Nota
del autor: Tengo en mi
biblioteca un infumable libro que publicó Gil Robles en 1968, cuyo título es
‘No fue posible la Paz’, pero debería haber sido: ‘No fue posible la Paz…
porque queríamos la guerra’.
Y en efecto, una declaración de guerra fue el Manifiesto que la “Coalición
Antimarxista” - así se intitulaba la CEDA en Madrid - publicó en El Debate el 1
de noviembre: “Los gobiernos republicanos impusieron su concepción materialista
y anticatólica de la vida y de la sociedad” y su “antiespañolismo” por lo que
los candidatos de la coalición antimarxista defenderán resueltamente y a todo
trance la necesidad de una inmediata derogación, por la vía que en cada caso
proceda, de los preceptos, tanto constitucionales como legales, inspirados en
designios laicos y socializantes (…). Trabajarán sin descanso para lograr la
cancelación de todas las disposiciones confiscadoras de la propiedad y
persecutorias de la persona, de las asociaciones y de las creencias religiosas”.
Nota
del autor: Obsérvese
que ya aparecen en el manifiesto palabras como “antiespañolismo”,
descalificativo aplicado con profusión por el franquismo, y “antimarxismo”, que
luego en el franquismo se cambió por “anticomunismo”.
Herrera Oria
aspiraba a que España fuera una teocracia, un nuevo Vaticano, y en el
manifiesto citado, en el que se advierte su pluma, lo deja entrever.
Lo de la
insania mental de Alcalá-Zamora es
patente al considerar donde queda, después del Manifiesto
de la CEDA, la “armonía definitiva’ del preámbulo del decreto de convocatoria. Y
eso que era solo un programa, y aún no se habían celebrado elecciones.
Pero hubo algo que
le dio la puntilla a la República; algo que erosionó su credibilidad, y fue la
sucesión en los dos años del bienio negro de hasta 10 gobiernos. Fue una exacerbación del parlamentarismo, que
aprovechó luego la propaganda caudillista del franquismo –el “uno que mande”-,
sin aclararnos, por descontado, que el 18 de julio muchos de esos parlamentarios
se hicieron franquistas.
La identificación entre República y caos, impregnó
tanto el sentir de las gentes, que cuando llegué a Madrid a estudiar, si en
nuestros juegos de adolescentes alborotábamos, siempre aparecía alguna persona
que nos reprendía gritando: Esto parece
una república.
El historiador Santos Juliá escribe: “Desde
setiembre de 1933 a diciembre de 1935 se sucedieron siete crisis totales, y se
turnaron cinco presidentes, algunos de los cuales hicieron varias crisis
parciales (…) Azaña fue mucho más parco: al frente de gobiernos
constitucionales, sin turnar con nadie, se mantuvo cerca de 21 meses.(10).
A 2.10. La huelga
revolucionaria de octubre de 1934
Como ya he escrito en
anteriores entregas, la situación económica en España se deterioraba. A las
consecuencias del fin de la 1ª Guerra Mundial, se unían los estragos de la Gran
Depresión americana de 1929. Los mineros del carbón no tenían trabajo, y en las
cuencas asturianas apareció el hambre.
En esas circunstancias
la UGT, y otros sindicatos, convocan una huelga general, que toma carácter
revolucionario. La convocatoria es secundada con fuerza en Asturias por las
circunstancias descritas en el párrafo anterior; en las dos semanas que van del
5 al 19 de octubre, los mineros se hacen con el poder en la zona central de
Asturias.
Es interesante leer lo
que se escribe aún en sitios como Wikipedia sobre aquellos sucesos: “Los
mineros disponían de armas y dinamita y la revolución estaba muy bien
organizada. Se ataca a los puestos de la Guardia Civil, las iglesias, los
ayuntamientos etcétera, estando casi toda Asturias en manos de los mineros, incluidas
las fábricas de armas de Trubia y La Vega. Hubo actos de pillaje y violencia no
achacables a la organización
revolucionaria”
.
Nota
del autor: Éste es de
los escritos más ponderados la enciclopedía citada. Los muchos revisionistas de
derechas tiran mano del mes de la huelga, octubre, para hacer una analogía
con la Revolución de Octubre rusa, para, sustituyendo rusa por asturiana,
hacerlas comparables.
Aun siendo
más cercano a la verdad hay en el párrafo que he transcrito falsedades como
“casi toda Asturias” cuando solo era el centro de la provincia, que aun siendo
el que tenía la mayor población es, con mucho, el de menor superficie.
Otra
falsedad es: “disponían de armas y dinamita”, porque las únicas armas de las
que podrían disponer serían escopetas de caza, y no muchas, porque las
escopetas no estaban económicamente a su alcance. Pero no cuenta que en Gijón y
en Oviedo había tropas del Ejército, que disponían de armas, y que permanecieron acuarteladas sin oponerse
a los mineros.
