BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
4ª ENTREGA
A. 1 En la democracia republicana. (Continuación)
A.2.3.1. La
regulación del trabajo y la protección de los trabajadores
Hasta mediados del siglo XIX el sufragio en España era del
tipo denominado censitario, es decir solo podían votar en las elecciones de la
finalidad que fueran - para ayuntamientos, o para diputaciones, o para el
Gobierno de la nación- los contribuyentes, es decir los que pagaban la
“contribución”, que era un impuesto sobre la propiedad.
Cuando a finales de dicho siglo se estableció el sufragio
universal, es decir cuando todos los hombres podían votar en cualquiera de los comicios que se celebrase, tuvieran o no tuvieran bienes, el PSOE presentó a
varios de sus militantes a las elecciones para diputados del Congreso. Y el
dirigente conservador, Cánovas, hizo las siguientes declaraciones: “no me
parece mal que haya diputados obreros, siempre que sus ideas no sean
exageradas. (1)”.
Las mujeres no tenían voto; España hubiera hecho las
delicias de los actuales eurodiputados polacos.
Don Pablo Iglesias fue elegido por vez
primera diputado en 1910. En el programa del PSOE figuraban las siguientes
exigencias:
“La creación de cantinas donde se dé
gratuitamente una comida sana a los hijos de los trabajadores… Dar todos los
años a esos niños ropa y calzado, un traje y un par de botas o zapatos a la
entrada del invierno y otro traje y otro par de botas a la entrada del verano
(…), creación de Casas de Maternidad para niños cuyas madres tienen que abandonarlos
durante el día o la noche para ir al taller o a la fábrica”.
Estas demandas, como los mandamientos, se
pueden resumir en dos: igualdad y solidaridad.
Hoy en día esas exigencias nos pueden parecer
exageradas, pero bastará con que recordemos que a primeros del siglo pasado
España era un país agrícola. El campo no estaba apenas mecanizado, y los brazos
de adultos y niños eran necesarios para el sustento de aquellas familias que
tenían pocas tierras, o sus tierras eran pobres. No digamos para los que no tenían
ni siquiera un pegujal o, lo que es lo mismo, para los miles de familias de jornalero.
Nota
del autor: Conviene
detenerse aquí para analizar la palabra “jornalero”, esa terrible palabra que se deriva de jornal: Estipendio que gana el
trabajador por cada día de trabajo .DRAE.
El problema reside en que no trabajaba todos los
días, que no tenía un contrato de trabajo, con lo que quedaba al arbitrio del
que le contrataba, lo cual daba lugar a abusos y a cacicadas de todo tipo. No es necesario haber
leído “El niño yuntero” de Miguel Hernández para
comprender lo que escribo, porque muchos de los que esto lean recordaran a
niños ayudando a trillar, o recogiendo mazorcas; y a las niñas de 8 o 10 años yendo a la
fuente, en ocasiones muy lejana, y volver con un caldero de agua con 20 litros
- 20 kilogramos- sobre su cabecita. Y también recordarán criaditas de 12 o 13
años, e incluso de 10.
En la ciudad donde nací hay un periódico que todos los días publica una
columna con efemérides. Hace 3 años las efemérides era un
facsímil de un artículo, que habían publicado 125 años atrás, en el que
recomendaban a los padres que diesen a sus hijos trabajos proporcionados a sus
fuerzas.
¿Querían menos a sus hijos los padres de entonces que los de ahora?
Opino que no, pero la sociedad española era en gran parte rural, con lo que tal
palabra implica .Y los padres necesitaban del trabajo de sus hijos para poder
subsistir.
¿Cómo
se ha llegado a conseguir la protección de que ahora disfrutan los niños? No ha
sido ni con la Caridad ni con la Beneficencia, sino con leyes y con cultura.
Con leyes para mejorar la condición económica de los trabajadores, para que
pasaran de jornaleros a obreros, y con educación para sus hijos para que estos
alcanzaran mejor condición que sus padres. El PSOE ,
que lleva la O de obrero en su
nombre, y cuyos afiliados lo eran también de UGT, y viceversa, fue en la 2ª
República el partido que impulsó leyes sociales y que construyó escuelas para
conseguirlo.
Hoy,
consecuencia de la mayoría absoluta que algunos españoles dieron al PP el 20 N de 2011, y de la primera ley promulgada en dicha
legislatura, firmada por Fátima Báñez, millones de empleados han vuelto a
convertirse en jornaleros, pues no otra cosa que jornalero es el que trabaja
unas horas a la semana, y cuyo contrato tiene una duración que no pasa de unos
pocos meses en el mejor de los casos.
