domingo, 18 de junio de 2017

BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
Xvi ª ENTREGA

E.1 El PSOE hace una OPA sobre el PSP.

 El PSOE y el PSP de Tierno Galván se unieron bajo las siglas del primero el 29 de abril de 1978. El partido opado desapareció. El equipo de González no quería socialistas a su izquierda y los neutralizó.

Para ello fue fundamental la situación económica del PSP en esos momentos. Su fundador, Tierno Galván, había avalado personalmente un crédito bancario de 80 millones de pesetas (480.000 €), cifra que sí hoy es elevada, en ese año suponía una gran fortuna; y el viejo profesor que se había dado cuenta de que nunca podría sacar más votos que el PSOE, se integró en el partido que asumía esa deuda.
Además otros dirigentes del PSP, que como José Bono no estaban dispuestos a emprender una larga travesía del desierto, influyeron en la aceptación de la OPA.

E.2 En Cataluña se unen los socialistas.

Los tres partidos socialistas surgidos después de la dictadura franquista se unificaron el 16 de julio de 1978 con el nombre de PSC-PSOE. Su ideología es socialdemócrata y catalanista.

E.3 El día en el que el PSOE abjuró del marxismo.

E. 3. 1 Cien años de honradez y firmeza

El 2 de mayo de 1979, el PSOE celebró los 100 años de la fundación del partido. El lema que figuraba en todos los enormes cartelones publicitarios era: 100 años de honradez y firmeza. Pero algo más que el lema contenían los cartelones y las hojas volanderas: la efigie de Felipe González a la derecha de la de Pablo Iglesias.

Entre bastantes dirigentes del partido no sentó nada bien la personalización del PSOE en Felipe González, más aún cuando el llamado “culto a la personalidad” era motivo de crítica en otros partidos políticos. Pero la fuerza de los dirigentes andaluces unida a la de dirigentes madrileños como Solana, se impuso.   

Nota del autor: Desgraciadamente como consecuencia de que la osamenta del PSOE había  pegado un estirón (aumento tumultuoso de afiliaciones), hubo años después corrupciones y corruptelas, por lo que, cuando fueron públicas, lo de la “honradez” sirvió para escarnecer al  PSOE.

Tampoco entiendo lo de la “firmeza”, cuando el PSOE de Felipe González se distinguió por la muestras de “cintura política” que demostró su Secretario General. 

 E. 3. 2 Abjuración del marxismo.

Los resultados de las elecciones del 1 de marzo no dejaron satisfecho a Felipe González. 
Consideraba que Suarez le había hecho una jugada cuando salió en TVE pidiendo, sin citar al PSOE, que no se votase a un partido marxista; y que eso le había impedido ganar las elecciones. “Le sentó tan mal que ni siquiera cumplió con el trámite de cortesía de felicitar al ganador”. (1).
Y, lo que era peor: conocía, por conversaciones con otros dirigentes de partidos socialdemócratas europeos, que el “imperio” no dejaría que en España gobernase un partido que mantenía el marxismo en sus Estatutos.

Era el momento, una vez conseguida la unidad de los socialistas, de que el mensaje del PSOE fuera el de la moderación.  

Empezó por ello a preparar su “Bad Godesberg” en el 28º Congreso del PSOE.

Nota del autor: El 15 de noviembre de 1959 en un apacible lugar residencial cercano a Bonn, que entonces ostentaba la capitalidad de la Bundesrepublik, el SPD  - Sozialdemocratische Partei Deustchlands - renunció al marxismo.
En el año 1966 cené en Bad Godesberg en un castillo medieval. Desconozco si en él se celebró el Congreso del SPD, pero si fue allí no resulta extraño que hubieran abandonado el marxismo, su lujo hace abandonarlo a cualquiera.

Fue en Barcelona, el 8 de mayo de 1978, donde Felipe González, Primer Secretario del PSOE - ese era el título que entonces tenía-, en una reunión con casi medio centenar de periodistas dejó caer que iba a pedirle al partido la renuncia al marxismo.
Los periodistas, en una escena que recordaba otra de “Primera Página”, la película de Wilder,  salieron de estampida a buscar teléfonos, ya que solo se podía hablar desde hacía dos años por el TAV - un teléfono montado en el coche - , pero todavía no por los teléfonos móviles, que no llegaron hasta 1980 y a pocas manos porque a fin de ese año solo había unos 30.000 en toda España.

