viernes, 24 de marzo de 2017

BLOG RADIOGRAFIA DEL PSOE
5ª ENTREGA

A. 1 En la democracia republicana. (Continuación)

A.2.4. La “Cuestión catalana” y el nacionalismo vasco
En 1932 el gobierno que presidía Azaña abordó el problema de relación entre el Estado español y Cataluña, que llevaba arrastrándose más de dos siglos, y que 80 años más tarde seguimos los españoles sin querer resolver.

Igualmente las doctrinas de Sabino Arana habían creado un partido de ideología nacionalista y católica- su lema “Dios y Leyes Viejas” es suficiente claro al respecto-, el PNV, que tenía veleidades de independizarse del Estado español, lo que hacía necesario el estudio, el debate, y la aprobación en el Congreso, de un Estatuto que fuera fruto de un acuerdo entre los electos de Euskadi y los electos del resto de España, para mantener a Euskadi en el Estado español.

Nota del autor: Conscientemente utilizo el término “Estado español”, en lugar de emplear retóricamente el término “España”, como hacen los nacionalistas españolistas, porque tanto los catalanes como los vascos, me refiero naturalmente a los que piden la independencia, lo que quieren es tener otra leyes y normas distintas de las que nos hemos dado el resto de los españoles. Ni los catalanes ni los vascos, por mucho que lo deseasen podrían separarse de España, como tampoco Escocia de Gran Bretaña, solo un cataclismo geológico lo lograría.
El empleo de la retórica en estos asuntos, al igual que el sueño de la razón,  produce monstruos, sean éstos goyescos o no.

Las razones de las exigencias de los dos nacionalismos, y de los supuestos agravios que sus regiones han recibido, difieren totalmente. Pero sería imposible explicarlos sin utilizar una herramienta, la Historia, que aunque embotada por los años de manipulación que de la misma hizo el franquismo, en aras de la exaltación de su nacionalismo españolista, servirá para que los lectores tengan las bases del conocimiento necesario para formar su opinión sobre estas, nunca mejor dicho, cuestiones.

A.2.4.1 La Historia y el “victimismo catalán”
En la edad media los reinos eran “propiedad” del rey; por eso, porque eran de su propiedad, los podían dejar en herencia a sus hijos, e incluso partirlos. Y así Fernando I, rey de León y conde de Castilla, repartió sus bienes, sin pensar para nada en la unidad de una España que aún tardaría siglos en aparecer con ese nombre, entre sus tres hijos y sus dos hijas:
A Alfonso le dio el Reino de León; para Sancho creó el Reino de Castilla a partir del condado del mismo nombre; a García le dio el Reino de Galicia; a doña Urraca la ciudad de Zamora; y  a doña Elvira la ciudad de Toro.
Estos hermanos guerrearon entre sí, y Sancho II, rey de Castilla, fue muerto en el cerco de Zamora. Se acusó de la muerte a su hermano Alfonso, rey de León, y eso es lo que recoge el conocido romance:

Que te maten rey Alfonso
Manos torpes de villanos


A.2.4.1.1 El Monopolio del Comercio con las Indias

Aunque en la dictadura franquista se nos engañó con el “tanto monta” lo cierto es que Isabel era reina de Castilla y Fernando era rey de Aragón. Y que ambos reinos tenían sus cortes, sus leyes, y sus impuestos o pechos.
Por eso la empresa de apoyar a Colón en su búsqueda de una ruta más corta a la India -lugar donde existían productos como las especias, por las que se pagaba más que su peso en oro- , pudo ser una empresa en solitario de la Corona de Castilla; y ello es la realidad histórica, sea cierto o no lo de que Isabel I de Castilla empeñó sus joyas para pagar el primer viaje.
Colón en su viaje se topó con unas tierras que creyó que pertenecían al subcontinente asiático, a la India. Hasta que Vasco Núñez de Balboa se “topó” con el mar que bautizó como Mar del Sur el 25 de setiembre de 1513, Europa no supo que existía otro enorme continente entre ella y la India. De la existencia de dicho continente no llegó a tener conocimiento Cristóbal Colón porque había fallecido siete años antes.

