Un psicólogo, amigo mío, ha publicado este articulo en El Diario de León y yo quiero incluirlo (con su permiso) en este blog para que lo podáis leer
Eduardo Segovia
Ramón Sampedro versus Artur Mas
José Antonio García Marcos. Psicólogo clínico 21/09/2015Si la independencia de Cataluña tuviera que decidirse en un debate dialéctico entre Artur Mas y Mariano Rajoy, ganaría, sin duda, el primero. Mas es un tipo astuto, inteligente, seductor, buen comunicador, ingenioso, espontáneo, pocas veces parapetado tras papeles escritos, y con una buena dosis de ironía. Conoce bien sus puntos fuertes y sabe encontrar los débiles del adversario. Mas sería capaz de vendernos un coche viejo y destartalado como si fuera un Mercedes recién salido de fábrica. Rajoy, por el contrario, es aburrido, pasivo, plomizo y alguien a quien le traicionan los tics cuando no dice la verdad, lo que le ocurre con cierta frecuencia. Al resto de los políticos, que también mienten, se les nota menos. Rajoy sería incapaz de vender un flamante Mercedes a precio de saldo y no hay que olvidar que llegó a la Moncloa porque a su rival, Rodrigo Rato, ya se le veía de lejos su talante de trilero. Ahora bien, con sus virtudes y sus defectos, los dos forman parte de un poder estatal que cada uno está intentando utilizar en su propio beneficio. El uno para separar a Cataluña de España y el otro para mantener el statu quo.
Artur Mas, con su tenacidad y osadía, me recuerda a aquel Ramón Sampedro que padecía una tetraplejia y que fue inmortalizado en la película Mar adentro de Amenábar. Para él la vida, inmovilizado en una cama, no tenía sentido y quería suicidarse. Solo, sin embargo, no podía hacerlo. Necesitaba ayuda y la ayuda al suicidio en nuestro país está penalizada. Su primera estrategia fue solicitar que la justicia le reconociera su derecho a morir y que quien le ayudara no tuviera después problemas legales. Los jueces le dejaron claro que si alguien le ayudaba a suicidarse sería perseguido judicialmente. Llegado a este punto, optó por burlar a la ley y murió ayudado por una mano que la justicia no acertó a identificar.
Arthur Mas está siguiendo un proceso muy parecido. Como la legislación vigente no le permite el derecho a la autodeterminación, lo está haciendo burlandola y provocando un verdadero terremoto político. La separación de Cataluña tendrá, sin duda, grandes costes sociales, económicos, emocionales y de convivencia que los unos tratan de minimizar y los otros, posiblemente, de agrandar. Hay que elogiar, sin embargo, el carácter pacífico, festivo y no violento del proceso pero nadie puede garantizar que ese clima pueda mantenerse en todo momento. Comprendo que la Unión Europea mire con preocupación todo lo que está pasando porque la separación de Cataluña supondría, sin duda, un efecto contagio para otras nacionalidades, reales o inventadas. Por otra parte, qué ocurriría si, después de la declaración de independencia de Cataluña el municipio de Hospitalet de Llobregat quiere separarse de esa Cataluña independiente y anexionarse a España. ¿Lo permitiría el nuevo gobierno de Mas? Cuando existe un problema, la solución adoptada debería contribuir a resolverlo y no a crear problemas todavía mayores.
Ramón Sampedro burló la ley y pudo suicidarse. En Holanda, un país europeo y alejado de radicalismos, su deseo hubiera estado dentro de la legalidad. Su muerte debería de haber fomentado un debate en torno a la despenalización de la eutanasia y/o del suicidio médicamente asistido, algo que no ocurrió y que siguen clamando muchos ciudadanos en iguales o parecidas circunstancias clínicas. Con su muerte, se perdió una ocasión propicia para reflexionar social y políticamente sobre la ampliación de las libertades ciudadanas a la hora de disponer de la propia vida en circunstancias excepcionales, aunque llegará el día en que ese debate se tenga que hacer. Del mismo modo, el grave conflicto que están planteando los independentistas catalanes servirá, más pronto que tarde, para profundizar en nuestra democracia, superar muchos de sus defectos y hacer las reformas constitucionales que se puedan consensuar mayoritariamente con el objetivo de que los ciudadanos de todas latitudes e identidades de esta España diversa y plural se encuentren más a gusto en su seno. Rajoy y Mas han dado suficientes pruebas de su cerrazón e incapacidad para solucionar este conflicto por lo que sería deseable que en las próximas elecciones, autonómicas y estatales, al menos uno de los dos desaparezca de la escena política.
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