Luego,
otros españoles, éstos sedicentes de izquierdas, con sus rayas rojas y sus
abstenciones han logrado que Rajoy lleve gobernando otros 2 años.
Juan Benet calificó a la sociedad
española durante el franquismo con la frase: “Un pueblo cobarde, egoísta y soez prefiere siempre la
represión a la incertidumbre (2)”
¿Qué
diría, de vivir ahora, Juan Benet, de quienes por acción y/u omisión, están
permitiendo que cuarenta y dos años después gobierne España un partido heredero
directo del franquismo, y que está corrompido hasta el tuétano?
Si en 1910 las demandas del PSOE correspondían
a la creciente proletarización de las clases humildes, consecuencia no deseada
de una incipiente industrialización del país, en 1931 eran una necesidad vital,
porque se había acrecentado la miseria como consecuencia de la conjunción de la
finalización en 1919 de la 1ª Guerra Mundial con la Gran Depresión de 1929.
Durante la 1ª Guerra la
neutralidad de España favoreció las exportaciones a los contendientes.
Vendíamos carbón a Francia y Bélgica porque sus minas estaban en zonas de
batalla, o porque sus hombres estaban dedicados a la guerra, caso de Alemania y
Gran Bretaña. Vendíamos aceros de Asturias y Vizcaya a todos los países en
guerra; vendíamos armas del país vasco; las mulas y los caballos atravesaban las
mugas navarras para surtir al ejército francés; Galicia vendía conservas de
pescado para los soldados de todos los ejércitos en liza; vendíamos alimentos
de Levante y de Andalucía.
Al terminar la guerra esas
exportaciones se acabaron. El carbón se acumulaba en bocamina. Las acerías de
Asturias y Vizcaya trabajaban a medio gas; en el país vasco solo se producían
ya escopetas de caza; en Navarra los caballos se vendían para carne y las mulas
a los yunteros; las conserveras gallegas disminuyeron su producción. Unida a lo
terminación de la guerra, la Gran Depresión dio el golpe de gracia a la
economía española.
Un ejemplo de lo anterior es la
situación en que quedó Gandía en 1919; era esa ciudad durante la 1ª Guerra uno
de los mayores proveedores de Gran Bretaña de verduras frescas y de naranjas,
productos que se cargaban en barcos próximos al desguace - se buscaban así para
que si eran hundidos por los submarinos alemanes las pérdidas fueran menores-,
pero que si lograban llegar a las costas británicas hacían rico al armador ya
que los precios de venta multiplicaban por 4 o 5 veces el valor conjunto de
mercancía y barco.
A la terminación de la guerra
muchas familias de Gandía emigraron a Barcelona porque Gran Bretaña puso un
fuerte arancel a las naranjas y a los productos hortofrutícolas españoles para proteger
los productos importados de su lejano imperio, lo que arruinó a dicha
población.
Largo Caballero, llegó a su
ministerio con un proyecto: que los obreros tuvieran participación en la
gestión de la empresa. De esta forma, al conocer la verdadera situación de la
misma, se evitarían engaños y huelgas. En esto se adelantó en 40 años a la
legislación alemana, que obliga a que en los Consejos de Administración, o de
Vigilancia según los casos, haya una representación de los trabajadores. Eso en
España es aún impensable.
Como Secretario General de UGT -
lo cual fue durante muchos años - , Largo Caballero conocía que las huelgas
acababan perjudicando a los obreros, y más entonces que no existía legislación
que les protegiera.
A este respecto hay que señalar
que éste socialista era ministro en un gobierno cuyo presidente del Consejo,
Manual Azaña, lo era también de Acción Republicana, un pequeño partido burgués
republicano que, por burgués, no sería proclive a la presencia de trabajadores
en los puestos de gestión, por lo que es bastante posible que Azaña retrasara
la presentación a debate del proyecto de Largo Caballero. Son muy
significativas, a este respecto, dos anotaciones que Azaña hace un su diario
que parecen confirmar tal presunción:
“Después hablamos (Azaña y el Presidente de la
República) del proyecto de intervención obrera en las industrias, que está
pendiente de aprobación en las Cortes hace más de un año. Y por el que me ha preguntado
Largo Caballero. Al ministro le he dicho que lo llevaremos al Consejo de
ministros, para examinar las enmiendas presentadas, pero la discusión y
aprobación de este proyecto sería hoy importunísimo; <<Esperemos- le dije
a Largo – por lo menos hasta el final de esta etapa parlamentaria>>. El
ministro se conformó, pero añadiendo que a
su parecer no debería dejarse ya para más tarde.