Pronto Guerra le hizo un quite a Felipe: restó transcendencia a su declaración. No quería alertar a los socialistas que consideraban el marxismo inherente al PSOE. Más aún cuando solo faltaban 11 días para el inicio del 28º Congreso.

La cosa llegó a extremos tan ridículos que quince años después Pablo Castellanos publicó un libro, y en él reproducía una circular que la Ejecutiva envió el día 9 a las Agrupaciones, decía: “En ningún momento nuestro primer secretario habló de abandonar el marxismo”.

Nota del autor: Guerra, que es un hombre culto, es obvio que conoce la obra de Orwell “1984”, pero al redactar la circular no le repugnó utilizar la ‘neolengua’ que éste imaginó para la ‘distopía’ que escribió.

En aquellos amenes, Felipe González presentó el 17 de mayo, primer día del Congreso, el informe de la Ejecutiva. Cuando esperaba una aprobación a la búlgara, una veintena de intervenciones criticaron duramente su labor. Sometida a votación la gestión de la Ejecutiva el resultado arrojado fue: 68 % a favor, 10 % en contra, y una importante abstención del 20 % que no es habitual en este tipo de votaciones.

Luis Gómez Llorente que tenía ascendencia sobre los llamados críticos, fue advertido por Guerra de la determinación de González de no aceptar los postulados del 27º Congreso. 
Convinieron en una solución digna de Guerra, un “tahúr del Misisipi” como él llamo a Suarez: que dando por supuesto el desconocimiento de la militancia sobre lo que se aprobó en ese Congreso, se redactara una ponencia haciendo referencia a los principios de Congresos anteriores.

En la Comisión Política Gómez Llorente defendió el acuerdo con Guerra. Pero se impusieron las tesis de Francisco Bustelo y de Alfonso Puerta,

E. 3.2.1 La noche del avellano

Así se llegó a la noche del 19 de mayo. Francisco Bustelo, senador del PSOE, y uno de los dirigentes más críticos  con el liderazgo de González, pidió a los congresistas un claro apoyo a la propuesta de mantener la línea política marxista. Insistió en no dar a la ciudadanía la impresión de que el PSOE “iniciaba un vergonzante giro a la derecha”. (2) Fue muy aplaudido por unos exultantes congresistas puestos en pie.

Para contrarrestar su discurso, e intentar echar agua al vino, Joaquín Almunia que era responsable de Economía de UGT, presentó una ponencia con tesis alejadas del marxismo. Prácticamente fue abucheado, dado el ambiente de fronda que reinaba en el Congreso.

Nota del autor: La “fronde” fue una insurrección de los aristócratas franceses contra su Rey; esa palabra, españolizada en fronda, se utiliza en  política para definir un ambiente de rechazo de los militantes de un partido a sus dirigentes.

Incluso la intervención de Felipe González no entusiasmo a los congresistas. En un discurso vacuo y sin espíritu, se presentó como “la voz de aquellos militantes que no siendo marxistas, no se atrevían a hablar en las tribunas ni en las mesas. Y argumentó con las incongruencias y absolutismo de los países con regímenes marxista”. (3)

Nota del autor: En Política, como en los demás ámbitos de la vida hay que saber relacionar. Fue el mediocre actor y peor Presidente, Ronald Reagan, el que empleó esa falsa imagen de “la mayoría silenciosa”. Es falsa porque no se puede cuantificar si es “mayoría” o es “minoría”.
Entonces, González la empleó sin éxito. Pero otros políticos siguen recurriendo a ese recurso retórico; así don “Trancredo” abusa de la frase “la inmensa mayoría de los españoles”.  

E. 3.2.2 Cuando Alfonso Guerra devino en espía.

Así lo han contado:
“A la mañana siguiente, muy temprano Enrique Tierno inició consultas para ver si podía organizar una candidatura sin González, Los guerristas se movilizaron de inmediato. Un miembro del equipo organizativo, apostado frente a la sala donde estaba Tierno, comunicando por radio-transmisor todas las idas y venidas: ‘Sale Castellano’. ‘Entra Gómez Llorente’. (4)

Los llamados críticos fueron incapaces de conseguir una unión entre ellos que permitiera presentar al 28º Congreso una candidatura de Ejecutiva.