Así que, a pesar de martirizarnos en el franquismo con canciones como “De Isabel y Fernando”, y el “tanto monta”, la realidad había sido muy otra, y el Reino de Castilla fue quien monopolizó los bienes de las nuevas tierras a las que llegó Colón.
La “prueba del algodón” es esta: Tan solo 11 años después de que Colón llegara a Guanahaní, por sendos decretos de Isabel I, el del 10 de enero y el del 14 de febrero de 1503, se crea la Real Casa de Contratación de Indias, y se fija su sede en Sevilla, una ciudad castellana, es decir del Reino de Castilla. Y esa ciudad se ve agraciada con el monopolio de puerto de partida y de llegada de todos los barcos que navegasen entre el Nuevo Mundo y España, con lo que monopolizó toda la actividad mercantil. Para ello se estableció un asiento (Tratado o ajuste de paces. DRAE) con otros reinos del Imperio Español, particularmente con los reinos de la Corona de Aragón, muy molestos por el monopolio económico que se concedía a Castilla.
Sevilla tuvo el monopolio del comercio de Indias hasta el año 1680, durante 177 años, fecha en la que a Cádiz le fue conferido el monopolio de la Carrera de Indias, es decir el monopolio de comerciar con América.
Si bien ciudades del Reino de Aragón como Barcelona, Mallorca, y Valencia, se sintieron discriminadas por haber concedido Isabel I el monopolio a Sevilla, la sangre no llegó al río porque mantenían un fructífero e intenso comercio con los reinos que Fernando “El Católico” poseía en Italia: Nápoles y Sicilia.

Nota del autor: Ahora parece que se ha puesto de moda negar que Isabel “La Católica” hubiese empeñado sus joyas para poder pagar los viajes de Colón, y así, Consuelo Varela (1), escribe  en una página web de título Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:
La historiografía tradicional ha sostenido que la reina fue el principal apoyo con el que contó Colón para poder realizar su proyecto descubridor. Fue el propio Hernando Colón quien en ‘La Historia del Almirante’, la biografía que hizo de su padre, lanzó la pintoresca historia en la que aparece la reina católica ofreciendo empeñar sus joyas para financiar el viaje colombino. Una imagen sin duda muy bella que recogió gustoso fray Bartolomé de Las Casas -siempre ávido de adornar con bonitas anécdotas las noticias sobre la vida de Colón- en su “Historia General de las Indias”.

Me extrañó que se refutase sin apoyo alguno documental, y sin ningún argumento, una noticia escrita del propio hijo de Colón, que consta en el citado documento.
Pero más me extrañó el ataque solapado al Obispo de Chiapas, que no viene a cuento.
Siempre en estos casos acudo al antiquísimo dicho Cui prodest?, ¿a quién aprovecha? En otras palabras: “¿qué hay detrás?”

Y opino que lo que hay es un “lavado de imagen” de Isabel I de Castilla. El nacionalcatolicismo español lleva años intentando la beatificación de la reina católica, y desean quitar de su imagen las adherencias de sus tratos con los banqueros judíos, que fueron los que hicieron un empréstito con prenda sobre las joyas.
De paso, si pueden dar una patada en el culo a fray Bartolomé, al que  los nacionalistas españolistas le consideran el creador de la “leyenda negra”, mejor que mejor. Sin embargo el ensayo “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano prueba documentalmente que lo narrado hace cinco siglos por el Obispo de Chiapas fue solo la punta del iceberg de la crueldad de los españoles con los indios.

Pero nadie debe rasgarse las vestiduras por ello, y tildar de mal español al que reconoce nuestra crueldad, sin pensar cual era el entorno de las guerras en esos siglos. Por ejemplo en los 30 años que duró la guerra entre la Casa de Lancaster y la de York, la llamada guerra de las dos rosas, los prisioneros que tomaba un bando pasaban a ser esclavos de sus partidarios; y si un bando conquistaba un pueblo del otro bando, los que no morían se convertían en esclavos que podían ser vendidos  a otros países, en lo que si fuera ahora llamaríamos víctimas civiles.
Por tanto los españoles no hicimos con los indios más que lo que se venía haciendo en toda Europa en las guerras entre nosotros.