De este asunto hablé, pues, con
el Presidente, haciéndole saber mis prevenciones sobre la oportunidad de esa
ley. El Presidente me dijo que era partidario teóricamente de la intervención,
que no le asustaba, como no le asustaba casi nada en el orden de la reforma
social. (3)”.
Y más adelante vuelve a
insistir, Azaña, sobre su aversión al proyecto de Largo Caballero:
“Viñuales (ministro de
Hacienda) habló de la situación de la economía, y de no perturbarla ni
desalentarla por efecto de la política social. Con este motivo intervino Largo,
y hubo un pequeña discusión entre ambos, muy amistosa y considerada (4)”
No consiguió Largo Caballero
ver promulgado su proyecto estrella. Pero la situación económica de España en
el primer año de su mandato no era muy favorable a sus deseos: A la proclamación de la
República no solo huyó Alfonso XIII, huyeron de consuno las clases pudientes,
que.se llevaron consigo todo lo que pudieron; las clases acomodadas, al igual
que los menestrales, como no podían huir sacaron sus ahorros de bancos y Cajas,
y los guardaron en el colchón. Esta anotación de Azaña en su diario deja a las
claras la situación:
“De un expediente
voluminoso que trae Carner (ministro de Hacienda), en averiguación de los
bienes que tenía familia real, resulta que el joven Manolito García Miranda,
cónsul de España en París en abril de 1931, legitimó la firma del rey en un
poder otorgado en París, y gracias al cual pudo retirar de España fuerte sumas
(5)”
Éste era el
patriotismo del que fuera Jefe del Estado, y el de las clases pudientes.
Pero no pudieron
llevarse consigo los latifundios, y por eso el Estado intentó resarcirse de los
capitales evadidos. La siguiente anotación en los citados Diarios aclara como:
“Se desestima una instancia del Conde
de Romanones, pidiendo que se le exceptúe de la expropiación de fincas
decretada contra los grandes de España (6)”.
Sí consiguió, Largo Caballero, sin embargo, mejoras en la legislación del
trabajo, como reducir la duración máxima del trabajo en las minas a 7 horas
diarias.
A.2.3.2. Las
Cajas de Ahorro
En el año 1933
empiezan a retornar parte de los capitales evadidos porque las leyes que está
promulgando y estudiando la República son leyes que no afectan directamente al
bolsillo de las clases pudientes. Son leyes como la de la reforma de Ejército,
o como las que inician las inversiones del ministerio de O.P., que cualquier
partido burgués firmaría.
Por ello Azaña
hace esta anotación en su diario:
“Hablamos del
empréstito, que habrá de hacerse en abril. Probablemente con un medio por
ciento menos de interés que en el anterior. Me decido por abaratar un poco el
dinero, reduciendo el tipo de los descuentos, para entonar la Bolsa y facilitar
la aportación de capitales a la industria. Los bancos están ahora mejor que
nunca, desde que vino la República. Han recuperado el 80 por 100 de las
existencias que les retiraron en 1931.
Para concertar la baja
del interés de las imposiciones tengo que poner de acuerdo a los bancos y a las
cajas de ahorro. Como los bancos dependen del ministerio de Trabajo, he llamado
a Largo Caballero y le he dicho que mañana mismo inicie las conversaciones para
obtener su conformidad. (7)”
Largo Caballero
cumplió a la perfección su cometido. Las cajas de ahorro eran el sector
financiero público, y tenían la misma importancia que el sector financiero
privado que eran los bancos y las aseguradoras. Ochenta años después el PP
logró destruirlas.
Continuará en la próxima entrega.
Alfredo Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1)
Manuel Rivas. La España
exagerada.
EPS 07/02/2016
(2)
Juan Benet. Volverás a Región
(3)
Manuel Azaña. Los cuadernos robados.28/01/1933
(4)
Manuel Azaña. Los cuadernos robados.13/06/1933
(5)
Manuel Azaña. Los cuadernos robados.13/01/1933
(6)
Manuel Azaña. Los cuadernos robados.10/03/1933
(7)
Manuel Azaña. Los cuadernos robados. 23/03/1933
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