E. 3.2.3 Bronca y división de opiniones

Como es lógico las dificultades de los críticos llegaban a conocimiento de González, y bien fuera él, o Guerra, o, incluso, Julio Feo, trazaron una inteligente estrategia. Convocaron de nuevo a los medios de comunicación, e invitaron a personas de relieve simpatizantes de Felipe González.
Así lo contó Joaquín Prieto: “González regresó al congreso, salió a la tribuna de oradores y pronunció aquel discurso cubierto ampliamente por los medios públicos de comunicación - Suarez se portó muy bien, reconoce uno de los dirigentes que vivieron aquel congreso - , en el que dijo aquello de ‘nunca he sido un junco que mueve el viento en la dirección que sopla’, y ‘hay que ser socialista antes que marxista’.
‘Si hago política perdiendo fuerza moral y razones morales, prefiero apagar’, continuó González. ‘porque yo no estoy en la política por la política. Estoy porque hay un discurso ético, que no suena demasiado revolucionario, que no suena demasiado demagógico, pero que es el que mueve a Felipe González en la política’. Y su crítica al congreso: ‘no había que haber discutido la mayoría del tiempo la cuestión de principios y la mínima parte del tiempo de los problemas de la esta sociedad’. Una bronca en toda regla, acogida con gritos diversos, los de ‘PSOE’, ‘PSOE’ predominaban entre los delegados, y los de ‘Felipe’, ‘Felipe’ entre los invitados”. (5)

Nota del autor: La anotación “Suarez se portó muy bien”, no es baladí ya que todos los medios de comunicación públicos estaban en manos de Suarez, tanto en Madrid como en provincias, y entre ellos estaban los Periódicos del Movimiento. Con la distancia que el tiempo nos permite el puzle se completa, se comprende la generosidad de Suarez, y que no aprovechase esa debilidad del PSOE para convertirlo en un partido marginal, porque quince años después Suárez da una razón: ”Era un tema interno. Pensando en el futuro me parecía que Felipe González aglutinaba a un sector muy importante de la izquierda española, y que, conociendo al personaje como yo le conocía, ese sector iba a ser moderado. Es la percepción que tuve entonces. Yo quería la estabilidad del sistema que nacía de una forma tan singular, y sabía que algunos líderes debían desempeñar un papel clave. (6). 


E. 3.2.4 La Gestora.

Fue el propio dimisionario, Felipe González, el que propuso la creación de una Gestora. El presidente del 28º Congreso, José Federico de Carvajal, persona muy afín a González, quedó como presidente provisional de la Gestora.

E. 3.2.5 El pucherazo.

Mientras los participantes en el congreso discutían si el marxismo era galgo o era podenco, Alfonso Guerra cocinó un pucherazo.
Así lo cuenta Santos Juliá: “Alfonso Guerra lograba que  el 28º Congreso aprobara un reforma de estatutos que además de prohibir las tendencias organizadas y las corrientes de opinión cambiaba el sistema de representación de manera que en adelante, suprimido el derecho de voto por agrupaciones locales, las provinciales enviarían una delegación única con un único voto. El sistema indirecto de elección y el voto único por delegación dejaba en manos de una minoría fácilmente controlable por los organismos ejecutivos centrales, la aprobación de las resoluciones y la elección de la ejecutiva.
Aparte de incrementar el peso de la delegación andaluza, este sistema reforzó el poder de la ejecutiva y el control de los órganos centrales, del aparato, sobre el conjunto del partido”. (7)

Alfonso Guerra allanaba así el camino para el retorno del bwana.

Es por lo anterior lógico que Luis Gómez Llorente intentara combatir “la dependencia de un partido respecto de un hombre”, y a esa dependencia la llamó Felipismo.

E. 3.2.6 El retorno del  Bwana.

El Congreso extraordinario para resolver las disensiones del 28º Congreso se celebró en Madrid los días 28 y 29 de setiembre.

Como consecuencia del pucherazo de Alfonso Guerra el número de delegados se redujo casi a la décima parte. En total asistieron 421 delegados. De ellos, casi el 25 % eran de la Federación Andaluza; mientras de la Federación Madrileña no llegaban al 11 %; como era en la que estaban encuadrados más “críticos”, éstos fueron fácilmente derrotados.

