BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
5ª ENTREGA
A. 1 En la democracia republicana. (Continuación)
A.2.4. La
“Cuestión catalana” y el nacionalismo vasco
En 1932 el
gobierno que presidía Azaña abordó el problema de relación entre el Estado
español y Cataluña, que llevaba arrastrándose más de dos siglos, y que 80 años
más tarde seguimos los españoles sin querer resolver.
Igualmente las
doctrinas de Sabino Arana habían creado un partido de ideología nacionalista y
católica- su lema “Dios y Leyes Viejas” es suficiente claro al respecto-, el
PNV, que tenía veleidades de independizarse del Estado español, lo que hacía
necesario el estudio, el debate, y la aprobación en el Congreso, de un Estatuto
que fuera fruto de un acuerdo entre los electos de Euskadi y los electos del
resto de España, para mantener a Euskadi en el Estado español.
Nota
del autor: Conscientemente
utilizo el término “Estado español”, en lugar de emplear retóricamente el
término “España”, como hacen los nacionalistas españolistas, porque tanto los
catalanes como los vascos, me refiero naturalmente a los que piden la
independencia, lo que quieren es tener otra leyes y normas distintas de las que
nos hemos dado el resto de los españoles. Ni los catalanes ni los vascos, por
mucho que lo deseasen podrían separarse de España, como tampoco Escocia de Gran
Bretaña, solo un cataclismo geológico lo lograría.
El empleo de
la retórica en estos asuntos, al igual que el sueño de la razón, produce monstruos, sean éstos goyescos o no.
Las razones de
las exigencias de los dos nacionalismos, y de los supuestos agravios que sus
regiones han recibido, difieren totalmente. Pero sería imposible explicarlos
sin utilizar una herramienta, la Historia, que aunque embotada por los años de
manipulación que de la misma hizo el franquismo, en aras de la exaltación de su
nacionalismo españolista, servirá para que los lectores tengan las bases del
conocimiento necesario para formar su opinión sobre estas, nunca mejor dicho,
cuestiones.
A.2.4.1 La
Historia y el “victimismo catalán”
En la edad media
los reinos eran “propiedad” del rey; por eso, porque eran de su propiedad, los podían
dejar en herencia a sus hijos, e incluso partirlos. Y así Fernando I, rey de
León y conde de Castilla, repartió sus bienes, sin pensar para nada en la
unidad de una España que aún tardaría siglos en aparecer con ese nombre, entre
sus tres hijos y sus dos hijas:
A Alfonso le dio
el Reino de León; para Sancho creó el Reino de Castilla a partir del condado
del mismo nombre; a García le dio el Reino de Galicia; a doña Urraca la ciudad
de Zamora; y a doña Elvira la ciudad de
Toro.
Estos hermanos guerrearon
entre sí, y Sancho II, rey de Castilla, fue muerto en el cerco de Zamora. Se
acusó de la muerte a su hermano Alfonso, rey de León, y eso es lo que recoge el
conocido romance:
Que
te maten rey Alfonso
Manos
torpes de villanos
A.2.4.1.1 El Monopolio del Comercio con las Indias
Aunque en la
dictadura franquista se nos engañó con el “tanto monta” lo cierto es que Isabel
era reina de Castilla y Fernando era rey de Aragón. Y que ambos reinos tenían
sus cortes, sus leyes, y sus impuestos o pechos.
Por eso la
empresa de apoyar a Colón en su búsqueda de una ruta más corta a la India
-lugar donde existían productos como las especias, por las que se pagaba más que
su peso en oro- , pudo ser una empresa en solitario de la Corona de Castilla; y
ello es la realidad histórica, sea cierto o no lo de que Isabel I de Castilla
empeñó sus joyas para pagar el primer viaje.
Colón en su viaje
se topó con unas tierras que creyó que pertenecían al subcontinente asiático, a
la India. Hasta que Vasco Núñez de Balboa se “topó” con el mar que bautizó como
Mar del Sur el 25 de setiembre de 1513, Europa no supo que existía otro enorme
continente entre ella y la India. De la existencia de dicho continente no llegó
a tener conocimiento Cristóbal Colón porque había fallecido siete años antes.
Así que, a pesar
de martirizarnos en el franquismo con canciones como “De Isabel y Fernando”, y el
“tanto monta”, la realidad había sido muy otra, y el Reino de Castilla fue
quien monopolizó los bienes de las nuevas tierras a las que llegó Colón.
