BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
7ª
ENTREGA
A.1 En la democracia republicana. (Continuación)
A 2.6. La
modernización del Ejército
El Ejército que heredó
la 2ª República era macrocéfalo. Como consecuencia de las guerras de Cuba y Filipinas de 1898, los
oficiales jóvenes que intervinieron ellas habían alcanzado los entorchados de
general, bien por méritos de guerra, o por corrimiento del escalafón; e,
igualmente, los que habían hecho la Guerra del RIF de 1911 habían alcanzado,
por los mismos motivos que los anteriores, el grado de Jefes. Empleando un
dicho muy utilizado años atrás: “Había más jefes que indios”.
La situación era
insostenible, y la modernización pensada por el ministro de la cartera de
Guerra, Azaña, pasaba por un “adelgazamiento” del Ejército. Había que reducir
las plantillas a la mitad, sobraban 10.000 oficiales; y había que separar del
Estado Mayor General a más de 100 generales. Pero además de eso había que
modernizar la actitud y la aptitud de los militares que quedaran en las
plantillas.
La cuestión era ardua
y peligrosa. No se trataba, como ahora, de obreros a los que se les aplica un
ERE y no tienen más defensa que la huelga, sino de un colectivo que tenía el
monopolio de las armas de guerra, y que estaba dispuesto a empuñarlas y a
asesinar al propio Azaña, como lo demostró el 10 de agosto de 1932.
Una muestra de que los
planes de modernización estaban bien trazados es la compra del campo de
maniobras de Cerro Muriano, apoyada por
el PSOE, y que aparece en Los cuadernos
robados:
“Al salir del Consejo me tropiezo con el
general Ruiz Trujillo y con el presidente de la Diputación de Córdoba, que me
aguardaban para hablar de la adquisición de Cerro Muriano. El asunto va bien, y
podrá terminarse pronto si la burocracia no estorba. Lo he tomado con empeño,
para dotar al ejército de lo más necesario. En toda Andalucía no hay un campo
de instrucción. (1)”.
Aunque
los tres ministros socialistas apoyaban totalmente los planes de Azaña para
modernizar el Ejército, otros socialistas, desde el periódico del partido,
ponían palos en las ruedas de la modernización. Sobre eso escribe Azaña en sus
diarios:
“A primera hora de la
noche me visitan en el ministerio los diputados Peyre, Poza y Castillejo, que
son militares, para quejarse de un artículo publicado en El Socialista, injurioso para los oficiales. El artículo dice que
los asistentes se acuestan con las mujeres de los capitanes. (2)”.
Nota del autor: Se refiere Azaña al artículo
publicado en El Socialista el 30 de
julio de 1932 de título “Psiquiatría
militar” del que era autor Francisco Cruz Salido. Dejando aparte el agravio
gratuito e impune hacia los militares, tal artículo era una carga de
profundidad contra los esfuerzos de Azaña para hacer una reforma militar. Me
pregunto por qué en el PSOE siempre ha de aparecer un “Jaimito” en el momento
más inoportuno.
La calificación de inoportuno del artículo citado queda de
manifiesto cuando 10 días más tarde el General Sanjurjo y otros cómplices
asaltan con nocturnidad el Palacio de Buenavista, sede del Ministerio de
la Guerra y donde vivía su ministro,
Azaña, con la intención de asesinar a éste.
Nota
del autor: El franquismo, tan pronto ocupó Madrid, cambio el nombre de
Salustiano Olózaga, que así se llamaba la calle por la que bajaron los
conjurados para matar a Azaña, por el de “Héroes del 10 de agosto”. Lo que pone
de manifiesto la índole de los franquistas: los franquistas que son asesinos
son sus héroes. La democracia quitó el ignominioso nombre y le devolvió a la
calle su nombre original de Olózaga, que por cierto fue primer ministro en la
regencia de María Cristina, era de derechas, y fue tutor de Isabel II. Son tan
ignorantes los franquistas que creyeron que Olózaga había sido poco menos que
comunista.