Felipe González fue elegido Secretario General con el 86 % de los votos. Con él salieron elegidos, como Presidente Ramón Rubial, y como Vice-Secretario General Alfonso Guerra.

Nota del autor: Recupera así, Felipe González la denominación originaria para el máximo dirigente, interrumpida durante el exilio del PSOE en Francia donde se utilizó la denominación de “primer secretario”.

E. 4. Un referéndum.

El 28 de febrero de 1980 se celebró en Andalucía un referéndum. Se trataba de dilucidar si el pueblo andaluz deseaba acceder a la autonomía por el artículo 151 o por el 143, ambos de la CE.

UCD tenía interés en que se prefiriera el 143 por varias razones, una para que los “autonomías de primera”, es decir las que desde el primer momento tendrían mayores competencias solo fueran los llamados territorios históricos, manteniendo así el centralismo tan apreciado por las derechas; la otra porque si se elegía obtenerla mediante los requisitos que señala el artículo 151, Andalucía se convertiría en un feudo del PSOE.

Sometida a referéndum - lo exige el propio artículo - la preferencia de los andaluces se decantó por el artículo 151, con el 55,4 % de los votos. La abstención fue muy elevada: el 36 %.

El ministro Clavero Arévalo encontró el método para igualar por enrase todas las autonomías: el llamado café para todos, que es más a menos en lo que estamos ahora.  

Nota del autor: Es conveniente recordar estos datos para poder rebatir a aquellos que magnificaron la abstención cuando el referéndum del Estatut.

E.5 La moción de censura.

El 30 de mayo de 1980 Felipe González presentó una moción de censura contra Suárez. El resultado de la misma tuvo dos ganadores: un ganador oficial, es decir el que más votos obtuvo, que fue Suárez; y un ganador virtual que fue Felipe González.
El mismo Suárez lo reconoce: “A mí me presentan una moción de censura y la gano legalmente, pero la pierdo moralmente”. (8).

Suárez se quedó sólo, le respaldaron solamente los votos de su partido.
Felipe González, que como escribo más arriba se  había deslastrado del marxismo, se mostró ante los muchísimos españoles que aún no le conocían como un orador sólido, y lo más importante con carisma; las cámaras de televisión - la nueva herramienta de marketing, cosechadora de votos - le adoraban. Empezó la época del grito de las mujeres en los mítines: “Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo”.
Ilusionó a unos españoles que estábamos atrapados entre el terrorismo y la involución.

Pero lo más importante de la estrategia de Felipe González, la razón de su moción de censura - dejando aparte la de desgastar a Suárez -, fue la de dar a conocer al PSOE, un partido que entonces solo contaba con 101. 082 militantes, como alternativa de poder.
Tanto ante los medios de comunicación españoles, como ante los corresponsales extranjeros, el PSOE y su líder quedaron como una alternativa de Gobierno, moderados en sus planteamientos económicos; ansiosos de reformar una Administración Pública que todavía usaba manguitos y seguía anclada en el “vuelva usted mañana”, 

Aunque el 17 de octubre de 1977, en Washington, González había rechazado la posibilidad de que España ingresara en la Alianza Atlántica, para la importante opinión del “imperio” ya no era marxista y sus veleidades de neutralismo - en lo que coincidía con el pueblo español que tenía memoria de su neutralidad en las dos guerras mundiales - el perfil que de él tenía la Secretaría de Estado era el de alguien con la cintura política suficiente para cambiar de opinión si hiciera falta.
En unos tiempos en que Europa vivía en régimen de “libertad vigilada”, era imprescindible contar con el beneplácito de USA.

Además el “imperio” nunca perdonó a Suárez sus abrazos con Arafat, y Fidel Castro,  y que fuese partidario de declarar a España “país no alineado”. Muestra de ello fueron sus continuas confrontaciones con el prepotente embajador estadounidense, Terence Todman.  

E.6 El extraño caso de la reunión PSOE - Alfonso Armada.