La “prueba del algodón” es esta: Tan solo 11 años después
de que Colón llegara a Guanahaní, por sendos decretos de Isabel I, el del 10 de enero y el del 14 de
febrero de 1503, se crea la Real Casa de Contratación de Indias, y se fija su sede en
Sevilla, una ciudad castellana, es decir del Reino de Castilla. Y esa ciudad se
ve agraciada con el monopolio de puerto de partida y de llegada de todos los
barcos que navegasen entre el Nuevo Mundo y España, con lo que monopolizó toda
la actividad mercantil. Para ello se estableció un asiento (Tratado o ajuste de
paces. DRAE) con otros reinos del Imperio Español, particularmente con los
reinos de la Corona de Aragón, muy molestos por el monopolio económico que se
concedía a Castilla.
Sevilla tuvo el monopolio del comercio de
Indias hasta el año 1680, durante 177 años, fecha en la que a Cádiz le fue
conferido el monopolio de la Carrera de Indias, es decir el monopolio de
comerciar con América.
Si bien ciudades del Reino de Aragón como
Barcelona, Mallorca, y Valencia, se sintieron discriminadas por haber concedido
Isabel I el monopolio a Sevilla, la sangre no llegó al río porque mantenían un
fructífero e intenso comercio con los reinos que Fernando “El Católico” poseía
en Italia: Nápoles y Sicilia.
Nota del autor: Ahora parece que se ha puesto de moda negar que
Isabel “La Católica” hubiese empeñado sus joyas para poder pagar los viajes de
Colón, y así, Consuelo Varela (1), escribe
en una página web de título Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:
“La historiografía tradicional ha
sostenido que la reina fue el principal apoyo con el que contó Colón para poder
realizar su proyecto descubridor. Fue el propio Hernando Colón quien en ‘La Historia del Almirante’, la biografía que hizo de su padre,
lanzó la pintoresca historia en la que aparece la reina católica ofreciendo
empeñar sus joyas para financiar el viaje colombino. Una imagen sin duda muy
bella que recogió gustoso fray Bartolomé de Las Casas -siempre ávido de adornar
con bonitas anécdotas las noticias sobre la vida de Colón- en su “Historia General de las Indias”.
Me extrañó que se refutase sin apoyo
alguno documental, y sin ningún argumento, una noticia escrita del propio hijo de
Colón, que consta en el citado documento.
Pero más me extrañó el ataque
solapado al Obispo de Chiapas, que no viene a cuento.
Siempre en estos casos acudo al
antiquísimo dicho Cui prodest?, ¿a quién aprovecha? En otras palabras: “¿qué
hay detrás?”
Y opino que lo que hay es un
“lavado de imagen” de Isabel I de Castilla. El nacionalcatolicismo español
lleva años intentando la beatificación de la reina católica, y desean quitar de
su imagen las adherencias de sus tratos con los banqueros judíos, que fueron
los que hicieron un empréstito con prenda sobre las joyas.
De paso, si pueden dar una patada
en el culo a fray Bartolomé, al que los
nacionalistas españolistas le consideran el creador de la “leyenda negra”,
mejor que mejor. Sin embargo el ensayo “Las venas abiertas de América Latina”
de Eduardo Galeano prueba documentalmente que lo narrado hace cinco siglos por
el Obispo de Chiapas fue solo la punta del iceberg de la crueldad de los
españoles con los indios.
Pero nadie debe rasgarse las
vestiduras por ello, y tildar de mal español al que reconoce nuestra crueldad, sin
pensar cual era el entorno de las guerras en esos siglos. Por ejemplo en los 30
años que duró la guerra entre la Casa de Lancaster y la de York, la llamada
guerra de las dos rosas, los prisioneros que tomaba un bando pasaban a ser
esclavos de sus partidarios; y si un bando conquistaba un pueblo del otro
bando, los que no morían se convertían en esclavos que podían ser vendidos a otros países, en lo que si fuera ahora
llamaríamos víctimas civiles.
Por tanto los españoles no
hicimos con los indios más que lo que se venía haciendo en toda Europa en las
guerras entre nosotros.
El empeño en desacreditar a
Hernando Colón y al obispo de Chiapas, por el asunto de las joyas, está fuera
de toda lógica. Fray Bartolomé empieza a escribir la “Historia General de las
Indias” en 1527 en La Española, isla en la que vivía desde 1502, y de la que el
hijo mayor de Colón, Diego Colón, fue Gobernador General del Virreinato de
Indias desde 1509 a 1523. En ese largo tiempo Fray Bartolomé, como es natural, recabaría
de Diego Colón cuantos documentos o recuerdos referentes a su padre le
sirvieran para empezar la citada historia desde las Capitulaciones de Santa Fe.