La citada calle une la Puerta de Alcalá con La Castellana, por
lo que basta con cruzar ésta para llegar a la calle Prim, en la que está la
puerta de entrada principal del Palacio de Buenavista.
Durante un tiempo hubo en Olózaga unas oficinas de la embajada
francesa, a las que acudí en ocasiones. No sé si siguen todavía.
Desde el punto de vista táctico tiene la ventaja de estar, en su
arranque, elevada sobre La Castellana lo que permite una mayor rapidez en el
avance.
A.2.6.1 La sublevación derrotada.
Pero
el Gobierno no estaba inerme, y conocía los planes de los conspiradores; esto
consigna Azaña en su Diario:
“He ido a las Cortes
como de costumbre, y apenas llegué me sumergí en una de mis eternas comisiones.
Esta vez era la agraria. Andábamos en conversaciones, entraba y salía mucha
gente en el antedespacho de ministros. Llego Casares (ministro) y me dijo que
estaba allí el Director de Seguridad (Menéndez) y que necesitaba hablarme.
Nos
reunimos los tres solos, serían las seis de la tarde. Menéndez, que es muy
locuaz y acalorado, me refirió que, según las últimas confidencias, el golpe es
para esta noche, en Madrid. Se proponen asaltar el ministerio de la Guerra y la
Telefónica. (3)”
Azaña
estaba informado de todo: del nombre de los participantes; de la hora del golpe,
que los asesinos habían fijado para las cuatro de la madrugada; y de que tenían
cómplices para abrirles la puerta que desde la calle Prim da acceso al patio de
entrada del Palacio.
Pero desconocía algo
tan importante como que el jefe de los asesinos era Sanjurjo; al menos así lo escribe en su Diario:
Los directores son
Barrera, González Carrasco, Cavalvanti, Fernández Pérez, el coronel Benito,
etcétera (…) Tienen respecto de mí persona, las peores intenciones. (Dios se lo
pague). No suena el nombre de Sanjurjo (3)”
No
soy admirador de Azaña, un hombre que en sus diarios deja translucir que se
cree superior a todos los políticos de entonces, a muchos de los cuales
desprecia, y no sólo les desprecia sino que los despelleja en sus comentarios,
porque ¿qué es si no despellejar lo que consigna en su Diario respecto al
general La Cerda?: “La Cerda es un incapaz, semiloco. Un desastrado, hasta en
el vestir. Tiene una finca en la sierra de Ávila, creo que en las Navas. El
general practica el naturismo y se pasea desnudo por el pinar. A cierta
distancia va el asistente advirtiendo a los veraneantes: -Apártense, que viene
el general en cueros. (4)”.
Pero
sí admiro la capacidad de trabajo que tenía; la energía para oponerse a los
enemigos de la República, y su sangre fría, de la cual lo que sigue es
testimonio:
Estando
todavía en el Congreso le avisan de un importante movimiento de tropas: el
regimiento de Artillería a caballo, acantonado en Carabanchel, saldrá al
anochecer en una marcha nocturna, y al amanecer se reunirán con el regimiento
de Getafe para un ejercicio de tiro. No se pone nervioso, estudia la cuestión y
considera que no debe sembrar alarmismos prohibiendo la maniobras, pero si
enviar un mando de más galones a Getafe.
Una
vez tomada la decisión regresa desde el Congreso al ministerio de la Guerra,
donde vive con su esposa Lola. Cena con ella,
con su ayudante Saravia, y con su cuñado.
Cuando
llega el general Carnicero, que tiene más galones que los mandos de ambos
regimientos, lo mete en un coche del ministerio, y lo envía a Getafe con la
orden de tomar el mando de los dos regimientos. Eran las once de la noche.
A
las 4 de la madrugada suben coches por Prim enfocando la puerta y las garitas
de vigilancia para deslumbrar a los de dentro del ministerio. Empiezan los
disparos que son contestados desde el ministerio. Los guardias de asalto
apostados en la calle Conde de Xiquena, disparan a los coches. Los facciosos,
al ver que no solo no sorprendieron a las fuerzas del ministerio sino que los
sorprendidos son ellos, y viéndose cogidos entre dos fuegos, huyen, y atacan el
cercano edificio
de Correos - donde Gallardón se hizo un despacho con mayordomo-, para apoderase
de sus instalaciones; son interceptados por la Guardia Civil de servicio, y
hechos prisioneros.