El 30 de octubre de 1980 se celebró una entrevista de dos diputados del PSOE, Joan Reventós y Enrique Múgica, con el gobernador militar de Lérida, el general Alfonso Armada, en casa del alcalde de Lérida Antoni Siurana, del PSC.  Así lo contaron, 15 años después, Alfonso Armada y Adolfo Suárez.

El primero, entrevistado por José Luis Barbería, dice: “Se han contado muchas cosas de eso, pero yo voy a contar la pura verdad. Ciurana, el alcalde de Lérida, con el que yo me llevaba muy bien, vino una mañana, me llama y me dice si quiero ir a su casa a comer con unos amigos. No recuerdo si en aquel momento me dijo que los otros invitados eran Múgica y Reventós. Yo le dije: ‘Hombre, yo a tu casa voy siempre que me lo digas’.
De esa comida di cuenta al entonces capitán general de Barcelona, y éste se lo transmitió al jefe del Estado Mayor. Al Rey se lo conté yo personalmente más tarde.
Múgica en esa comida, me hizo preguntas sobre Sabino Fernández Campos. ¿Qué opina usted de Sabino? Me preguntó por Sáenz de Santa María, por algún otro militar. De golpe no hablamos nada, de Gobierno no hablamos nada. (9)

Suárez, entrevistado por Sol Alameda, con la presencia de Javier Pradera, Santos Juliá, Javier Tussell, a la pregunta: “¿Estaba al tanto de las reuniones de algún socialista con los mandos militares?”, contesta: “Sí, lo leías en la prensa. Preguntaba a los dirigentes de los partidos y,  naturalmente, te decían que no había nada.
Yo podía tener otra información, como presidente del Gobierno, de los servicios de información, que la tenía, podía darle mayor o menor verosimilitud. Lo que no cabía, ni cabe,  es que una fuerza política realmente democrática estuviera jugando a operaciones de esa índole”. (10)

Nota del autor: Hasta aquí la noticia; voy a tratar de convertirla en información.
Reventós y Múgica no eran “diputados de base”. El primero era el fundador del PSC; el segundo miembro de la ejecutiva del PSOE.
Alfonso Armada era un militar franquista por tradición familiar, pero sobre todo él lo era porque  se incorporó al ejército de Franco con 16 años,  luchó en ese bando toda la guerra, y al terminar ésta combatiendo en la División Azul.
Y ahora las preguntas incómodas: ¿era conocedor González de que sus compañeros se iban a entrevistar con Armada? ¿Quién solicitó la entrevista? ¿Estaba la cúpula del PSOE dispuesta a que nos gobernara un general franquista con tal de echar del poder a Suárez?
Si Felipe González no era conocedor de que se iba a celebrar la entrevista, ¿por qué no desautorizó inmediatamente a sus compañeros?
En mi opinión porque sí estaba enterado; repitió, cincuenta años más tarde, el error de Julián Besteiro que  propuso que el PSOE sostuviera la dictadura de Primo Rivera, por una idea del orden a mi juicio mal entendida. Y con eso desgarró al PSOE de entonces.

Esta cuestión del apoyo a un general, franquista acérrimo, es algo tan grave para el líder de un partido democrático que de las contestaciones a la misma dependerá  la imagen tanto de González  como del PSOE de la época. 

E.7 Acoso y derribo de un presidente de Gobierno.

Suárez que en las elecciones constituyentes del 15 de junio de 1977, cuyo aniversario fue el jueves pasado, consiguió con el 34,4 % de los votos el 47 % de los escaños - consecuencia del “puchero” de MartínVilla – lo que le permitió gobernar casi sin oposición, el 2 de marzo de 1979 se encontró que aunque había superado ligeramente el número de votos y escaños de aquellas, era mucho más  difícil gobernar en 1979 que  dos años antes.
Estas dificultades le hicieron exclamar al darse cuenta de que la suma de los votos del PSOE y de los votos del PSP superaba a la de UCD: “Que gobiernen ellos si ganan,     - le comentó a su entonces vicepresidente, Alfonso Ossorio -, a ver si son capaces de hacerlo con el Ejército que tenemos”. (11)