Debe tenerse presente que Diego
Colón acompañó a su padre siendo niño en su peregrinación por las Cortes de
Portugal y de España para buscar apoyos para su viaje, y por tanto estaba perfectamente
enterado de cómo se pagó el viaje desde Palos a Gunahaní.
Con tantos testimonios
coincidentes sobre la verosimilitud del empeño de las joyas, la refutación sin
argumentos ni documentos es pura futilidad.
Por otra parte está documentada
la relación de Isabel de Castilla con dos judíos que tuvo como banqueros
durante muchos años: Abraham
Senneor e Isaac Abravanel.
Estos fueron banqueros de la reina desde 1473
hasta 1492 en el caso de Senneor –ya era banquero de la Corona de Castilla
desde 1460- , y Abravanel desde 1483 a 1492.
Luego Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón firmaron
conjuntamente el Edicto de Granada el 31 de marzo de 1492, por el que se
expulsaba a los judíos del Reino de Castilla.
El romance lo recuerda:
Ea, judíos, a enfardelar
Que mandan los
reyes que passeys la mar
A.2.4.1.2 La Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrech
Al fallecer Fernando II de Aragón, último rey de la casa de Trastámara, pasa
a ser “propietaria” de los reinos españoles la Casa de Habsburgo, que muchos
historiadores llaman Casa de Austria quizás para atenuar su fuerte nombre
extranjero. El primer rey fue Carlos I, que no menoscabó las libertades del
Reino de Aragón, más ocupado de sus guerras en Europa que de los reinos
españoles.
Nota
del autor: Con el
fallecimiento de Fernando II muere el último rey de sangre totalmente española.
Los sucesivos reyes de los reinos españoles fueron “oriundos”, ese término tan
empleado hace años para designar a los futbolistas hijos o nietos de algún
español o española.
Con Felipe II y el absolutismo, aunque se acentuó
mucho la centralización del poder al instaurar la Corte definitiva en Madrid,
siguieron existiendo los reinos de Castilla y de Aragón con sus instituciones,
como en tiempos de Isabel I y Fernando II. Si cupiera alguna duda sobre lo
anterior el episodio del Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza, la
desecharía.
Nota del autor: La Corte fue durante siglos itinerante. Incluso con Felipe II lo fue,
excepto un periodo de tiempo de 5 años en el que la fijó en Valladolid.
¿Qué razones
tuvo Felipe II para instalar en la villa de Madrid su Corte? Una, sobradamente
conocida y documentada, fue el pago a la Corona de una fuerte suma de dinero
ofrecida por el Cabildo de la Villa.
Otra, mucho
menos conocida es una razón sentimental, que quizás justifica su decisión de traslado de la Corte a Madrid.
A unas 7
leguas de Valladolid (35 kilómetros), siguiendo el Duero aguas arriba, hay una
gran finca que hace años visité, y en la misma las ruinas calcinadas de una
casa solariega. Esas ruinas fueron la morada de la amante de Felipe II durante
los cinco años que la Corte estuvo en Valladolid. Parece ser que los cortesanos
y los clérigos, celosos de la influencia de la dama sobre el Rey, e incapaces
de apartarle de ella, empezaron a excitar contra la misma al populacho de los
pueblos de alrededor, hasta que una noche gentes venidas de Valladolid incitaron
a los campesinos a rodear la casa, y prenderle fuego con la dama y su
servidumbre dentro de ella. Todos murieron.
Es de suponer que Felipe II abandonaría
horrorizado la ciudad del Pisuerga; en cualquier caso nunca jamás volvió a
Valladolid.
La “Casa
Quemada” está cerca de Quintanilla, ese pueblo al que le gustaba a Aznar ir a
jugar al dominó, quizás porque el pueblo tiene un apellido que le dio el
franquismo: “de Onésimo”, por el nombre del fundador de las Juntas de Ofensiva
Nacional Sindicalista (JONS), un partido fascista que imitó a las
“Sturmabteilung” del nazismo. A alguien tan aguerrido como Aznar, que se
presentó con el uniforme de Falange y las trinchas en su colegio, le debía
entusiasmar respirar el aire del pueblo del fascista.
Continuará en la próxima entrega.
Alfredo Sancho Cavo
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Consuelo Varela. Isabel la Católica y Cristóbal Colón
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