Utiliza de
forma subliminal lo de “incluidas las fábricas de armas de Trubia y La Vega”, como
si las hubieran ocupado para conseguir cañones y mosquetones, cuando en las
huelgas revolucionarias lo usual es que los obreros ocupen las empresas. En
Gijón los sublevados se apoderaron de los astilleros, y no por eso
pretendían fabricar destructores. Ni al
ocupar Fábrica de Mieres, Duro-Felguera, y Moreda querían fabricar hierro y
acero.
El
Gobierno de la CEDA llama a Franco, que cuando la huelga general de 1917 ya
había sido destinado a Asturias para
reprimir a los huelguistas de esa región.
Éste pide traer de África a los
Regulares, es decir los moros, a los que emplea contra los que eran
compatriotas suyos, que tenían aun en las retinas las imágenes de barbarie que
los moros habían cometido con los españoles hacía menos de diez años, y que habían
leído las descripciones que los periódicos españoles habían hecho de esa
barbarie.
La
represión de Franco fue feroz, y produjo bastantes más muertes que las que
produjeron los mineros. A los dirigentes obreros que no mataron los
encarcelaron en espera de juicio. Como el Gobierno consideró que la sublevación
era una guerra, los juicios fueron sumarísimos.
Largo
Caballero fue detenido en Madrid el 14 de octubre, y encarcelado, bajo la
acusación de ser el cabecilla de la huelga revolucionaria. Era diputado a
Cortes, por lo que el fiscal envió un suplicatorio al Parlamento para poder
juzgarlo. Las Cortes, en manos de las derechas, se apresuraron a levantar la
inmunidad de Largo, que menos de un mes más tarde, el 10 de noviembre pasa a
ser imputado por un tribunal militar
acusado de rebelión militar.
Se
ocupa de su defensa el que durante muchos años fue considerado el mejor abogado
penalista español, Luis Jiménez de Asúa. Éste presenta un recurso al Tribunal
Supremo para que Largo sea juzgado por un tribunal civil. Después de
denegaciones y nuevos recursos lo consigue.
El
25 de noviembre de 1935 comienza el juicio oral. La sentencia se publica el 30
de noviembre, y Largo Caballero resulta absuelto de todos los cargos.
Nota
del autor: En esta
época del revisionismo histórico, que inició el terrorista convicto e ideólogo del
Grapo, Pio Moa, dos imitadores del mismo aparecen en el buscador Google si se
teclea Largo Caballero. Y sus artículos están situados en la parte alta de la
página; uno el 2º; otro el 5º, inmediatamente detrás de UGT; y todavía hay
otro, Generalísimo Franco.com, que ocupa el 10 º lugar.
Como el
primer libelo se colgó hace más de un año, y el segundo hace cuatro, y teniendo
en cuenta la falta de interés de ambos escritos, su permanencia en la primera
página del buscador es señal inequívoca de que lo consiguen haciendo entradas continuas
mediante el uso de un robot, porque desde luego si fuera por su contenido
estarían situados en la página 100 como mínimo.
Uno de estos
pseudohistoriadores es Pedro Fernández Barbadillo. Este partidario del insulto,
excreta, en algo llamado “Libertad Digital”, lo siguiente: “La vida de
Francisco Largo Caballero resume el sino del PSOE: una persona sin ideales ni
cultura que se consagra a la conquista del poder”
¡No!, si se refiere Fernández a los ideales de
“mitad monje, mitad soldado” o de “hacer guardia sobre los luceros”, no son los
ideales de Largo. Sus ideales fueron los de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”
También me
sorprende que alguien que me parece que idolatra al que dijo: “cuando oigo
hablar de cultura, saco la pistola”, se ocupe de ella, hable de la cultura de
los demás.
Largo era un
hombre suficientemente culto para su época, en la que los ascendientes de
Fernández, y otros hombres de la Iglesia Católica, no querían que los humildes supieran leer.
Hombre inteligente y tenaz, Largo Caballero consiguió una cultura superior a
los señoritingos de su época.
Largo
Caballero logró que la UGT tuviera en 128.000
afiliados en el año 1914, mil veces más que lectores tuvo el artículo de
Barbadillo.
El otro
pertenece a la estirpe del “calumnia que algo queda”, tan usada por los
miembros de Falange. El cebo que emplea para que se lea su escrito es: “La
guerra empezó porque un alucinado socialista quería el poder”. Y lo escribe en
algo muy largo, que no sé si es un libro o un blog, que titula “Verdades que
ofenden”, del que no encontré quien lo firma. Posiblemente sea un libelo
colectivo.
Pero tengo
tanto respeto por la libertad de expresión que sus mentiras no me han ofendido.
Sí he
sentido vergüenza ajena, pero de la UGT, en la que trabajan las personas suficientes para poder hacer que los
libelos queden arrinconados a las últimas páginas de la entrada “Francisco
Largo Caballero”
Continuará en la próxima entrega.
Alfredo Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.13/06/1933
(2) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.01/07/1933
(3) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.15/06/1933
(4) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.27/06/1933
(5) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.28/06/1933
(6) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.30/07/1933
(7) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.08/08/1933
(8) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.15/08/1933
(9) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.21/08/1933
(10) Santos Juliá. Introducción a “Los cuadernos borrados”. Página XXV
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