Una de las razones de esa dificultad fue que la CE había sido promulgada, y en ella quedaba muy claro cuál era el funcionamiento del Parlamento. Tuvo por ello que pactar a diestra y a siniestra, con partidos políticos que eran adversarios, y hasta enemigos suyos.
Pero acostumbrado a mandar, que es lo mismo que “decir”, no estaba acostumbrado a pactar, que requiere “escuchar”. Y sus propios errores, como dilatar el asunto del Estatuto de Andalucía, que a Felipe González, que estaba obsesionado con que se produjera la rápida promulgación del mismo, le llevó al gaffe  de decir sobre el intento fallido de Torres Rojas: “ hay la posibilidad de que en el fondo se trate de una columna de humo montada desde el Ejecutivo para infundir miedo y  frenar no solo el referéndum andaluz, sino la avalancha crítica desencadenada contra UCD por su decisión de retrasar el proceso autonómico” - (léase XVª entrega), le condujeron a duros enfrentamientos.

Errores aparte se inició un periodo de hostigamiento a Suárez, y ese acoso le venía tanto del exterior, - era la estrategia del PSOE-, como del  interior de la coalición UCD -aún no había celebrado el congreso para convertirse en partido- .
Así se veía en la prensa: “El ambiente social en torno suyo se hallaba cada vez más enrarecido. Por un lado los ortodoxos del franquismo, de cuyas filas era oriundo el presidente, no le perdonaban lo que consideraban su traición al disolver el Movimiento e impulsar una reforma política que había constituido el suicidio del régimen. Por otro los militares se encontraban enfrentados abiertamente con él por la legalización del partido comunista, pues se habían sentido engañados por promesas que les habría hecho en sentido contrario. El mundo financiero tampoco le era favorable: le contemplaba como un advenedizo, poco familiarizado con las necesidades de la política económica y, en cierta medida, alguien todavía vecino a las tesis de la ‘revolución pendiente’ falangista (…) Las fuerzas de orden y de seguridad eran cada vez más incontrolables y se quejaban de la falta de contundencia en la respuesta a la ofensiva terrorista de ETA, que en aquellos años fue particularmente virulenta. (Ya por esa época hubo varios incidentes de guerra sucia contra el terrorismo, protagonizados por elementos de la policía y  la Guardia Civil, en una edición primera de lo que luego se convertirá en el GAL). (12)

Nota del autor: Sería sorprendente el mutismo de Juan Luis Cebrían sobre la colaboración de los media - la mayoría eran franquistas, particularmente la Prensa del Movimiento- en el acoso y derribo, sino se conociese el dicho venezolano: “caimán no come caimán”.

El acoso de la oposición, capitaneada por el PSOE, empezó al día siguiente de que se conocieran los resultados de las elecciones legislativas. Ya el 28 de marzo la oposición le hizo conocer a Suarez, y a la opinión pública, que si como éste planeaba no había debate después del discurso de su investidura se retirarían del hemiciclo. Dos días más tarde, el 30 de marzo, Suarez se sometió en el Congreso a un debate y una votación; ganó la votación y quedó investido como presidente.

El acoso, sobre todo el interno, unido a la dimisión de algún ministro, hizo que Suárez remodelase el Gobierno hacía lo que entonces se consideró una derechización, con gran regocijo del PSOE.
El 8 de setiembre de 1980, Suarez presentó su cuarto gobierno. Pero ese gobierno incluía una bomba de relojería: Fernández Ordoñez traía bajo el brazo un proyecto de Ley del Divorcio.

El impulso que ello le dio le animo a presentar una semana después, el 16 de setiembre, la “cuestión de confianza”. La ganó ampliamente; aparentemente no estaba solo.

Pero la realidad era muy otra, dos frases  muy comentadas de Pío Cabanillas la resumen: “Cuerpo a tierra que vienen los nuestros”, y “Yo ya no sé si soy de los nuestros”. La ironía del gallego resume en dos expresiones lo que hubiera necesitado, para entender lo que ocurría, un voluminoso “Tratado sobre el Odio Político entre Compañeros”. 

Sin embargo los ánimos no se calmaron, esto es lo que se ha escrito sobre aquellos años dramáticos: “En el otoño de 1980, en los cenáculos madrileños todo el mundo hablaba ya con naturalidad de la inminencia de un pronunciamiento, o algo semejante, si las cosas seguían tan mal”. (13) 

Pero en la razón de su acoso interior, sobre todo por parte de los Demócratas Cristianos  -se deberían llamar Demócratas Católicos- , había otros factores que Cebrián no menciona: un Papa nuevo, y una Conferencia Episcopal nueva.