Sanjurjo
huye a Sevilla, ciudad en la que intenta hacerse fuerte.
A
las 7 de la mañana de día 10, Azaña puede escribir en su Diario: “Todo sigue en
calma. De provincias no hay más novedades que lo de Sevilla. (…) Hasta ahora
sabemos que ha habido en Madrid diez o doce muertos, y unos noventa presos... (5)”.
La
sublevación militar en Sevilla duró desde el día 10 hasta el día 11 a las tres
de la mañana, hora en la que Sanjurjo intenta huir hacia Portugal, pero es
detenido. Azaña ordena que se le lleve a Madrid para entregarlo a la justicia.
La
opinión pública deseaba en su mayoría que Sanjurjo fuera condenado a muerte, al
menos así lo expresaban la mayoría de los miles de telegramas, con nombre y
apellidos, que se recibieron en la Presidencia del Consejo. Estaba muy reciente
- 14 de diciembre de 1930, cuatro meses antes de la proclamación de la 2ª
República - el fusilamiento de los capitanes Fermín Galán y García Hernández
por proclamar la República desde el Ayuntamiento de Jaca, y por organizar dos
columnas una al mando de Fermín Galán y la otra al mando de Sediles que se dirigieron
hacia Huesca.
El abogado defensor de Sanjurjo fue Bergamín, poeta católico,
amante de las corridas de toros, que volvió del exilio con la 2ª Restauración
Borbónica; Bergamín acudió a pedirle a Azaña el indulto del golpista
convicto de lesa traición.
Otra
anotación de Azaña en su Diario, aunque la haga por referencias, es interesante
porque se refiere al abuelo de José María Aznar: “Ciges cree saber por
referencia de Mourlane Michelena, que Aznar estaba <<metido hasta el
cuello>> en el complot, pero a primeros de junio se apartó por consejo de
unos amigos. (6)” .
Nota
del autor: Ciges Aparicio fue un periodista, afiliado al PSOE, que fue el
último gobernador civil democrático de Ávila. El 4 de agosto de 1936 fue
asesinado por los franquistas que se habían apoderado de la ciudad.
Mourlane Michelena era periodista de El Sol, se hizo de Falange,
fue uno de los autores de la letra del “Cara al Sol”, y en los “forrenta”
director de Arriba.
También
se van conociendo algunos errores cometidos por los defensores de la República.
Sobre uno de ellos escribe Azaña:
“Como
unos quince días antes de la sublevación, el hijo de Sanjurjo le preguntó a Menéndez (Director de Seguridad):
-¿Vigiláis a mi padre?/-¡Hombre no! ¡En qué cabeza cabe!/-Yo te juro por la
vida de mi padre - añadió el hijo- que no se mete en nada.
Menéndez
me repitió esta conversación, y no creía, impresionado por las palabras del
hijo de Sanjurjo, que con tal juramento mintiese. Resultado: que la policía no
tuvo pista de Sanjurjo y la noche del
9 al 10 de agosto no supimos dónde estaba hasta que llegó a Sevilla. (7)”.
Azaña
suspendió la publicación del ABC de El Debate. Y estas son sus razones:
“En realidad el ABC y otros periódicos tienen gravísima
culpa en la preparación de los sucesos del día 10. Han dado alas y esperanzas
al movimiento, han hecho creer a esos idiotas de generales que el país se iría
tras ellos. (8)”.
El
25 de agosto se publica la sentencia de la Sala 6ª del Tribunal Supremo. Sanjurjo
es condenado a muerte.