El empeño en desacreditar a Hernando Colón y al obispo de Chiapas, por el asunto de las joyas, está fuera de toda lógica. Fray Bartolomé empieza a escribir la “Historia General de las Indias” en 1527 en La Española, isla en la que vivía desde 1502, y de la que el hijo mayor de Colón, Diego Colón, fue Gobernador General del Virreinato de Indias desde 1509 a 1523. En ese largo tiempo Fray Bartolomé, como es natural, recabaría de Diego Colón cuantos documentos o recuerdos referentes a su padre le sirvieran para empezar la citada historia desde las Capitulaciones de Santa Fe.
Debe tenerse presente que Diego Colón acompañó a su padre siendo niño en su peregrinación por las Cortes de Portugal y de España para buscar apoyos para su viaje, y por tanto estaba perfectamente enterado de cómo se pagó el viaje desde Palos a Gunahaní.
Con tantos testimonios coincidentes sobre la verosimilitud del empeño de las joyas, la refutación sin argumentos ni documentos es pura futilidad.

Por otra parte está documentada la relación de Isabel de Castilla con dos judíos que tuvo como banqueros durante muchos años: Abraham Senneor e Isaac Abravanel.
Estos fueron banqueros de la reina desde 1473 hasta 1492 en el caso de Senneor –ya era banquero de la Corona de Castilla desde 1460- , y Abravanel desde 1483 a 1492.
Luego Isabel I de Castilla  y Fernando II de Aragón firmaron conjuntamente el Edicto de Granada el 31 de marzo de 1492, por el que se expulsaba a los judíos del Reino de Castilla.
El romance lo recuerda:
Ea, judíos, a enfardelar
Que mandan los reyes que passeys la mar

A.2.4.1.2 La Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrech

Al fallecer Fernando II de Aragón, último rey de la casa de Trastámara, pasa a ser “propietaria” de los reinos españoles la Casa de Habsburgo, que muchos historiadores llaman Casa de Austria quizás para atenuar su fuerte nombre extranjero. El primer rey fue Carlos I, que no menoscabó las libertades del Reino de Aragón, más ocupado de sus guerras en Europa que de los reinos españoles.

Nota del autor: Con el fallecimiento de Fernando II muere el último rey de sangre totalmente española. Los sucesivos reyes de los reinos españoles fueron “oriundos”, ese término tan empleado hace años para designar a los futbolistas hijos o nietos de algún español o española.

Con Felipe II y el absolutismo, aunque se acentuó mucho la centralización del poder al instaurar la Corte definitiva en Madrid, siguieron existiendo los reinos de Castilla y de Aragón con sus instituciones, como en tiempos de Isabel I y Fernando II. Si cupiera alguna duda sobre lo anterior el episodio del Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza, la desecharía.


Nota del autor: La Corte fue durante siglos itinerante. Incluso con Felipe II lo fue, excepto un periodo de tiempo de 5 años en el que la fijó en Valladolid.

¿Qué razones tuvo Felipe II para instalar en la villa de Madrid su Corte? Una, sobradamente conocida y documentada, fue el pago a la Corona de una fuerte suma de dinero ofrecida por  el Cabildo de la Villa.

Otra, mucho menos conocida es una razón sentimental, que quizás justifica  su decisión de traslado de la Corte a Madrid.
A unas 7 leguas de Valladolid (35 kilómetros), siguiendo el Duero aguas arriba, hay una gran finca que hace años visité, y en la misma las ruinas calcinadas de una casa solariega. Esas ruinas fueron la morada de la amante de Felipe II durante los cinco años que la Corte estuvo en Valladolid. Parece ser que los cortesanos y los clérigos, celosos de la influencia de la dama sobre el Rey, e incapaces de apartarle de ella, empezaron a excitar contra la misma al populacho de los pueblos de alrededor, hasta que una noche gentes venidas de Valladolid incitaron a los campesinos a rodear la casa, y prenderle fuego con la dama y su servidumbre dentro de ella. Todos murieron.

Es  de suponer que Felipe II abandonaría horrorizado la ciudad del Pisuerga; en cualquier caso nunca jamás volvió a Valladolid.

La “Casa Quemada” está cerca de Quintanilla, ese pueblo al que le gustaba a Aznar ir a jugar al dominó, quizás porque el pueblo tiene un apellido que le dio el franquismo: “de Onésimo”, por el nombre del fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), un partido fascista que imitó a las “Sturmabteilung” del nazismo. A alguien tan aguerrido como Aznar, que se presentó con el uniforme de Falange y las trinchas en su colegio, le debía entusiasmar respirar el aire del pueblo del fascista.

Continuará en la próxima entrega.

Alfredo Sancho Cavo
                                                                     

BIBLIOGRAFÍA:
(1)     Consuelo Varela. Isabel la Católica y Cristóbal Colón





  


  




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