El 16 de octubre de 1978 hubo “fumata bianca” en el Vaticano. Salió elegido un Papa polaco  que tomó el nombre de Juan Pablo II. Era un papa que venía del frio; se cumplió, una vez más, el dicho de que la vida imita al arte, puesto que ya en 1968, solo diez años antes, la máquina de propaganda estadounidense estrenó la película “Las sandalias del pescador”
Pertenecía el Papa Wojtyla a una  Iglesia de resistencia, a la que no había llegado el aggiornamento del Vaticano II, impulsado por el Papa Juan XXIII. Era un integrista.
El Opus Dei, que nunca aceptó el Vaticano II, y otras sectas integristas como los Legionarios de Cristo, cuyo jefe el pervertido Marcial Maciel, se hizo íntimo amigo del Wojtyla,  encontraron en él un aliado y protector. De él consiguió el Opus Dei, el 19 de noviembre de 2006, la concesión de una prelatura que le negaron los Papas anteriores. Los integristas envolvieron al Papa en una telaraña, convirtiéndose en sus consejeros, especialmente en los últimos años en los que sus facultades se debilitaron mucho.

El 23 de febrero de 1981 fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal el arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán. No he leído que a nadie le haya llamado la atención la coincidencia de que en dicho día Merchán llegue a la cúpula episcopal y Tejero llegue al Congreso.  
Así como monseñor Tarancón, su antecesor, se conformó con lo que  había conseguido con la firma de los Acuerdos (leer 14ª Entrega), y sobre una posible Ley de Divorcio era reticente pero no beligerante, Díaz Merchán era beligerante tal como le exigía el Papa y su entorno.

Como nos enseña la teoría de las catástrofes, por sí solas las circunstancias de un posible despecho del demócratacatólico, Landelino Lavilla, “por no ocupar un lugar preeminente en el Gobierno” (14), ni la derrota del espíritu del Vaticano II por el surgir impetuoso de los integrismos, ni el acoso del PSOE, ni la barbarie de los terrorismos y la guerra sucia - ETA, GRAPO, y BVE- hubieran dado lugar a lo que ocurrió después. Fueron la conjunción de todas ellas las que desencadenaron la catástrofe.

Pero además se unía a las causas anteriores la “maldición española”: cada vez que España iniciaba el camino de la Democracia la coyuntura económica se lo impedía. Fue así en los comienzos de la 2ª República, cuando la Gran Depresión americana hundió la economía española; se volvió a repetir a partir de 1976 por la epidemia mundial de la stagflatión, la mezcla corrosiva de estancamiento e inflación - en España ésta alcanzó el nivel del 27 % -

Las siguientes informaciones explican lo que entonces ocurría en la economía mundial, y como ello afectaba a los españoles:

En 1973 se produjo otra más de las guerras entre judíos y árabes, la llamada “guerra del Yom Kippur” porque se inició el 6 de octubre, fecha en la que los judíos celebraban el día de la expiación. La perdió la coalición de los estados árabes, que nunca más han llegado a inquietar a Israel. Estos emplearon entonces su arma secreta, el petróleo, y empezaron a racionarlo. La subida de los precios fue imparable: a primero de año el barril estaba a 1,65 $;  en noviembre ya estaba a 3,45 $; en diciembre a alcanzó los 9,30 $; e inicia el año 1974 con un precio del barril de 14,30 $.
Es evidente que la multiplicación por 10 del precio del oro negro en menos de 6 meses, tenía que afectar muy negativamente a una economía capitalista cuya sangre era el petróleo. Se produjo lo que se llamó el “choque energético”.

Los españoles aprendimos otra palabra: petrodólares, que se incorporó al diccionario.
Y empezaron a visitarnos unos sujetos tocados con la kufiyya, rodeados de su harén, y con una escolta de hombres fuertemente armados- . Venían a Marbella a hacer lo que hacían en el Líbano antes de que este país fuera desestabilizado por los israelíes: jugar en el casino; beber alcohol; alquilar prostitutas; y comprar y vender armas.  