Azaña
reúne al Consejo de ministros y escribe: “Entramos en la cuestión de fondo, e
invité a los ministros a que diesen su parecer. Prieto por sí, y por los otros
dos ministros socialistas, votó por el indulto. (…)Voté yo el último, a favor
del indulto. (9)”
Después
piensa donde encarcelar a Sanjurjo; descartado Ocaña por la cercanía a Madrid,
y Mahón por su falta de seguridad, elige el penal de El Dueso (Santoña). Pero
no es presidio militar por lo que tiene que habilitarlo como tal. A las ocho y
media lleva al Presidente de la República los decretos de indulto y de
habilitación de El Dueso. Niceto Alcalá-Zamora los firma.
El
estado de ánimo de Azaña se refleja en la anotación que hace esa misma noche en
“Los Cuadernos Robados: “Estoy fatigado desde anoche, y un poco angustiado por
el suceso, como si todavía no fuese seguro que le vamos a indultar. Nunca había
tenido en la mano la vida de un hombre. Es mucho. ¿Me equivoco al dar a este asunto
la solución que le he dado? Espero que no. (10)”.
Leído
lo anterior queda claro que Azaña no fue el loco sanguinario que nos vendió el
franquismo y la clerigalla. Cuando alguna vez le nombraban le adjetivaban de
“monstruo”. Era una forma de intentar justificarse,
de que se olvidaran los muertos, los tirados a las cunetas, la cruel represión
durante casi cuarenta años.
La paz existía en el año 36, fueron ellos los que
la aniquilaron, aunque años más tarde uno de los principales responsables del
golpe del 18 de julio de 1936, Gil Robles, escribiera el panfleto No fue posible la Paz, intentando
justificar lo injustificable.
Nota
del autor: No es este el lugar, ni tampoco el momento, pero algún día habrá
que informar a los más jóvenes lo que fue el Ejército hasta los años ochenta
del pasado siglo, porque el Ejército actual es totalmente distinto, para bien.
Contar lo que fue la expedición militar a la Conchinchina, para
ocupar, conjuntamente con el ejército francés una porción de Vietnam de unos
75.000 km2 - una superficie como la Comunidad de Castilla-La Mancha
- que incluía el fértil delta del Mekong. La ocupación española duró desde 1858
hasta 1862. Los franceses ocuparon el resto de Vietnam, hasta la batalla de
Dien Bien Phu; luego ocuparon su lugar los estadounidenses -amparándose en la
estrategia de las fichas de dominó de los hermanos Dulles, que por su simplicidad podía ser entendida
por los ciudadanos de USA- .
Claro que treinta y seis años después fuimos incapaces de
defender las Islas Filipinas.
Un Ejército que solo ganaba batallas contra sus compatriotas en
las guerras carlistas. Protagonista de pronunciamientos, de levantamientos, de
‘vicalvaradas’ y ‘paviadas’. Un Ejército que imponía su voluntad a la de los
españoles.
Habrá que explicar que era eso de loS “soldados de cuota”
Pero sobre todo habrá que contar lo que fueron los “Martes
africanistas” - así los llama Valle Inclán-. Habrá que contar que la
profanación de un cementerio moro en el Rif, atravesado por las vías del
ferrocarril que se construía para extraer el mineral de hierro de la mina de
Minas del Rif -sociedad propiedad del conde de Romanones y de Alfonso XIII, al
igual que Minas del Wissan- fue la chispa que encendió la sublevación de los
rifeños.
Habrá que explicar que la llamada semana trágica del año 1909
fue consecuencia de la movilización de los reservistas de 1903 hasta 1907, que
se llevaban con ellos a África “la llave de la despensa”, dejando a sus mujeres
“viudas en vida”.
Habrá que explicar lo que fue el
desastre de Annual – 22 y 23 de julio de 1921-, batalla en la que muchos oficiales escaparon, ajenos a su
deber, con lo que la retirada ordenada no tardó en convertirse en una
desbandada general bajo el fuego de los rifeños. Muchos de esos oficiales
trufaron las tropas de Franco en la guerra, pero enfrente tenían otros
españoles, por lo que no les entraba el pánico como en Annual y, además,
contaban con los moros para emplearlos contra sus compatriotas.