Quizás el impacto económico no hubiera sido tan grave si el 15 de agosto de 1971  el presidente americano, Richard Nixon, no hubiera denunciado los acuerdos de Breton Woods que su país había firmado, y derogado la convertibilidad del dólar y el oro, dando lugar a una economía regida por el monetarismo.
El déficit de USA, consecuencia de los enormes gastos de su guerra contra Vietnam, estaban drenando a gran velocidad las reservas de oro de Fort Knox, y los que vendían a los estadounidenses empezaron recibir billetes que ya no podían convertir en oro. Se estableció así lo que don José María Castañeda Chornet nos enseñó que se llamaba “sistema fiduciario”; basado en la fe, en la confianza.

Estas dos circunstancias, sobre todo la primera, afectaron gravemente a España, un país que importaba en ese tiempo el 65 % de la energía que consumía, y cuyas exportaciones de productos en general solo cubrían el 45 % de las importaciones.

Si a lo anterior unimos que el Régimen, ya en sus estertores, para mantener a los españoles calmados, hizo caso omiso de lo que ocurría y no subió los precios de los carburantes - la gasolina se mantuvo en las 6 pesetas litro - , vaciando de divisas el Banco de España; que para que los obreros no salieran a las calles el Sindicato Vertical pedía en todos los convenios salariales “la inflación más dos puntos”; que se había devaluado la peseta un 20 %; que prácticamente nadie pagaba el impuestos directos porque no regía el IRPF, sino aquella cosa tan evanescente que eran los signos externos; y que la inflación   alcanzó el27 % , hemos de convenir que el 21 de noviembre de 1975 los españoles nos encontrábamos inmersos en  “la tormenta perfecta”.   

E. 7.1 La dimisión

En un dramático mensaje por televisión que dirigió a los españoles el 29 de enero de 1991, Adolfo Suárez, presidente del Gobierno de España, anunció que había presentado su dimisión irrevocable al Rey.
Empezó su discurso diciendo: “Me voy sin que nadie me lo haya pedido”. Continuó con la frase: “La continuidad de una obra exige un cambio de personas, y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la vida de España”.

No mencionó ninguno de los motivos que le habían  llevado a dimitir.

Nota del autor: Ante la primera frase  ha habido comentarista político que le increpa porque sí que eran muchos los que querían que se fuera. Opino que aquí Suarez quiso informarnos que no se lo había pedido el Rey, el único que, para él, podía pedírselo.

Ni siquiera 15 años más tarde, en la entrevista a la que hago referencia en el punto 6, aclaró los motivos. Solamente un ligera insinuación cuando la periodista Sol Alameda le dice:” Cuando dimite en su  despedida dice aquella frase de que no quiere que la democracia se convierta de nuevo en un paréntesis. ¿Qué quería decir?”. (15) La respuesta de Suarez no puede ser más esclarecedora: “Había muchos problemas en UCD que amenazaban con su desintegración. Se planteaba contra mí un fuerte acoso y derribo por parte del PSOE. Todo producía una grave inestabilidad política que podía ser un peligro para nuestra incipiente democracia”.

Nota del autor: Opino que lo dice claro. Está harto. ¡Qué vengan los socialistas a gobernar!      

El acoso a Suarez terminó con su dimisión, y propició lo que él no quería, una inestabilidad política que sirvió de excusa a los militares y sus aliados: los poderes fácticos civiles - clérigos, clericales, clases pudientes - y las injerencias de otros países, para dar el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Continuará en la próxima entrega.

Alfredo Sancho Cavo

                                                                                                     


BIBLIOGRAFÍA:
(1)     Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(2)     Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(3)     Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(4)     Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(5)     Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(6)     Sol Alameda. Adolfo Suarez.
(7)     Santos Juliá. La renuncia al marxismo.
(8)     Sol Alameda. Adolfo Suarez.
(9)     José Luis Barbería. Alfonso Armada.
(10) Sol Alameda. Adolfo Suarez.
(11) Joaquín Prieto. Catarsis en el PSOE.
(12) Juan Luis Cebrián. Acoso y derribo de Suárez.
(13) Juan Luis Cebrián. Acoso y derribo de Suárez.
(14) Juan Luis Cebrián. Acoso y derribo de Suárez.

(15) Sol Alameda. Adolfo Suarez.

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