Sanjurjo era un Marte
africanista, la prensa española le llamaba ‘El león del Rif, asombrada de que
unos “moritos” – empleo el término empleado por el conspiranoico Pedro J. para
insinuar que la autoría del 15-M era del
PSOE- hubieran derrotado al ejército español.
Como parece que el honor escaseaba entre esos Martes, Sanjurjo
se fugó a Portugal.
El 18 de julio, en el aeropuerto de Lisboa, el avión que le
traía a España para ponerse al frente de la rebelión capotó al despegar. Fue un
accidente de aviación como el que costó la vida a Mola, otro más de los
competidores de Franco muertos en extrañas circunstancias. ¡Milagros del brazo
incorrupto!
La ley Militar en su
totalidad quedó aprobada en las Cortes el 4 de setiembre de 1932.
Sobre
el asunto de los periódicos suspendidos por el Gobierno le viene a hablar
Martín Luís Guzmán, íntimo de Azaña, periodista del diario LUZ que se intitula Diario de
la República. Éste le refiere una entrevista con el director de El Debate, Ángel Herrera Oria, que le
fue a visitar para que hiciera de intermediario con Azaña. Estaría dispuesto a
que el partido que fundó, Acción Popular, se uniera a la República “si la
política religiosa del Gobierno no fuese más allá y les dejasen la enseñanza”.
Según Herrera las formas de gobierno son accidentales. También, consciente de
que no era posible pensar en la firma de un Concordato, propone que el Gobierno
haga un acuerdo secreto con el Vaticano, lo que decidiría a la Iglesia española
a aceptar la Republica. Está asustado porque sabe que esta suspensión es
distinta que las anteriores.
Nota
del autor: Si se analiza lo anteriormente escrito se da uno cuenta que lo
que proponía el clerical Herrera -no era aún sacerdote; no entró al seminario
hasta tres años más tarde-, era lo mismo que hizo el 3 de enero de 1979 UCD:
los acuerdos ‘aconstitucionales’ con el Vaticano. Son ‘acostitucionales’ porque
al no estar promulgada la CE se aprobaron basándose en los Principios del
Movimiento, que derogó la Constitución.
Ni Felipe González, ni José Luís Rodríguez Zapatero, se han
atrevido a denunciar esos acuerdos y, si fuera preciso, negociar otros que se
ajusten a la Constitución, y que sean aprobados en las Cortes.
En lo referente a la enseñanza lo que pedía Herrera fue lo que
consiguió Eugenio Nasarre, de los negociadores del PSOE, ignorantes ellos de
que a los clericales les ha hecho la boca un fraile.
Azaña
se lamenta de las consecuencias del golpe: “Los sucesos del 10 de agosto me han
quitado no pocas ilusiones respecto al porvenir del ejército. Si el mal fuera
incurable, no podremos tener un ejército respetable, y sin un ejército moderno,
a donde va uno con España por el mundo, tal como están las cosas.
Algunos toman pie de
los sucesos del 10 de agosto para decir que mi política militar ha fracasado.
(…) Se imaginaban sin duda que sacar del Ejército 10.000 oficiales, separar del
Estado Mayor general a más de 100 generales, reducir las plantillas a la mitad,
y dejar paralizadas muchas carreras brillantes, además de segar los privilegios
de los <<príncipes de la milicia>> era una operación que no tenía
riesgos ni peligros y que todos se iban a aguantar (12)”.
Como ya escribí en la
4ª entrega el Gobierno completó la reforma militar, sacando los cuarteles de la
Villa de Madrid, para lo que adquirió una gran finca en El Goloso.
Continuará en la próxima entrega.
Alfredo Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.22/07/1932
(2) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.04/08/1932
(3) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.09/08/1932
(4) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.27/08/1932
(5) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.10/08/1932
(6) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.15/08/1932
(7) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.20/08/1932
(8) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.20/08/1932
(9) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.25/08/1932
(10) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.25/08/1932
(11) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.25/08/1932
(12) Manuel Azaña. Los cuadernos robados.04/09/1932
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